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EDITORIAL

 

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LOS CAPITALES

DESAFÍO

Es indiscutible la afectación que ha sufrido el mandante López Obrador en el transcurso de las semanas recientes, precisamente cuando intentó exaltar su imagen con vistas a dar certeza a la continuidad de la 4T.

  • El Triste Adiós
  • La Gran Charada

Rafael Loret de Mola

Es indiscutible la afectación que ha sufrido el mandante López Obrador en el transcurso de las semanas recientes, precisamente cuando intentó exaltar su imagen con vistas a dar certeza a la continuidad de la 4T con una candidata sin carisma y únicamente repetidora de consignas y frases del señor de Palacio, Claudia “la marioneta” Sheinbaum de Tarriba -lo del marido es de gran interés, más ahora, cuando se han revelado los nexos de AMLO con el cártel de Sinaloa al que el consorte de la aspirante presidencial sirvió con ahínco sin que se haya dado seguimiento a una indagatoria al respecto.

El hilo de la corrupción en las mayores alturas inició cuando se descubrieron los contratos leoninos de PEMEX con la célebre prima Felipa Obrador quien ni siquiera fue molestada por la Fiscalía General de la República, como tampoco se ha actuado en contra del director de la institución mencionada, Octavio Romero, y siguió con los hermanos del ícono de la falsa izquierda, Pío y Martín, hasta rebasar el escándalo con el cártel del tráfico de influencias liderado por Andy López Beltrán, además del vividor hermano mayor José Ramón quien ha vivido a expensas de Baker Hughes -una de las trasnacionales más favorecidas con el petróleo de México-, y de Gonzalo, “Bobby”, negociante especializado con el balastro sobrevendido para la ignominiosa obra del Tren Maya entre otras muchas cosas como la reventa de medicinas acaparadas que no tienen siquiera en la cacareada mega-farmacia fraudulenta.  

Y así llegó la exhibición mayor, publicada por el periodista Tim Golden -dos veces premio Pulitzer, el más prestigiado de habla inglesa para los informadores-, en el sentido de que la campaña de Andrés en 2006 fue beneficiada con dos millones de dólares procedentes del Cártel de Sinaloa y entregados a su chofer de todas sus confianzas -con sueldo de subdirector-, Nico Mollinedo. Tal fue la primera etapa que, por supuesto, no es la última. Digamos que desde entonces, antes y después también, López Obrador ha sido blanco de los sobornos inmorales de los grandes capos.

Con ello se comprueba el nexo entre la administración federal actual y el crimen organizado lo que dio lugar a una secuela de enfurecidas reacciones del titular del Ejecutivo cuya ambición ilimitada le llevó a poner a la venta el destino nacional. Nada más indigno y reprobable para quien gritó aquello de “que yo ya no me pertenezco; pertenezco al pueblo de México, ¡y no les voy a fallar!”. ¿Lo recuerdan? Pregunto por qué la amnesia del colectivo es tan grande que siempre tiene espacio para olvidar, y acaso perdonar con la prescripción de la medicina del tiempo, las mayores desviaciones de quienes han ejercido el poder en nuestro espoleado país.

No son pocas las razones para procesar a López IV si consideramos que al término de su quinquenio con diez meses será responsable de 200 mil muertes por obra y gracia de los peores criminales de la historia, o el millón de pacientes fallecidos por causa de la pandemia -sin que jamás apareciera la anunciada vacuna “Patria”-, ni tampoco la negligencia asesina para con los niños con cáncer -a cuyas madres lastimadas les llamó “golpistas”-, ni los fraudes como el de SEGALMEX -con un monto de quince mil millones de pesos-, ni la vergonzosa corrupción de su parentela, sobre todo la de sus hijos y hermanos -falta investigar a su consorte y el precio de su silencio-, ni el derroche extremo de sus obras emblemáticas -aeropuerto para carga y paso de drogas, refinería para un nuevo cauce del huachicol, y trenes con vagones de segunda mano y sin pasajeros o una línea área entregada a la defensa que no transporta más que a unos cuantos-, ni la falta de acción tras las catástrofes naturales -OTIS exhibió la escasa moral y la desvergüenza de las autoridades, desde la cúpula hasta los policías saqueadores-, ni la guerra sostenida contra sus críticos y periodistas independientes a quienes ha infamado -sin prueba alguna- mientras él reclama que le demuestren lo que ha sido exhibido con documentos, videos y audios.

López ya ganó, para siempre, su sitio como uno de los peores sátrapas de México compartiendo historias con los enloquecidos Iturbide y Maximiliano -quienes compartieron la enajenación de imperios espurios-, Santa Anna -el vende patrias- y Victoriano Huerta, el miserable asesino de Madero y Pino Suárez. Mucho de cada uno de estos, sin olvidar al dictador Porfirio Díaz -léase México Bárbaro de John Kenneth Turner -, tiene Andrés quien perdió la brújula hace tanto tiempo cuando alegó ser “presidente legítimo” en una charada ignominiosa que tiró por los suelos sus protestas por lo que él llamó el fraude electoral del año de las donaciones inmorales, las del narco: 2006.

Caben unos párrafos sobre la vandálica manifestación antitaurina, financiada por Martí Batres por órdenes de la señora Sheinbaum, el día de la reapertura de la Plaza México y la vuelta esporádica de los toros. Los integrantes del performance lucieron atuendos de negro, por el luto que les causa el sacrificio de los toros -sin entender los valores culturales de la tauromaquia-, como no lo han hecho para protestar por los niños muertos por los sicarios ni por los miles de sacrificados por la negligencia sanitaria ni por quienes son asesinados por los cárteles.

Llegaron hasta el coso, en donde cincuenta mil aficionados lo llenaban “hasta la bandera”, mil sujetos enmascarados y provistos de palas y picos con los que atentaron contra una propiedad privada y, sobre todo, se dieron el lujo de golpear a algunos aficionados sin que se hubiese dado el reporte de hechos. Pasaron encima de la decisión de la Corte y con tal pretexto, el de los gritos y las injurias de los vándalos, la jueza de Distrito de la Quinta jurisdicción, volvió a amparar a los ignorantes prohibiendo, de nuevo, las corridas de toros en un entorno en donde se repite hasta la saciedad: “prohibido prohibir”.

Queda de muestra para quiénes no saben o se hacen tontos acerca de cómo actúan las dictaduras.

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