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Fernando Irala/ SOL YUCATÁN 

Daño a la educación, la tragedia que viene

A la pérdida inmediata de cientos de miles de vidas humanas en México como resultado del impacto del COVID, se suma el daño evidente a la actividad económica: hoy tenemos más población en pobreza, nuestra sociedad es más desigual y la planta productiva tardará varios años en recuperar lo perdido.

A medida que se dimensionan con mayor precisión los estropicios, otros daños se hacen evidentes.

El rezago en materia educativa salta a la vista. Llevamos más de un año sin clases presenciales, y aunque ha habido un esfuerzo por sustituir la escuela por sistemas de educación a distancia, los resultados son más bien negativos.

Según cálculos del INEGI, alrededor de cinco millones de alumnos de todos los niveles han abandonado sus estudios, no se inscribieron al actual ciclo lectivo, o simplemente dejaron de seguirlo. Uno de cada seis estudiantes que teníamos antes de la pandemia, hoy lo hemos perdido. Muchos de ellos no tienen acceso a internet, y aunque hay ejemples heroicos de profesores que tratan de suplir la falta de las tecnologías actuales, en gran número de casos se opta sencillamente por dejar los cursos.

El daño a largo plazo es incalculable. Lo sería en cualquier momento de la historia de nuestro país, pero en un momento en que el planeta evoluciona a sociedades basadas en el conocimiento, el rezago para el desarrollo nacional será terrible.

Más todavía, porque de manera previa se ha aplicado una política encaminada a desalentar la investigación y el conocimiento científico.

En las evaluaciones internacionales en materia educativa que periódicamente se llevan a cabo, México calificaba muy mal respecto a los países de la OCDE, donde se agrupan las economías más fuertes del mundo entre las que se incluye nuestra nación.

No hace falta decir que en las próximas los resultados mexicanos empeorarán.

¿De veras somos ejemplo para el mundo? No en el manejo de la pandemia, donde ahora el número de muertes comienza a crecer de nuevo, sin que nunca haya disminuido mucho. Tampoco en materia económica, donde se ha producido una espantosa mortandad de empresas y una caída del empleo y el ingreso de la mayoría de los mexicanos. Y menos en materia educativa, donde la tragedia está por escribirse.

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