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EDITORIAL

 

ENTRESEMANA

Jesús Esquivel

DESAFÍO

*Las Afrentas (2)

*Juicio a AMLO

Rafael Loret de Mola/Sol Yucatán

¿Qué hacía yo en los regímenes pasados? Me mantuve en la misma línea que hoy tanto me critican los amlovers, hackers, bots y demás miembros de la jauría de Andrés: ejerciendo la crítica a la par con mi personal activismo contra el presidencialismo autoritario, el mal más ponzoñoso del sistema político mexicano según decía mi inolvidable maestro Ignacio Burgoa Orihuela.

Me asqueó la forma en que llegó Calderón a la Presidencia en medio de un escándalo en el recinto de San Lázaro a donde debió acceder por la puerta de entrada ante la asombrada mirada de los invitados extranjeros, entre ellos varios jefes de Estado. Y lo hizo con la tribuna convertida en un corralito de curules sobrepuestas para contener la furia de sus adversarios.

Desde este punto, sin duda, tras un dudoso triunfo electoral con solo el uno por ciento de margen respecto a su principal perseguidor, López Obrador, no dejó de ser calificado como “espurio” y sobajado como tal a lo largo de un sexenio en el que la casaca militar le quedaba como un

traje caricaturesco –un Gasparín me decían- mientras se llenaban los panteones por las víctimas de su pésima estrategia contra el narcotráfico.

La consecuencia: crecieron los cárteles hasta el punto de que en Allende, Coahuila, en marzo de 2011, los llamados “Zetas” incendiaron la población, desaparecieron a setenta personas –de las cerca de 80 mil muertes registradas en general-, incendiaron casas y la DEA estadounidense debió intervenir para decomisar 800 mil dólares. Y todo ello ocurría –igual que la violación de quince bailarinas en Castaños, también en Coahuila-, mientras el mandatario inauguraba sus célebres “tardeadas” en Los Pinos con la puerta 4 de la residencia como pasillo alfombrado para todo tipo de chicas y chicos.

Dos secretarios de Estado fueron asesinados aunque se montaran sendos “accidentes”: Juan Camilo Mouriño, su delfín, y Francisco Blake Mora; pero además en el terreno económico se dio una seria recesión con la caída del PIB en 4.7% y el aumento de la deuda pública en 22 por ciento con el consiguiente avance de la tasa de pobreza extrema: del 43% al 46%.

Y llegó, en la cúspide de la corrupción, el miserable señor Peña Nieto con la misión de vindicar a un PRI

putrefacto. Los resultados fueron funestos: en el segundo mes de su administración –enero de 2013-, el incendio del edificio de PEMEX mostró la incapacidad oficial ante la posibilidad de un acto terrorista por más que quisieran disfrazarlo. Y continuamos con matanzas –Tlatlaya, 22 civiles muertos; Tanhuato, 42 ciudadanos fallecidos además de otros tremendos casos en Vallarta y otras poblaciones más-, y la gravísima desaparición de los 43 jóvenes estudiantes de la Normal de Ayotzinapa.

Y también, como ahora, la impunidad y el nepotismo materializados en sus tíos Montiel y Del Mazo que distan mucho de su pretendida cruzada contra el hambre que trajo más penurias, deudas y amarguras amén de los más de cien mil muertos por causa de la violencia y la crecida de las peores mafias.

Como colofón fue el suyo el sexenio de los sobornos, con el caso Odebrecht en punta, y el espionaje de Pegasus además del derroche en obras que dejó inconclusas: el aeropuerto de Texcoco y el ferrocarril de la capital a Toluca todavía en trance de renovarse. Fue un desastre… pero le gana la actualidad.

La Anécdota

El pasado 21 de marzo se realizó un juicio ciudadano contra López Obrador culminando así una serie de acusaciones recogidas en todas las entidades del país. Los delitos señalados fueron:

Genocidio, por los muertos derivados del atroz manejo de la pandemia y los crímenes derivados de sus arreglos con los peores “capos”; el fin del Estado de Derecho al ordenar que soltaran a Ovidio Guzmán, el hijo de “el Chapo”; abusos de autoridad al excederse de sus funciones; traición a la patria al cederles territorios a los cárteles y a los migrantes a los que se ha reclutado para la Guardia Nacional; delitos por hechos de corrupción al proteger a sus hermanos, hijos, primos y colaboradores cercanos exhibidos por sus riquezas enormes o recibir dinero non santo o triangular fortunas hacia paraísos fiscales como señaló la investigación llamada Pandora Papers.

Todo ello además de sus reformas empobrecedoras –hay 4 millones más de mexicanos en miseria extrema-, como la eléctrica en vía de ser impuesta con acuerdos debajo de la mesa. En fin, todas las afrentas del pasado reunidas en la 4T, el gran fracaso del México posrevolucionario.

¿Para qué sirven las cárceles? ¿Acaso solo para las venganzas, los adversarios y la persecución de los miserables sin dinero?