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BAJAR LOS MILES DE HOMICIDIOS; RETO DE PRÓXIMA PRESIDENTA

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Por Noé Zavaleta

Llegue Claudia Sheinbaum Pardo o Xóchitl Gálvez Ruiz a ganar los comicios del próximo 2 de junio del 2024, deberán tener claro que una de sus prioridades nacionales; por encima de obras rimbombantes, por encima de la creación de programas sociales, o de la continuidad gubernamental o de cambiar radicalmente la forma de gobernar, será detener el baño de sangre que ha ocasionado el crimen organizado en el norte, centro, occidente, oriente y sur del país.

Del lado de los asesores de Sheinbaum y del equipo cercano de Xóchitl Gálvez tienen claro que hay una severa crisis de seguridad en Guanajuato, pero también un baño de sangre en Zacatecas, una ola de desapariciones en Jalisco, masacres con cuerpos desmembrados en Veracruz, asesinatos a sangre fría en Guerrero, pero también en Ciudad de México y en Quintana Roo.

Y que en estados aparentemente pacíficos como Yucatán o Colima, son entidades en donde el tráfico de drogas y la trata de personas ocurre constantemente.

Ha sido un sexenio muy violento. Ni Andrés Manuel López Obrador, ni su Gabinete de Seguridad, ni el Gabinete Legal y ampliado, mucho menos la clase política de oposición tienen como ocultarlo. No hay noticiero de televisión, agencia digital o periódico nacional o internacional que no dedique uno de sus segmentos diarios a la violencia y el flagelo que azota a nuestro país.

Ejecutados en Ciudad y Estado de México al salir de su domicilio, encajuelados en Jalisco, ajustes de cuentas en Guerrero, masacres en Zacatecas, balaceras en corredores turísticos de Quintana Roo, cobro de piso con sus respectivas golpizas en Guerrero. La anarquía por todo el país.

Se milite en la derecha, se simpatice con la izquierda, se éste ajeno a cualquier filia y fobia política, el baño de sangre en México ha abarcado desde Tijuana, Baja California hasta Chetumal, Quintana Roo.

El cierre del 2023 en materia de violencia es interesante. En lo que va del actual sexenio de la Cuarta Transformación han ocurrido en México 220 mil, 929 homicidios. A un ritmo de 3 mil, 621 homicidios por mes en el país. Más o un poco menos de 120 por día. Cifras que en cualquier sexenio, en cualquier país latino en vías de desarrollo, representan unas estadísticas de escándalo.

En México, al cierre del 2023 se han abierto más de 410 mil carpetas de investigación por narcomenudeo en nuestro país y cada día -en promedio- 55 personas son asesinadas con arma de fuego en alguno de los 32 estados del país. El infierno en nuestro país, sobre todo en estados como Tamaulipas, Guerrero, Michoacán, Veracruz, Quintana Roo, Zacatecas, Jalisco, Ciudad de México, Nayarit, Coahuila, por mencionar solo algunos estados.

Es tan evidente la anarquía que priva en decenas de municipios de México, que hace unos días, el Máximo Comandante de las Fuerzas Armadas, Andrés Manuel López Obrador salió a admitir -cómo acostumbra, en su conferencia mañanera- que, en lo que resta de su sexenio, «ya no hay tiempo, para resolver el tema de violencia».

Lo dijo con resignación, también con cinismo, con un poco de sorna y de plano con un poco de alivio, pues dijo, que corresponderá a su sucesor-sucesora, continuar con el proyecto de «transformación» y seguir atendiendo el baño de sangre que sacude desde hace tres sexenios a nuestro país, y qué hasta ahora, ningún mandatario, ni la Secretaría de Marína, ni de la Defensa Nacional han encontrado la varita mágica para resolverlo o al menos disminuirlo a índices decorosos.

Actualmente países como Estados Unidos, España, Canadá, Inglaterra mantienen sendas alertas de viaje, para sus connacionales, en aras de tomar precauciones extremas para viajar a nuestro país, en el peor de los casos, evitar a toda costa asistir a municipios secuestrados por la delincuencia organizada.

Mientras se teclean estás líneas, se reiteró, el contundente fracaso de la política de «abrazos, no balazos», desmembrados en la semana que recién concluyó en Tuxpan, al norte de Veracruz; ejecutados e incinerados más de diez personas en una zona marginal de Cancún. «Ajustes de cuentas», excusaron autoridades locales de jarochilandia y del caribe, ambos gobiernos emanados de Morena. Un completo «toque de queda» en el otrora turístico, Taxco, Guerrero y una completa anarquía en varias regiones de Chiapas.

En todos estos casos, la huella innegable del crimen organizado, dícese del Cártel de Sinaloa, Cártel de Jalisco Nueva Generación, Cártel del Noreste o estás extrañas escisiones de grupos independientes que pactan con mafias locales y pelean «la plaza» a sus otrora patrones.

Y es que aunque desde el púlpito presidencial se diga que se tienen «otros datos», que es la prensa corrupta y la «la mafia del poder» quienes quieren sembrar un escenario que no existe en México. La realidad estampa de frente al discurso presidencial, el mismo SESNSP registra, del primer día del sexenio al último día del 2023 -y con casi un año más por transcurrir- un total de 89 mil, 372 personas han sido asesinadas con armas de fuego en lo que va de la actual administración federal.

Es por ello, que gane Claudia Sheinbaum o gane Xóchitl Gálvez tendrán como tarea prioritaria, detener el baño de sangre, frenar las masacres y ponerle un “hasta aquí” al crimen organizado. Cualquier cifra sexenal cercana en el 2030 a los 200 mil homicidios, habrá de representar una vez más, un nuevo fracaso en materia de seguridad.

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