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ANÁLISIS A FONDO

  • Doña Chayito
  • Lo que una madre hace por su hijo
  • Rosario Ibarra, la eterna buscadora

Francisco Gómez Maza/Sol Yucatán

Apenas habíamos salido de Excelsior por un manotazo de Luis Echeverría Álvarez, y el grupo de reporteros en la diáspora pergeñaba la idea de la revista Proceso, que obviamente dirigiría Julio Scherer García, apareció en mi vida profesional una mujer que andaba buscando a su hijo desaparecido por las fuerzas de seguridad del estado: Doña Rosario Ibarra de Piedra.

Junto con mi querido condiscípulo, colega y amigo, José Reveles Morado, fuimos a un pequeño departamento de la colonia Roma de la Ciudad de México a conversar y entrevistar a Doña Rosario, una encantadora mujer pequeñita de cuerpo, pero grande, muy grande de espíritu, que traía en EL corazón y en las fibras más +intimas de su ser un gran dolor por la desaparición de su hijo: Jesús Piedra Ibarra.

Decidida a pasar los más horribles sufrimientos – ya no podían ser más horribles que la pérdida de su joven hijo-, Doña Rosario dejó la ciudad de Monterrey para enfrentarse a la frialdad de aquellos gobernantes que no se tocan el alma si de desaparecer opositores se trataba, ya fuera encarcelándolos, o echándolos vivos desde un helicóptero al mar, o haciendo que se pudrieran en cualquier mazmorra. La más conocida era la del Campo Militar Número uno.

A Jesús alguien lo vio en el Campo Militar No. 1, a donde se entraba por la fuerza de los esbirros del régimen priista, pero era sacarse el premio de la lotería si se llegaba a salir vivo. Esa información le inculcó a Doña Chayito más fuerza, más decisión, para profundizar la búsqueda de su hijo. Todo lo que una madre está dispuesta a hacer por su hijo, Rosario lo hizo.

La entrevista de Reveles y yo con Doña Rosario derivó en una nota que publicamos, destacada, en aquel espacio que nos dejó el sistema antidemocrático que vivíamos los mexicanos, cuando José López Portillo, único candidato, “ganó” las elecciones: la revista Proceso, ya convertida en voz de quienes no tenían voz.

Doña Rosario se convirtió en la primera buscadora de desaparecidos. Buscando a Jesús fundó el movimiento Éureka y confrontó al sistema, a los presidentes de la república desde López Portillo en adelante, hasta que sus fuerzas de mujer fuerte le alcanzaron.

Llegó inclusive a presentarse como candidata a la Presidencia de la República en aquellas elecciones antidemocráticas que despojaron del triunfo a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano,

Después de la búsqueda personal, Doña Rosario se convirtió en la primera buscadora de desaparecidos en México. Éureka fue el símbolo de muchas madres en busca de sus hijos, de sus hijas, de sus padres y madres, de sus familiares. Miles de desaparecidos que nunca regresaron vivos a su casa y que fueron y siguen siendo buscados por las buscadoras.

Pero llegó el momento en que Rosario Ibarra tuvo que dejar de buscar a Jesús en los cientos de desaparecidos que encontró en los cementerios clandestinos de México, una gran tumba de ejecutados, y enterrados vivos.

Dejó Éureka y todos los esfuerzos para cambiar el estado de cosas de esta sociedad enferma. Tenía que irse y no puedo llorar su muerte, sino celebrar la vida que me concedió darle la bienvenida a la ciudad de México. Dejó este mundo este sábado 16 de abril en su casa de la ciudad de Monterrey, Nuevo León, Nació el 24 de febrero de 1927.

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