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CONTRADICCIONES Y OBSERVACIONES EN LA FUGA DEL SIGLO

  • En un viaje misterioso, el 11 de noviembre de 1961, Louis abordó un jet de la Eastern Air Lines, cuando a Teresa le había jurado que viajaría por Pan American Airways 
  • Recibió una golpiza tremenda y durante 72 horas nada se supo de él, quien consideró como “susto” el caso; Fidel Castro Ruz estuvo involucrado 

José Sánchez | La Opinión de México | Sol Quintana Roo | Sol Yucatán | Sol Campeche

(Segunda de siete partes)

Ciudad de México.- En el viaje misterioso, el 11 de noviembre de 1961, a las 10:00 horas, tiempo de Nueva York, Louis abordó un jet de la Eastern Air Lines, cuando a Teresa le había jurado que viajaría por Pan American Airways. 

Y desde México envió un telegrama a Teresa: “Cantinflas aprueba y aprecia llegada. Louis”. Aparentemente, el vendedor de armas bromeaba familiarmente con el apodo “Cantinflas”. 

Al encontrarse la ropa de Louis, periodistas norteamericanos informaron a la señora Carrasquillo y se trasladó a nuestro territorio. “Lo mandó golpear Fidel Castro Ruz, el de Cuba, no hay otro. Seguramente, creo que él lo mandó golpear. Si algo le ha pasado a mi marido, fueron ellos”, dijo al llegar a México. 

En realidad, sus palabras no eran muy creíbles…porque Teresa Carrasquillo había sostenido “casualmente” un romance con Joel David Kaplan. 

Como para reafirmar sus confidencias, la señora Carrasquillo añadió que dos años antes su marido negoció con dólares cubanos, cuando Fidel Castro llegó al poder y “era agente castrista sin saberse cuál era su jerarquía o participación”. Luego se habría involucrado con agentes anticastristas, “le costó una golpiza tremenda y durante 72 horas nada se supo de él”, quien consideró como “susto” el caso. Pero más tarde se confirmó que sus movimientos eran vigilados por el FBI. 

Extrañamente, el norteamericano tenía reservación en el Hotel del Prado, y sin embargo, fue al Hotel Continental Hilton, donde dijo que permanecería siete días y no estuvo ni 48 horas. 

El hallazgo de su ropa lo realizó la tripulación de la patrulla 223 de la Policía Federal de Caminos. Los agentes Carlos Gutiérrez y Antonio Moreira informaron que el sábado 18 de noviembre de 1961 (mismo día en que la familia Trujillo abandonó la República Dominicana, a cinco meses del atentado mortal contra el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina), regresaban por la vieja carretera México-Cuernavaca hacia el entonces Distrito Federal, cuando con binoculares vieron en el Segundo Cantil un saco de hombre manchado de sangre. 

El licenciado Óscar Moguel tomó conocimiento del caso y entorpeció las pesquisas. Al parecer, años después, tuvo problemas en la Procuraduría General de la República. Entre las ropas ensangrentadas estaba un pantalón usado, que presentaba en la entrepierna un parche burdamente cosido y las valencianas rotas; el saco estaba descosido y una de sus bolsas remendada de manera burda también. 

El industrial Aarón Sáenz dijo que no conocía a Melchior Vidal, con el que tuvo tratos fue con Luis Vidal padre, unos quince años atrás, y tuvieron dificultades financieras porque Vidal no entregó a tiempo una maquinaria para ingenios azucareros. 

Mientras tanto, en 1961, en la República Dominicana había una celebración desenfrenada por la caída de la dinastía Trujillo, el relato de cuyos abusos bastaría para escribir un voluminoso libro. El espectáculo de júbilo desbordado traía a la memoria, aunque en menor escala, la escena en La Habana, cuando Fidel Castro Ruz hizo su entrada triunfal en Enero de 1959. 

Teresa Carrasquillo proporcionó otros datos y guardó muchos, dijo que hacía “como tres meses” Louis fue amenazado de muerte y que “no tenía negocios de sexoservidoras”. 

La Dirección Federal de Seguridad, donde prestaba sus servicios Fernando Gutiérrez Barrios, quien se ostentaba como “gran amigo de Fidel Castro Ruz”, informaba oficialmente que el puertorriqueño Melchior Vidal no contaba con registros de arribo a México, por ninguna vía. 

En cuanto a la ropa parchada de su esposo, Teresa mencionó sin convicción que “iba a conocer ingenios azucareros y prefirió llevar ropa maltratada”. 

Incluso explicó la viuda que le parecía extraño el telegrama donde se mencionaba a Cantinflas, porque estaba firmado “cariñosamente, Louis”, lo que nunca había expresado el junior en todo el tiempo que llevaban de casados, pues “no era sentimentaloide”. 

El asunto es que a cuatro kilómetros del segundo cantil, en la vieja carretera México-Cuernavaca, fue encontrado el cadáver de su esposo, Louis Melchior Vidal Mora, tenía balazos en la cabeza y estaba mal sepultado, clandestinamente. Era aconsejable para las investigaciones deducir que Louis tenía balazos en el cráneo y que el crimen se cometió cuando estaba hincado, había señales de lodo en el pantalón, a la altura de las rodillas. La trayectoria de los proyectiles mortales era de arriba-abajo. 

En el anfiteatro de la entonces delegación Tlalpan, (ahora se les denomina “Alcaldías”), examinó los restos el médico Abraham Morales Flores, quien dijo que el ahora extinto presentaba fracturado el maxilar inferior derecho, dos heridas de bala en la región frontal, una más en el ojo derecho y la última herida en la cara lateral izquierda del cuello, también tenía una fractura en la región mastoidea izquierda. 

Según el forense las lesiones fueron provocadas, algunas, por la cacha de una pistola. Tres dedos del pie izquierdo habían sido devorados por perros y “el hoy occiso tenía ojos azules”, pero cafés según la señora Carrasquillo. 

¿Por qué la disidencia? Todavía es un misterio. Para algunos investigadores “significa que Louis no murió y fue sustituido por alguien”. Eso tenía cierto sentido común: si la CIA fue auxiliada por el ahora desaparecido, tal vez se le dio nueva identidad, a cambio de su silencio.

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