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COLOMBIA, BASTIÓN DEL NARCO

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  • Cerca de 250 mil hectáreas destinadas para el cultivo de coca, los sembradíos generan una producción anual de más de mil 500 toneladas de cocaína
  • Los campesinos colombianos que cultivan plantas de coca reciben 500 dólares, cantidad que no ha variado años. Una vez que la hoja es procesada, el kilo de cocaína tiene un costo aproximado de 2 mil 500 dólares en Colombia; en EU, 50 mil
  • Los “Urabeños” o “Autodefensas Gaitanistas de Colombia” (AGC), son considerados la banda criminal más poderosa, dentro de estos grupos se destacan también “Los Pachenca”, “Los Caparrapos”, “Los Puntilleros” y “Los Rastrojos”

José Sánchez López/ Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

Ciudad de México.- Colombia, único país de América del Sur con costas en el Océano Pacífico y el Mar Caribe, ha sido, es y, seguramente, seguirá siendo el principal productor y distribuidor de cocaína en el mundo, con no menos de 245 mil hectáreas destinadas de manera exclusiva para el sembradío de hoja de coca.

En los años 80, surgieron los primeros grandes carteles de la cocaína: El Cartel de Medellín de Pablo Escobar y el Cartel de Cali, con los hermanos Miguel Ángel y Gilberto Rodríguez Orejuela. Los líderes del primero comenzaron robando carros y sobornado a policías, empleando a matones y pandillas locales para llevar a cabo su trabajo sucio.

El Cartel de Cali era más sofisticado para operar ya que surgió de la élite económica del Valle del Cauca y utilizó la persuasión política y el soborno para operar, dejando de lado el uso de violencia.

Las cuatro principales guerrillas de Colombia, el Movimiento 19 de Abril (M-19), el Ejército de Liberación Nacional (ELN), las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército Popular de Liberación (EPL), se aliaron con alguno de los dos cárteles, pero al darse cuenta de las millonarias ganancias comenzaron a poner en práctica las “retenciones”, argumentando razones políticas.

Sin embargo, el 12 de noviembre de 1981, se le ocurrió al M-19 secuestrar a Martha Nieves Ochoa, hija de Fabio Ochoa Restrepo, ganadero, dueño de finos caballos de paso, narcotraficante y lavador de dinero, por la que pidieron como rescate 12 millones de dólares por su liberación. Una semana después trataron de secuestrar a Carlos Lehder, otro narcotraficante del grupo.

El uno de diciembre de 1981, en la víspera del cumpleaños de Pablo Escobar, se reunieron los narcos aliados a Escobar en el Hotel Intercontinental de Medellín, para tratar lo de los plagios.

Cuando se disponían a reunir los 12 millones de dólares, Escobar les advirtió que si cedían, después se repetirían los secuestros y con nada los pararían, así que propuso que se hiciera un fondo millonario pero no para pagar rescates, sino para crear un grupo que exterminara a los secuestradores y así se reunieron más de 450 milloness de dólares y nació el MAS (Muerte a Secuestradores).

Los narcos utilizaron avionetas desde donde lanzaron panfletos declarando la guerra a los plagiarios, con la leyenda: “Los secuestradores serán colgados de los árboles y si ellos no, sus camaradas en las cárceles y sus familiares cercanos”.

EL MAS QUEDÓ CONFORMADO POR 2 MIL 230 SICARIOS

En menos de una semana la joven regresó sana y salva a su casa, sin que se pagara un centavo como rescate y aun así, comenzaron a aparecer infinidad de guerrilleros ejecutados.
Después, varias de las guerrillas terminarían por unirse al Cártel de Medellín, pero siempre bajo las órdenes del “Patrón del Mal”, como llegaron a apodar a Pablo Escobar.

Con el paso del tiempo, ambos cárteles, el de Escobar y el de los hermanos Rodríguez Orejuela serían exterminados, pero como en muchos otros casos, nacerían otras organizaciones criminales.

Por otra parte, según el informe anual de la Oficina de la Política Nacional para el Control de Drogas (ONDCP) de Estados Unidos, publicado en julio de este 2022, el sembradío de hojas de coca genera una producción anual de más de mil 500 toneladas de cocaína.

En el Departamento de Santander, uno de los 32 que conforman Colombia, es donde se registra la mayor cantidad de cultivos de coca, según indica un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, aunque en no menos de otras 12 localidades la producción es también significativa.

Colombia es la puerta de entrada a Sudamérica, con salida directa a los Océanos Pacífico y Atlántico, y vecino de cinco países: Venezuela, Brasil, Perú, otro importante productor; Ecuador y Panamá, con los que comparte fronteras calificadas como “extremamente porosas” por la facilidad para el trasiego de droga.

Tres cordilleras que recorren el país le dan espacio suficiente a las organizaciones criminales para que transporten, escondan y produzcan drogas ilegales, así como para llevar a cabo otras actividades como la minería ilegal.

Para producir un kilo de cocaína se necesita una tonelada de hojas de coca, por la que los campesinos colombianos que la cultivan reciben 500 dólares, cantidad que no ha variado años. Una vez que la hoja es procesada, el kilo de cocaína tiene un costo aproximado de 2 mil 500 dólares en Colombia y ahí comienza el incremento del precio hasta que llega a los Estados Unidos.

Al salir de Colombia y llegar a la frontera sur con México, en Guatemala o Belice, el kilo de la droga ya vale 5 mil dólares; ya en territorio mexicano el precio es de 10 mil y en el centro del país, Tepito o la Central de Abasto en Iztapalapa, cuesta 20 mil.

PERO AÚN NO TERMINA EL VIAJE

Al llegar a la frontera norte con Estados Unidos, antes de cruzar, se cotiza entre 25 y 30 mil dólares y cuando finamente se encuentra en alguna de las ciudades de la Unión Americana, esos 500 dólares por producirla y esos 2 mil 500 que costaron al principio se elevaron hasta los 50 mil o más.

La diferencia de esos 47 mil 500 dólares que aumentaron durante el trayecto, señalan agentes antidrogas, quedaron en manos de policías, autoridades, políticos corruptos, funcionarios encargados de combatir el tráfico de drogas y, desde luego, en poder de los capos de la droga que son los que se llevan la mayor parte de las ilícitas ganancias.

Según informes de autoridades antidrogas, la cocaína que se distribuye en la mayor parte del mundo sale de Colombia por la costa Pacífica, hacia América Central o México, con destino hacia los Estados Unidos, mientras que otros cargamentos, también de importancia, mediante contenedores a través del Atlántico, son enviados a diferentes puertos en Europa.

EL DISCURSO DE LOS GOBERNANTES EN TURNO HA SIDO EL MISMO:

Combatir al narcotráfico hasta sus últimas consecuencias, caiga quien caiga, sin importar rangos, posiciones o niveles, lo cierto es que el tráfico de droga, principalmente cocaína, sigue en aumento y paulatinamente se ha convertido en uno de los principales pilares de la economía de país sudamericano.

En la actualidad, pese a los avances que dice haber logrado el gobierno colombiano, existen al menos media docena de grupos criminales que siguen operando y de ellos la mayoría abandonaron la ideología, para enfocarse de lleno en la producción, tráfico y distribución de drogas ilegales, pero además diversificando sus actividades en el tráfico de armas, secuestro, extorsión y hasta lavado de activos.

De acuerdo a informes de la agencia de drogas estadounidense, DEA, el Clan del Golfo, supuestamente desarticulado por el gobierno colombiano, tras la captura de su líder, Dairo Antonio Úsuga David, alias Otoniel, sigue siendo uno de los más fuertes en el país.

Inclusive se está dando una guerra interna entre las principales cabezas de la organización criminal, para definir quién es el sucesor de Otoniel que fue extraditado a los Estados Unidos en mayo pasado.

Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias “Chiquito Malo”; Wilmar Antonio Giraldo, el “Siopas”, y José Gonzalo Sánchez, “Gonzalito”, quienes conformaban el primer círculo del capo, se declararon una guerra a muerte por el control de la organización.

Los tres cuentan con un amplio historial delictivo y ya se encuentran en el radar de las autoridades norteamericanas, que ofrecen 3 millones de dólares por información que conduzca a su captura, mientras que las autoridades colombianas pagan hasta 5 mil millones de pesos.

Los grupos no solo buscan el control territorial y el mayor poderío armado, sino también establecer los contactos y el monopolio de los negocios con los narcotraficantes de México y Europa, aunque la atomización de la organización criminal generaría su división y facilitaría su eliminación, de querer realmente acabar con ellos.

Otro clan desarticulado, según el gobierno colombiano, son “Los Paisas”, un grupo de milicias rurales de la Oficina de Envigado, fundada y organizada por Diego Fernando Murillo, alias «Don Berna», y Guillermo Ceballos, quienes estaban al servicio del Cartel de Medellín. Hernán Darío Velásquez, líder de “Los Paisas” es la cabeza visible.

Algunos frentes guerrilleros de las FARC que habrían entregado las armas, se han vuelto a involucrar en la producción de cocaína y han sido contactados por los cárteles de Sinaloa o de Jalisco a los que abastecen del enervante.

Desde hace tiempo, dichos cárteles se han infiltrado en la cadena de suministro y aumentaron su participación directa en el tráfico de drogas negociando directamente con los cárteles locales.

En 2003, el Cartel del Norte del Valle que se había posicionado, comenzó una sangrienta guerra interna luego de que una facción asesinara a otro de los principales líderes de la otra célula, lo que aprovechó el gobierno para lanzar una ofensiva que culminó con su desintegración.

La desaparición del Cartel del Norte del Valle marcó el comienzo de una nueva era en el crimen de Colombia y nacieron grupos paramilitares que se rearmaron o no se desmovilizaron y ocuparon el vacío dejado por los principales líderes narcos y paramilitares.

El gobierno las llamó Bacrim (Bandas Criminales) y se estima que hay no memos de medio centenar en el territorio nacional.

En la actualidad, los “Urabeños” o “Autodefensas Gaitanistas de Colombia” (AGC), son considerados la banda criminal más poderosa que controla una amplia gama de actividades delictivas en gran parte del país. Dentro de estos grupos se destacan también “Los Pachenca”, “Los Caparrapos”, “Los Puntilleros” y “Los Rastrojos”.

También, al igual que las otras organizaciones, están al servicio del Cártel de Sinaloa o del Jalisco Nueva Generación, sujetas a las disposiciones de cualquiera de las dos organizaciones criminales mexicanas.

El decomiso de 1.6 toneladas de cocaína que iba a Tepito y después a Los Ángeles, dejó al descubierto la supervía en el Pacífico que sigue la droga desde Colombia y que utiliza lanchas, sumergibles y hasta submarinos para movilizar los cargamentos a las costas de Oaxaca pasando por la Ciudad de México con destino a California.

Recorren 384 mil 449 millas náuticas (más de 2 mil 500 kilómetros) que separan a San Buenaventura Colombia de Puerto Escondido Oaxaca, una de las rutas más utilizadas por los narcotraficantes colombianos para enviar droga a México y de ahí a E.U. Esas embarcaciones son prácticamente desechables para los traficantes.

La Marina y la Guardia Nacional informaron del hallazgo de dos de ellas en lo que va del año. Transportaban a las costas oaxaqueñas 1.3 toneladas de cocaína, así como de un submarino vacío. San Buenaventura es una zona repleta de manglares que por su conexión con el océano Pacifico, facilita la salida de los narcosubmarinos rumbo a México, donde por años las autoridades han asegurado decenas de talleres de construcción de semisumergibles.

De acuerdo con la Marina de Colombia el tráfico de drogas por esta vía se da por dos puntos: El primero inicia en Buenaventura, en el río Yurumangui; el segundo en Nariño por Cocal Jiménez Tumaco y el Parque Natural Sanquianga.

Para transportar la cocaína los delincuentes emplean lanchas rápidas que miden de 3 a 5 metros de ancho por 20 o 25 metros de largo, con capacidad para una decena de ladrillos mientras que los narco submarinos miden alrededor de 14 metros de largo.

El sumergible puede cargar 300 kilogramos de coca y alcanzar velocidades de hasta l8 kilómetros por hora. Cuenta con navegación GPS. Puede sumergirse entre 10 y 15 minutos para evadir a guardacostas y es construido con plástico reforzado y fibra de vidrio.

También hay algunos sumergibles que pueden permanecer horas bajo el agua para no ser detectados. Están hechos con metal y fibra de vidrio. Su tripulación es de cinco hombres y transportan hasta media tonelada de droga.

En Oaxaca, los cargamentos arriban en la madrugada a diversos puntos del litoral, entre Salina Cruz y Huatulco, en una primera ruta; otra más por la zona costera cercana en San Francisco Ixhuatán por el Golfo de Tehuantepec y una tercera, de Puerto Escondido a Pinotepa Nacional.

Otras veces la estrategia cambia, la droga es arrojada desde aeronaves y recuperada por lanchas de motor fuera de borda o embarcaciones de pescadores furtivos. También se han detectado pistas clandestinas en el Istmo de Tehuantepec en poblaciones sobre los límites con Chiapas.

De 2018 a julio de 2022, la Marina ha detectado tres narco submarinos: Dos en Oaxaca, uno en Salina Cruz y otro en Huatulco y el tercero en Puerto Chiapas

La droga es desembarcada en costas mexicanas para ser llevada al centro del país (Ciudad de México), a través de dos rutas, la primera inicia en Oaxaca siguiendo Veracruz, Puebla, Tlaxcala y Estado de México, un camino de al menos 15 horas por carretera.

La segunda cruza la capital de Oaxaca para dirigirse a Tehuacán, Puebla, Estado de México y Ciudad de México, un trayecto de 700 kilómetros en 12 horas. Una vez en la capital, la droga pasa por Querétaro, Guanajuato y Aguascalientes, hasta llegar a Zacatecas donde atraviesa Fresnillo y Durango, pasando por el Triángulo Dorado.

Después por Coahuila, Chihuahua hasta llegar a Sonora, en Agua Prieta, territorios que son dominados por el Cártel de Sinaloa y ya en EU recorre Arizona, por Tucson y Phoenix, hasta San Bernardino California y finalmente a la Costa Sur.

Un estudio del Centro Internacional Marítimo de Análisis contra el Narcotráfico y de la Marina, establece que la mayor parte del tráfico de coca entre 2016 y 2022, ocurrió a lo largo de rutas con Colombia como punto de partida.

Se tiene conocimiento que las lanchas tipo Go Fast, pueden salir desde Ecuador, Guatemala o Colombia, en lo que han llamado la ruta Pacífico Sureste, siempre financiadas por el Cártel de Sinaloa o el de Jalisco, en tanto que desde Centro y Sudamérica, son costeadas por organizaciones como el Clan del Golfo que ha logrado mantenerse y desplegar toda una red marítima.