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EDITORIAL

 

ISEGORÍA

DESAFÍO

ISEGORÍA

DESAFÍO

  • Mandante al Desnudo
  • Narcos y Elecciones

Rafael Loret de Mola

Si algo faltaba para consolidar la tesis de que hemos estado sometidos a un narco-gobierno, luego de las tremendas aportaciones sobre “el clan” que desnudaron a la familia presidencial, “La Historia Secreta” de Anabel Hernández -Grijalbo, 2024-, precisa las múltiples ocasiones en las que el intocable equipo de Andrés Manuel, y él mismo, acudieron al Cártel de Sinaloa, dividido entre los Dámasos – el Minilic” sobre todo de apellidos López Serrano- y los cuatro “Chapitos”, Iván Archibaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar; además de Ovidio y Joaquín Guzmán López, para recibir mucho más de los 30 millones de dólares utilizados en la contienda de 2006 en la que, pese a esta intervención grosera, no obtuvo AMLO la Presidencia aun cuando se proclamar como víctima de un fraude mayúsculo y mantuviera un plantón en la Ciudad de México, desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo.

Ahora corroboramos lo que sabíamos unos cuantos sin contundencia suficiente: la protesta aquella fue también financiada por los sicarios más célebres de Badiraguato en donde la estatua del Benemérito Juárez parece señalar, con el brazo alzado, hasta dónde debe llegar la altura de los plantíos de mariguana antes de ser cosechados –“El Negocio”, Carlos Loret de Mola A., 2001-.

Por cierto, desde entonces se planteaba también una verdad inescrutable que dibuja el cinismo de sendos gobiernos “socios”, el de México y el de los Estados Unidos: “si se terminara con el narcotráfico la economía de los Estados Unidos caería entre 19 y 22 por ciento, en tanto que la mexicana se desplomaría hasta 63 por ciento”. Tal fue, hace veintitrés años, la información permeada por el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), acaso como un escudo para detener las presiones de los vecinos del norte evidentemente comprometidos con el tráfico de estupefacientes, con inclusión ahora del temible fentanilo que asesina a más de cien mil estadounidenses cada año y que ahonda la tensa relación de México con la mayor potencia del orbe.

La realidad es tan cruda que resulta muy difícil entenderla a plenitud. Pero, sin duda, explica las aparentes sinrazones de la funesta administración de López Obrador a través de los sesenta y cinco meses precedentes y a menos de cinco de su finiquito “definitivo”. También explica la desesperación de la cúpula morenista ante el paso acelerado de Xóchitl Gálvez -quien me dijo que no había tenido ni tendría contacto alguno con los grandes narcos y habrá que creerle hasta probar lo contrario, si pueden los enloquecidos engendros del lópezobradorismo.

Uno de ellos es Nicolás Mollinedo, ahora el más próspero inversionista de Playa de Carmen en igualdad de circunstancias con el magnate televisivo Emilio Azcárraga Jan, quien resulta acusado, con indiscutibles reseñas de testigos incluyendo algunos de los sicarios mencionados, de ser él -aquel chofer con mayores emolumentos durante el paso de Andrés y su Tsuru por la jefatura de gobierno del entonces Distrito Federal-, de recibir las maletas cargadas de divisas verdes y destinadas a la campaña de 2006… pero también, como se narra en el libro documental, en 2018.

Los “abrazos y no balazos” cobran nuevamente gran relevancia al exhibirse los nexos de AMLO, inatacables a la vista de los testimonios narrados, con los mayores jefes de las drogas, en Sinaloa y otras partes del país, con participación activa del Cártel Jalisco Nueva Generación, las familias michoacanas y los Zetas, organizaciones temibles listas, posiblemente, a intervenir con furia en los comicios de junio muy próximo. Si no es así, ¿entonces se trata de intimidar a los presuntos votantes para evitar el ejercicio democrático? De cualquier manera, la afrenta contra los mexicanos está en curso y no es Andrés Manuel garante confiable de los intereses populares sino lo contrario.

Ahora puede comprenderse la furia del mandante contra los periodistas independientes y críticos de su nefasto período presidencial. Él mismo, al contradecirse, lo confirma: antes de leer la obra de Anabel -una gran periodista, sin duda-, la descalificó diciendo que todo, todo lo redactado por ella eran calumnias inaceptables. Bien se resguardó la autora al recordar, en la contraportada o cuarta de forros, las frases lisonjeras que le dedicó AMLO cuando combatía igualmente a los gobiernos anteriores:

“Esta periodista -Anabel Hernández- ha hecho trabajos de investigación de primer orden, es una mujer profesional del periodismo y valiente; es una mujer excepcional”.

Al desacreditar todo el texto, el rufián de Palacio Nacional no se percató que en los primeros capítulos la autora hace referencia a las fallidas estrategias del villano favorito del propio Andrés, Genaro García Luna -también al expresidente Calderón-, y también a los vínculos de Peña Nieto con los mismos sicarios que ahora amparan al mandante pelafustán. ¿Es esta la razón soterrada por la cual, López y su antecesor signaron un acuerdo de no agresión? Por lo menos, AMLO se lo salta cada vez que puede e interrumpió su pretendido ataque contra la corrupción, “de arriba hacia abajo”, con la fallida e inconstitucional consulta sobre el destino de sus corruptos predecesores; corruptos, sí, pero no tanto como él, sus hijos, hermanos, primos, la familia al completo.

Pasan los días y van acumulándose cadáveres políticos -ya son más de treinta candidatos asesinados-, y descubriéndose atrocidades tales como un crematorio en el linde de las alcaldías de Iztapalapa y Tláhuac, continúan los crímenes contra periodistas -en el libro de Anabel se escudriña el caso de Javier Valdez en 2022-, y el despilfarro de recursos públicos a partir de la atracción de las Afores, un fraude mayor al del FOBAPROA que le sirvió de inspiración a López Obrador para uno de sus libros con enormes plagios.

¿Con todo lo anterior es dable pensar que el morenismo puede vencer el dos de junio venidero? Tal sería como un masoquismo nacional. Lástima, sí, que los mexicanos formemos parte de una de las comunidades con menor nivel de lectura per cápita. Solo así avanza la mafia corruptora más allá de colores y partidos.

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