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CHEMAX: RICARDO BALAM CHI ES EL CANDIDATO VERGONZANTE

Ricardo Balam Chi, se inscribió como aspirante único del Partido Acción Nacional a la presidencia municipal de Chemax.

CHOCHOLÁ DE LOS VENADOS

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  • Por muchos años, los habitantes del municipio seguían la costumbre de cazar ciervos, ya que era de las pocas veces que podían comer carne debido al grado de marginación de la comunidad

Guillermo Medina/Sol Yucatán.

En Chocholá, así como en varios municipios de Yucatán, la práctica de cazar animales silvestres se llevaba a cabo de una manera muy normal y sin ningún tipo de control. Con especies cuyo ciclo reproductivo es menos prolongado y el número de crías es superlativo no se sentía el impacto, pero con los venados, aunque su población era robusta a principios del siglo pasado, esta disminuyó en el territorio yucateco a pasos agigantados.

Ahora, la población sigue cazando pero evita hacerlo con las especies protegidas por no recibir el castigo correspondiente.

Entre los años de 1960 a 1985 la población descendió notablemente, la razón era que se tiraban más de 14 mil ejemplares anuales aproximadamente. En este punto de la problemática, la necesidad de una veda permanente era necesaria. De tener poco más de 26 mil ejemplares en 1998, 20 años después se incrementó significativamente, hasta en un poco más de 200 mil ejemplares.

Antes de que la especie se considere en riesgo, los cazadores se reunían en los linderos de Chocholá todos los sábados para emprender camino al monte. Armados con sus machetes y sus rifles de caza, tomaban camino hacia el lugar donde era frecuente encontrar al astado y así, poder conseguir un poco de la valiosa proteína.

En esos tiempos, sólo los adultos se dedicaban a la caza, ya que  a los adolescentes que querían hacerlo no se les permitía por lo compleja que es esta práctica, ya que a pesar que la actividad suene fácil, no lo es. En todo momento se requiere estar alerta mientras están en el monte, ya que en el lugar no sólo está el venado, también hay serpientes, mapaches, iguanas, entre otros animales que puede desconcertar a los tiradores y disparar, haciendo que el sonido del disparo alerte a los ciervos.

Además de la concentración de los tiradores, es necesario que mantengan el sigilo, ya que los animales son muy atentos y ágiles. El sonido del disparo no siempre significa una caza efectiva, ya que sólo tienen un tiro para matar de manera fulminante al venado, de lo contrario, este sólo saldrá herido y se adentrará en el monte.

Filiberto Anguas, conocido en Chocholá como “Don Tequila”, relató para Sol Yucatán, que antes de comenzar a formarse para ir a cazar primero rezan para que nadie salga herido, además de pedirle permiso al monte para que puedan obtener una buena y generosa recompensa, ya que en varias ocasiones, si no se pide el permiso correspondiente al lugar, este les jugará en contra.

“Don Tequila” narra que de no pedir permiso al monte puede suceder que no se logre cazar ningún ejemplar o que te da el “mal del venado”. Este mal se basa en una creencia popular en la cual “el aire” te da una mala pasada y hace que se confunda a otro cazador con un auténtico ciervo y que sin importar de cerciorarse más de una vez, no se puede identificar. Al disparar y acercarse a lo que se cree es una buena caza, resulta cuenta que se le disparó a uno de los compañeros de caza.

En Chocholá este fenómeno ha costado la vida de al menos 3 cazadores.

Actualmente, es difícil conseguir carne de venado debido a la veda. El kilo está entre 400 y 500 pesos. Una anécdota de “Don Tequila” de 79 años, cuenta que en una ocasión, uno de los habitantes del municipio fue sorprendido por la Policía Federal trasladando el cuerpo de un venado en su bicicleta. Los oficiales le perdonaron la acción a cambio de que les cocine una pierna del animal para ese mismo día.

La caza comenzó en el municipio por la necesidad de comer carne por su calidad proteica, ante la precaria situación de la población. Con el paso del tiempo, se convirtió en una costumbre que, pobladores como “Don Tequila”, uno de los pioneros de esta práctica la recuerdan como una parte de sus vidas, pero entienden que se debe proteger a esta especie que le da el nombre por el que se conoce a esta comunidad, “Chocholá de los Venados”.

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