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EDITORIAL

 

DESAFÍO

  • La Veda Electoral
  • Trueno en Palacio

Rafael Loret de Mola/Sol Yucatán

Hoy comienza el tiempo de reflexión de cara al proceso de revocación de mandato, no ratificación que tal término no está planteado en el artículo 35 de la Constitución General de la República ni en ninguna otra norma jurídica. Se trata de responder a una sola pregunta acerca de si se le ha perdido la confianza al actual presidente o, por el contrario, se está a favor de su permanencia. Ya hemos dado nuestros puntos de vista al respecto y sería ocioso, además de extemporáneo, insistir en ello.

Es válido, eso sí, opinar acerca de lo que la democracia significa, como columna vertebral de su formación y desarrollo, y en primer lugar votar siempre que la ciudadanía sea convocada para ello. La abstención, aunque pueda significar una postura explicable cuando no existan garantías para hacer validar los sufragios, es exactamente lo contrario del ejercicio democrático en México y en cualquiera otra nación no sujeta a las tiranías o monarquías caducas en donde los reyezuelos se colocan por encima de las leyes si bien tienen límites en cuanto a acudir a los comicios por ser designados por “el derecho divino”. Un absurdo incongruente con el desarrollo político en el siglo XXI.

 En el caso de México estrenamos un nuevo derecho para evitar la prolongación de los mandatarios –no solo el actual, sino los que ocupen el cargo posteriormente-, más allá de la mitad de su período; en el caso presente son 40 meses los que ha durado el régimen lópezobradorista y solo le restan 30 en caso de que no sea destituido con la mitad más uno de quienes acudan a las urnas y reúnan, junto a quienes quieren ver a Andrés seguir viviendo en el “austero” Palacio Nacional, el cuarenta por ciento de los empadronados. Hasta en este punto superficial, pero importante, nos han mentido.

Los mexicanos no estamos en posición de perder ni uno solo de nuestros derechos o desperdiciarlo. Sería absurdo sabiendo, además, que contamos con la garantía de imparcialidad del INE, cuya autonomía está TODAVÍA vigente, y se ha mostrado como un contrapeso al poder presidencial, pero no así a las intervenciones de lo que ha dado en calificarse como narco-gobierno por la grosera presión de los núcleos de sicarios que presionan a candidatos y gobernantes con el filo de las armas.

Sucedió así en 2021 y posiblemente ocurra este mismo año en seis entidades del país en donde renovarán gubernaturas; quizá por ello en Tamaulipas, nido de Francisco García Cabeza de Vaca, señalado por la Fiscalía General de la República por sus presuntos nexos con los grandes “capos”, se ha recrudecido el ataque contra el Cártel del Golfo a cambio de favorecer a grupos criminales más bárbaros, como los Zetas e incluso el Cártel Jalisco Nueva Generación en franca expansión lo mismo que el de Sinaloa tan afín a López Obrador como se ha mostrado públicamente.

No obstante, tenemos la obligación de refrendar la confianza en el árbitro electoral porque no tenemos otra salida. De no hacerlo, perderemos esta garantía de cara a subsiguientes elecciones que estarían marcadas no por una democracia simulada, sino también por los caprichos crecientes del titular del Ejecutivo federal.

Mientras ello sucede lo más lamentable del proceso que culmina el próximo 10 de abril, domingo de Ramos para la feligresía católica –en recuerdo a la entrada triunfante del Nazareno a Jerusalén, acaso lo mismo que pretende hacer AMLO para seguir durmiendo en Palacio Nacional rodeado de laureles-, ha sido la tremenda capacidad del mandante-mandatario para dividir a los mexicanos en distintas fracciones, sobre todo entre quienes repelen su mandato y no se ponen de acuerdo en que si deben acudir o no a las urnas.

No hay otra: abstenerse es golpear a la democracia; participar es, cuando menos, sentirnos partícipes de esta gran nación que tanto ha soportado.

La Anécdota

Los relámpagos no dejan dormir al inquilino indeseable en Palacio Nacional, exactamente al otro costado donde se encuentra el austero “recinto de Juárez” muy distinto al departamento actual de AMLO comunicado con los salones principales del recinto para uso de los mismos desde que terminan sus mentirosas de las mañanas hasta que se tiene conocimiento de alguna actividad tan excepcional como la apoteósica inauguración del AIFA.

Por supuesto, quien resulte ser el próximo presidente, sea desde el 11 de abril por un mes o substituto hasta el 2024 o electo en este año, deberá tener cuidado con lo que quede del Palacio cuando salga AMLO sin esperanza alguna de reelección. ¿O seremos los mexicanos tan masoquistas para recrearnos en nuestro dolor e impotencia? Me excluyo.