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ASALTO A LA DEMOCRACIA

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  • No a las Pluris
  • Democracia Simulada
  • Los Juegos del Poder

Alejandro A. Ruz / El Sol de Yucatán

En una sociedad que valora la diversidad y la representación equitativa, las candidaturas plurinominales han emergido como un tema de controversia, suscitando dudas sobre la legitimidad de las prácticas democráticas bajo su sombra.

La aparente multiplicación de voces y la representación política diversa que ofrecen los sistemas plurinominales se revelan como meras fachadas que encubren la concentración real del poder.

Surge la pregunta crucial: ¿cómo impacta esto en la esencia misma de la democracia y cuál es el verdadero significado de la pluralidad cuando los juegos políticos distorsionan la voluntad del pueblo?

En medio de campañas electorales para la elección de cargos clave, nos enfrentamos a la manipulación de opiniones públicas, erosionando la transparencia democrática.

La persistencia de grupos enquistados en la administración, que han cooptado partidos políticos para mantener un control aparente sobre el gobierno, sugiere que las elecciones no generan cambios significativos ni fomentan una competencia real.

Estamos frente a una democracia limitada, si no simulada. La presencia de prácticas clientelares, el intercambio de favores políticos por apoyo electoral y la imposición de legisladores no elegidos por el pueblo refuerzan la percepción de que las elecciones carecen de libertad y justicia.

El Instituto Nacional Electoral, lejos de garantizar transparencia, se ve empañado por manipulación de información, financiamiento opaco de campañas y limitado acceso a datos cruciales, lo que lo hace más sospechoso.

Hoy estamos sumergidos en una democracia simulada, donde políticos, grupos e instituciones participan en lo que comúnmente se denomina «Juegos del Poder». Estrategias y tácticas se despliegan para obtener, mantener o ejercer influencia y control en situaciones políticas, sociales o económicas.

Las alianzas y coaliciones buscan ventajas mediante la negociación, persuasión, manipulación e incluso chantaje, desplazando las propuestas en favor de la denostación y la «guerra sucia».

Las candidaturas plurinominales, diseñadas para garantizar la representación proporcional en los órganos legislativos, han degenerado en herramientas partidistas que alimentan la impunidad y el favoritismo. A lo largo de los años, estas prácticas han minado la confianza en el sistema electoral democrático.

En México, las candidaturas plurinominales nacieron en 1977 con la reforma electoral, supuestamente para abrir el sistema político a la pluralidad y competencia.

Sin embargo, estas candidaturas permiten asignar escaños a candidatos seleccionados por el partido, no elegidos directamente por el pueblo. Esto ha resultado en prácticas clientelistas y falta de transparencia en la asignación, evidenciando favoritismos y nepotismo.

Los candidatos plurinominales, al carecer de elección directa por la ciudadanía, no sienten la misma responsabilidad de rendir cuentas. Esta falta de conexión con las preocupaciones de la base electoral puede traducirse en políticos poco comprometidos con la representación efectiva de los intereses de la población.

Hoy la percepción general de la sociedad es que las candidaturas plurinominales son utilizadas para acomodar a figuras políticas sin tener en cuenta la voluntad popular.

Y para muestra muchos botones, pero del estado solo mencionaremos a los tres primeros por partido.

Por Nueva Alianza tenemos a Raúl Ernesto Sosa Alonzo, Eliany Guadalupe Montero Uc y Víctor Alfonso Sosa Ruiz.

Por Morena están Shirley Edith Castillo Sánchez, Raúl Paz Alonzo y Alejandrino León Torres.

Por Movimiento Ciudadano encabezan la lista Javier Renán Osante Solís, Larissa Acosta Escalante y Concepción Guadalupe Cadena Ancona.

PVEM: Harry Gerardo Rodríguez Botello Fierro, María Patricia Aguiar Coronado y Jorge Armando García.

PT: Francisco Rosas Villavicencio, Geniré del Carmen López Carrillo y Armando Jair Chiquini Barahona.

PRD: Ernesto Gabriel May López, Ofelia Esther Morales Ordaz y Reina Cristina Dzul Maas.

PRI: Gaspar Armando Quintal Parra, María Teresa Moisés Escalante y William Román Pérez Cabrera.

Y por el PAN van Roger José Torres Peniche, Zhazil Leonor Méndez Hernández y Marco Antonio Pasos Tec.

Urge revisar y replantear este sistema que, lejos de fomentar la diversidad y la representación equitativa, parece alimentar una simulación de democracia que socava la confianza de la sociedad en sus instituciones.

Asalto a la Democracia

Además, en esta campaña, como casi todas las del pasado, se hace uso de la «guerra sucia electoral», que abarca una serie de prácticas deshonestas y nada éticas, estrategias diseñadas para desacreditar a los oponentes y manipular a la opinión pública, por lo que representan una amenaza latente para la integridad del proceso democrático.

La difamación, los ataques personales, la propaganda engañosa, que distorsiona la verdad y utiliza tácticas publicitarias para sembrar miedo y desconfianza; la difusión de noticias falsas y la manipulación de información son los métodos utilizados.

Estos métodos, en conjunto, socavan la esencia misma de la democracia, erosionando la confianza en el sistema político y debilitando la legitimidad de las elecciones.

Las consecuencias de la guerra sucia electoral son nefastas. La desconfianza en el sistema político se propaga como un veneno, y genera dudas sobre los resultados electorales. La polarización se intensifica, alimentando las divisiones preexistentes en la sociedad al fomentar la hostilidad entre diferentes grupos de votantes.

Hoy presenciamos una democracia totalmente empobrecida.

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