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AKIL: “LUGAR DE LOS BEJUCOS”

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Por José Iván Borges Castillo

Por los viejos caminos del Sur se llega al pueblo de Akil, cuyos antiguos orígenes se encuentran en la densa bruma producida por siglos que nos anteceden. Calles bien trazadas, restos de casas de piedra, paja, tierra, y cemento, forman parte de la fisonomía que se descubre cuando se ingresa a su plaza principal, el corazón geográfico. Rocas y monumentos que hablan de la historia y de un pueblo vivo, que late a punta de esfuerzo y que tienen por meta la prosperidad.

Al parecer fue un asentamiento de familias mayas prehispánicas, el cual perduro al momento de la conquista española y se puso en encomienda para que sus tributos fueran dados a Francisco de Montejo “El Adelantado”, debido fertilidad y bondad de la tierra. Pero algo ocurrió, dado a los primeros planes de gobierno ya que se redujo su población, siendo refundado a comienzan del siglo XVII, según señala las fuentes históricas.

El mismo nombre de la localidad refiere su origen maya. Se ha dicho que esta denominación significa: “Lugar de los bejucos”. Sin embargo, el Diccionario de Motul, que data del mismo lapso de la conquista, señala: “Akil cualquier yerba o mata que se va encaramando y asiendo trepando”, lo que explica una descripción física del bejuco. Por su parte el maestro Santiago Pacheco Cruz asienta: “Su denominación la toma probablemente de una planta trepadora así llamada Akil, que debe abundar en el lugar.” El más antiguo mayista Juan Pío Pérez lo señala como bejucal, en tanto que el experto Alfredo Barrera Vázquez dirá lo mismo: “Ak es bejuco, cosa tierna húmeda o fresca, especialmente alimentos.”

Toda esa región estuvo dominada por el gran poder de los señores Xiu de Maní, el notable cacicazgo que tenía en sus dominios parte de la sierra, milpas y tierras de Akil. Cuando se dio la Conquista, y comenzó su consolidación en 1542, el pueblo quedó establecido como encomienda y aunque será efímera su población, quedará fijado en este asntamiento en el siglo XVII.

La llegada de la Orden Franciscana, aliada en la empresa hispana, puso los cimientos de la nueva religión y e hizo parte importante en la ejecución del poder civil. Con una cuerda y buen ojo, se trazan las calles con simetría, quedando Akil como uno de los pueblos coloniales más perfectos en su trazo, cual tablero de ajedrez, que fue el modelo implando por los conquistadores.

Se fundó como pueblo de doctrina administrada por el convento de San Francisco de Oxkutzcab, así lo señala para 1681 el cronista Fray Diego López de Cogolludo al exponer: “Santa Inés del pueblo de Akil”. Con el transcurso del tiempo la Orden seráfica será la encargada de levantar un templo para impartir los sacramentos. En tanto la iglesia con sus procesos de construcción evidencia el estilo franciscano cuyo escudo labrado en piedra se ubica sobre la ventada del coro, y adorna el frontispicio, cuyos arcos, que hacen las veces de campanario tienen un cierto aire mudéjar.

En la localidad se profesa una especial devoción a la patrona Santa Inés, quien porta una corona de oro en sus días de fiesta, que fue obsequio de sus fieles. Además, cuentan la leyenda que la santa fue resguarda en un pozo durante la persecución religiosa en 1916, salvándola de ser destruida por las tropas de Salvador Alvarado.

En el siglo XIX, que fue de cambios importantes en el aspecto político con la separación de Yucatán de España, la nueva administración, la Guerra de Castas, las epidemias y demás, fueron eventos paulatinos en el desarrollo de la comunidad. Los cultivos de henequén y la milpa tradicional serán siempre ejes de su economía, aunque los problemas sociales abren las páginas de su historia a inicios del siglo pasado.

Pese a esta situación, el 8 de abril de 1919 fue elevado a la categoría de Municipio Libre y Soberano, quedando desde entonces dotado de un Cabildo Municipal que compone su máximo poder local. El amplio palacio municipal fue construido en varias etapas, siendo que fue inaugurado en 1940.

La segunda mitad del siglo XX fue de grandes y notables avances en la modernidad, especialmente en la cabecera. En la actualidad

Akil está dotado de riquezas tanto en arquitectura como en bienes naturales y patrimoniales, que incluyen edificaciones coloniales y prehispánicas. De mencionar a las haciendas San Bernardo y San Anselmo.

Hijo de esta tierra fue el escritor comunitario José Reyes Catzín, autor de varios cuentos y escritos que se lograron publicar. Así mismo de aquí surge la raíz familiar del gran compositor yucateco Felipe de la Cruz Várguez Carrillo, cuyas letras han abonado en el Cancionero yucateco. También es la tierra natal del investigador Víctor Adalberto Navarrete Muñoz y del acucioso cronista Orlando Muñoz Canto. Igualmente, vio nacer a los valientes toreros de apellido Mendicuti; jaraneros como las hermanas Góngora Reyes; músicos de banda como la Conquistadora, Nueva Generación, la San Román. En el deporte el municipio brilla en el Sur de la Entidad con sus juegos, los cuales convoca a los aficionados y atletas de la región en una máxima demostración de talento.

Según el último censo de población y vivienda la localidad registró la cifra de 12,285 habitantes, siendo 50.3% mujeres y 49.7% hombres. El número de maya hablantes es alto. En la cuestión económica, continua con poca actividad agrícola, ya que la población se dedica a trabajar la citricultura y las fábricas instaladas ayudan en el desarrollo de este trabajo, el cual deja buenas ganancias a los habitantes.

Tiene dos fiestas tradicionales, la primera en enero dedicada a Santa Inés y la segunda en septiembre dedicada al Santo Cristo de San Román. La celebración se desarrolla entre la tradición que refuerza los lazos de identidad de los nacidos en esta tierra. Al recorrer sus calles viene a la memoria la letra de la jarana de Felipe de la Cruz que dice: “Akileña es la mujer que mi sueño volvió realidad, eres para mí lo mejor de la bello que tienen el Mayab…”

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