Hoy EscribeRafael Loret de Mola

DESAFÍO

  • Democracia Fallida
  • Berrinches de AMLO

Rafael Loret de Mola/Sol Yucatán

En los tiempos recientes no son pocos los dictadores que, por su inmensa soberbia al considerarse insustituibles bajo el pretexto de encabezar una transformación de sus naciones, obtienen el poder por la vía democrática, es decir, a través del sufragio universal –el de la población en su conjunto-, y considerar que su legitimidad de origen es suficiente para modificar no solo su entorno sin igualmente interpretar las leyes o incluso modificar sus constituciones para adaptarlas a sus propias conveniencias.

Por lo general, tales experiencias acaban muy mal. Tal fue el caso de Alberto Fujimori Inomoto en Perú, si bien con doble nacionalidad –la otra es la japonesa-, quien triunfó en las urnas en 1990 y a base de reformar la Carta Magna de su país logró alzarse con la victoria en varias elecciones sucesivas hasta que a finales de 2000 se alojó en su país de origen y renunció, vía fax, a la Presidencia impedido para encarar las protestas públicas crecientes por la corrupción de su ejercicio. Terminó condenado a 25 años de prisión y tras las rejas permanece.

Otro caso notable es el de Evo Morales Ayma, de ascendencia aymara, quien llegó al máximo cargo ejecutivo de su país en 2006 y permaneció más allá de su mandato hasta que en 2019 fue objeto de un golpe de Estado cuya culminación fue un breve exilio y el encarcelamiento de la usurpadora Jeanine Áñez. Morales regresó triunfante, pero con fuerza política medida, tras la victoria de su aliado Francisco Sagasti Hoschausler; pese a ello, enfermo y acotado, Morales está en la mira.

Podríamos seguir con los casos de Chávez-Maduro en Venezuela –una historia que arranca en el golpismo, se detiene en los comicios y se prolonga en el autoritarismo feroz-, y Daniel Ortega, en Nicaragua, un viejo revolucionario sandinista convertido en dictador sin apetencia por abandonar su mandato. Todos ellos traicionaron a la democracia cuando juraron defenderla.

En México vamos por el mismo camino bajo la tutela soberbia de Andrés Manuel cuya riña estúpida con el INE, desde que optó por blindar a su compadre Félix Salgado, el violador de Guerrero, y por extensión a Raúl Morón, de Michoacán en 2021, fue presagio de tempestades hasta el grado de que el empresario alfil –y servil por interés- de la 4T, Ricardo Salinas Pliego, intervino para proponer la muerte del árbitro electoral y acaso retornar a los dominios del presidente, como ocurría, a través de la Secretaría de Gobernación, hasta 1989, luego del mayúsculo fraude electoral que ungió a Carlos Salinas escandalosamente; para tratar de redimirse este sujeto ideó formar el Instituto Federal Electoral colocando a un empleado suyo, Emilio Chuayffet Chemor, al frente.

No duró el experimento hasta que, luego de otro fraude no tan escandaloso como el de 1988 pero igualmente tortuoso, en 2006, se desconoció al IFE y se dio vida al INE con autonomía respecto a los poderes de la Unión al igual que los siete sabios que forman parte del TEPJF cuyas decisiones son “inatacables” como no sucede con ningún otro órgano público.

Así las cosas, el mejor instrumento que tenemos los mexicanos para defender nuestra todavía endeble y manipulada democracia es el INE y no el presidente de la República quien, en 2014, en plena fundación de su MORENA, presionó para hacer más severa la fiscalización a partidos y candidatos tras los demostrados derroches durante la precampaña y la campaña del intocable Enrique Peña Nieto.

Ahora AMLO se queja de lo que él mismo propuso en el colmo de sus contradicciones y cediendo gran parte de su credibilidad para las mentes pensantes y estudiosas de la realidad.

Con personaje así en la silla presidencial, México es una nave a la deriva.

La Anécdota

El país es ya rehén de los berrinches de un presidente sectario y muy alejado del sentido democrático de gobernar para todos, incluyendo a sus enemigos a quienes trata con tanto odio y desprecio como si no fueran también mexicanos, simplemente eso, y merecieran ser escuchados y razonablemente respetados.

De allí que la máscara más imperfecta de la 4T, la de una democracia fallida, esté en el suelo, donde quien la portaba la pisotea con descaro. Sí, le ha fallado a los mexicanos y quienes de verdad pensamos y no nos dejamos llevar por los cantos de sirena de las mañaneras, debemos evitar revalidad la atrocidad de su mandato.

Sencillamente, votar por MORENA es acribillar a México, a nuestra patria, vilmente saqueada tantas veces, pero jamás afrentada como ahora al negársele sus derroteros fundamentales a quienes la integramos; la democracia, nada menos.
Lo malo es que igualmente los demás partidos lucen repelentes. ¿A cuál irle?

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