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  • ¿Año de Hidalgo?
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Rafael Loret de Mola

Le llamaban antes el “año de Hidalgo” al último del período presidencial. No sé por qué se utilizaba el apellido del prócer para situar la ingente corrupción en el pináculo de la corrupción, pero así era. Acaso sería para refrendar el advenimiento de los nuevos ricos que alcanzaban su independencia financiera para tres o cuatro generaciones cuando menos echando mano de los recursos públicos y, sobre todo, de las célebres “mordidas” que eran rutinarias en el campo del viejo priismo.

Ahora, como van las cosas, tendríamos que exhibir a todos los patriotas que forman los escudos de la 4T para así cerrar con todos los nombres de los héroes patrios el período más corrupto de la historia, bastante superior a los del pasado. Porque es en este momento cuando surgen los mayores cauces de la infame inmoralidad de los funcionarios bendecidos por la administración del señor López, el mandante pelafustán -por pandillero y descarado-. Estamos en el año de la Corregidora, de Carrillo Puerto, de Morelos, Hidalgo, Juárez, Cárdenas y todos los demás ignorados como Villa, el villano y el patriota, y Zapata, el gran revolucionario. Con ellos podríamos designar al año que corre bajo las insignias de la infamia. No es poca cosa.

Las terribles evidencias sobre algunas ambiciosas vulgares -lo que dice Andrés que no existen en su régimen-, no dejan lugar a duda alguna. La candidata de Morena a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, el centro neurálgico de una República cien veces saqueada, Clara Brugada, tuvo el cinismo de “comprar” una propiedad de ciento cincuenta metros cuadrados a cambio de 336 pesos, menos de un salario mínimo diario. Y no puede zafarse de una acusación directa y contundente; y otra aspirante, al gobierno de Veracruz la entidad más maltratada por los gobernadores pillastres, Rocío Nahle, junto a su esposo José Luis Peña Peña -dos veces Peña para que entendemos lo grotesco-, compraron a través de su sobrina una mansión en Alvarado por cinco millones de pesos que pagaron con un único cheque certificado cuando el valor del inmueble, al que solo puede accederse por yate o barco, es de 45 millones de pesos, nueve veces el valor pagado para congraciarse así con las empresas outsourcing, las especuladoras por excelencia. ¡Qué viva la austeridad de AMLO y secuaces!

Desde luego no para en lo anterior la cosa. A la SEDENA se le “perdieron” ciento cinco millones de pesos destinados a la construcción de un hotel en Calakmul, tierra del tren llamado “Maya” y que debiera cambiar su nombre para honrar a AMLO tras su inminente salida; y por allí se habla de millonarias desviaciones de dinero supuestamente destinadas al Seguro Social para adquirir material médico y que, sencillamente, “desaparecieron” como los más de cien mil mexicanos víctimas del crimen organizado que la guapa secretaria de Gobernación, Luisa María Alcalde, disminuyó a 96 mil mientras favorecía a su hermanita Bertha María colocándola, con el aval del “ínclito” mandante, al frente del ISSSTE luego de ser directora de Cofepris, uno de los inventos más inmorales del período lópezobradorista. Pura familia bien habida, faltaría más.

Podemos seguir con la rebelde Layda Sansores Sanromán, la cabaretera de la 4T quien aparece siempre con una escenografía retacada de fetiches al estilo de la célebre “tigresa” Irma Serrano quien se inventó un romance con Díaz Ordaz alegando que lo había abofeteado en Los Pinos -de haber sido así no habría vivido tantos años ni llegado a ser senadora de la República para vergüenza del Legislativo-. Pues bien, Layda se enamoró, bipolar como es, de Marcelita Muñoz, la güera secretaria de Seguridad Pública a quien le ha permitido meter la mano donde desee. Con ello, claro, la policía se rebeló, no los narcos claro, y la gobernadora si puede nombrarse así, insistió en su apoyo a la “preciosa” funcionaria, como le dice, cuando exigieron los jenízaros las renuncias de ambas querendonas. 

Así están las cosas en el tiempo en que un empresario, Ricardo Salinas Pliego -muy beneficiado por los Fox- le dice a Andrés que está rodeado de corruptos. Bien cabría el refrán: “dime con quién andas…”

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De hecho, el fraude ya se está tejiendo. Entre quinientos y seiscientos haitianos acompañan a la marioneta Claudia Sheinbaum en cada uno de sus mítines bajo el flagelo de Morena. Se estima que son miles los inmigrantes que han sido nacionalizados mexicanos para, con ello, ser acreedores a las credenciales de elector y las tarjetas del bienestar. El compromiso es, por supuesto, que voten por la señora Sheinbaum quien no se cansa de repetir que la época de los fraudes electorales ya pasó… no para ellos.

¿Y cómo se puede corroborar que cumplan con la encomienda? Ya han sido adiestrados, como buena parte de los beneficiarios de las pensiones del “bienestar” -otro fraude-, para que recojan boletas ya marcadas a favor de la morenista sinvergüenza y devuelvan las que reciban en las casillas en blanco. Es un viejo método registrado por los peores priistas de la historia.

Priistas como Eugenio Hernández, ex gobernador de Tamaulipas, la entidad más golpeada por el narcogobierno, quien salió de la prisión para convertirse en candidato al Senado. ¡Qué nadie se sorprenda! Sería una hipocresía cuando hemos atestiguado la presencia del ladrón sindicalista minero, Napito Gómez Urrutia, otro delincuente, pero este intocable, quien volvió del exilio con el que vadeó a la justicia mexicana, para ocupar un escaño sin siquiera hacer campaña.

Un buen sumario para quienes pretendan refrendar al peor gobierno de la historia.

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