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EDITORIAL

 

LOS CAPITALES

OTRAS INQUISICIONES

VOCES DEL DIRECTOR

LOS CAPITALES

DESAFÍO

Rafael Loret de Mola/Sol Yucatán

  • Una tras Otra
  • Bandera Verde

Hagan sus apuestas porque el tiempo corre a una velocidad que se lleva los días de la 4T entre una polvareda de miles de caballos de fuerza casi extintos, agotados por girar alrededor del mismo palo encebado. Fíjense en 18 meses y medio ya se agotó la corrupción y el estandarte de la nueva administración modificó los rostros de los héroes por los de quienes más representan el espíritu de Andrés: él, por supuesto, como abanderado para disgusto del espíritu de Juárez; Bartlett en vez de Madero –por aquello de que su retrato Victoriano Huerta liquidó al mártir-, Zoé Robledo en vez del Cura Hidalgo por cuanto a las matazones, Durazo Montaño como Morelos en una elegía perfecta de la perturbación y el dolor de cabeza, y finalmente la señora Olga Sánchez Cordero para favorecer a la mujer como hizo en sus tiempos Lázaro Cárdenas. Y todo quedará igual como en el gatopardismo de Tomasi di Lampeduza.

La apuesta del presente es muy sencilla y mucho más redituable, intelectualmente cuando menos, a la olvidada rifa del avión presidencial por consecuencia de la pandemia que ha evitado publicitarla, no cancelarla, entre rumores sobre cuál será el destino del aparato más desperdiciado de la tierra; si tanto era su lujo –jamás lo he visto por dentro ni quiero-, bastaba con adaptarlo a una mediana austeridad para que el dueño del mismo, Banobras se supone, pudiera ofrecerlo al presidente de la República sin avergonzarlo y dotándolo de una cocina adecuada para cocinar el pavo de monte –en extinción-, el platillo favorito de egregio mandatario. Faltaría más.

Sucede lo mismo que con la pandemia; crece, cada día, rebasando a las inútiles medidas del informador –no epidemiólogo-, Hugo López-Gatell, usurpador de funciones presidenciales con su indiscutible talento para repetir en 108 conferencias vespertinas, hasta ahora, las mismas tendencias, el absurdo sobre la disponibilidad de camas pese a los contagios diarios superiores a los tres mil quinientos pacientes –esto es igualito a la multiplicación bíblica de los panes y los peces-, y los pronósticos variables sobre cuál va a ser el tope o pico máximo.

Volvemos, ya situados en el oscuro presente, a nuestra apuesta: ¿quién cree que van a terminarse las obras prometidas –aeropuerto, tren y refinerías-, durante lo que falta de los cinco años y diez meses asignados al periodo de Andrés Manuel? O bien, ¿cuál será la obra que sí se termine? Los momios están elevados a un diez por uno en contra según recojo de los amables lectores que me siguen, incluyendo a los habituales perros de caza dispuestos para cuidarme pues si algo me pasa será sencillo seguir la línea de las babas.

Así como el célebre tren entre la Ciudad de México y Toluca que se erosiona cada día o los restos del aeropuerto de Texcoco cuya finalización habría salido más barata que construir uno nuevo en Santa Lucía con gasto inicial de once mil millones de pesos, tres mil más de lo presupuestado para el primero. ¡Ah! Lo olvidaba: se trataba de darle un golpe a la corrupción de cuantos especulaban con el AICM destazado por las fieras de la 4T. Pero, entonces, ¿quiénes y dónde están los corruptos? ¿Siguiendo algún proceso judicial por el deterioro causado a la nación al suspenderse la construcción por causa suya? Pues no; han sido invitados a invertir en el nuevo aeropuerto lo que dibuja la calca de la mayor corrupción de la historia.

Y lo mismo va para los grandes huachicoleros que la libraron mientras estallaba un ducto en Tlahuelilpan, Hidalgo, con saldo de 137 muertos, muchos más que los asesinados por peña en las masacres de Tlatlaya, Tanhuato y otras más, sin olvidar a los desaparecidos de Ayotzinapa, los 43, que no se comparan con el medio centenar o más de los que se volatizaron tras las protestas en Jalisco por la policía criminal y el artero asesinato de Giovanni López.

La Anécdota

¿Cuánto invirtió la Presidencia en la compra de decenas de banderitas verdes para anunciar las obras del tren maya en la gira de la ignominia la primera semana de este junio?

No quieren decirlo porque, eso sí, dieron lugar a la escena más grotesca de cuánto va del año y del periodo amlista: el mandatario de los pobres agitando la banderola mientras veía pasar a la chatarra ferrocarrilera que dice proteger el sindicato más corrupto del país liderado por el veracruzano abyecto Víctor Flores Morales, el empistolado cuyo vestuario iba acompañado de una niña con minifalda y curul cuando fue diputado.

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