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EDITORIAL

 

DESAFÍO

  • La Calma Presagia…
  • Los Retos de Claudia

Rafael Loret de Mola

Un viejo refrán retrata la situación de gran parte de los mexicanos, sobre todo de aquellos que se sienten incómodos y enervados tras los comicios exuberantes para el poder: “la calma presagia la tempestad”.

No se puede definir de otra manera la aparente apatía, la de los rostros cansados y los puños enterrados, de millones de coterráneos nuestros heridos por el látigo lacerante del autoritarismo, la desvergüenza y la hipocresía. Y no hablo solo de los inconmensurables 35 millones de votos a favor de una candidata que reconoció, hace unos días, la dificultad de sus seguidores y, por supuesto, de sus adversarios -es buena la hora para calificarlos como enemigos-, para pronunciar correctamente su apellido…ni siquiera su gran icono, Andrés Manuel, quien sigue hablando como la mayor “chachalaca” de la historia muy por encima de Vicente Fox quien fue señalado como tal por el propio señor López y del extinto Luis Echeverría quien tenía la habilidad de quedarse dormido, con los ojos abiertos, durante sus interminables reuniones en Los Pinos.

La queja de S H E I N B A U M, para que pronuncien bien los lectores amigos, tiene sentido porque sus orígenes son tan oscuros como los años en que fue una de las voceras de “El Mosh”, Alejandro Echevarría Zarco -quien ahora ha sido acusado de “agitar” a los normalistas de Michoacán, condición que él niega-, cuando tomaron la UNAM, la cerraron y el líder de la secta universitaria fue conducido a la cárcel; Claudia se salvó por un hilo… de otra manera habría tenido antecedentes penales que no le habrían permitido siquiera competir para algún cargo de elección popular.

Pero tal es historia vieja, como la de su origen considerando que, según algunos investigadores, la afortunada candidata del sistema lópezobradorista no nació en México, sino en Bulgaria en donde fue registrada con otro nombre de pila siendo hija de padres extranjeros. Sin mayores datos de por medio se dio como falsa tal afirmación pese al acta de nacimiento de la señora en la “Ciudad de México” y no en el Distrito Federal que era como se señalaba, en 1962, a la gran capital del país. La sospecha permanece al respecto, aunque no es la primera vez que se duda sobre la nacionalidad de los mandatarios o mandantes: a Adolfo López Mateos se le señaló como guatemalteco y al propio AMLO como salvadoreño sin que nadie pudiera corroborarlo.

Pero lo anterior no es lo verdaderamente importante sino la verdadera filiación ideológica de la presunta próxima presidenta de México. Podríamos definir el caso muy sencillamente -pero no de manera superficial-, con una analogía muy a la mano: si AMLO ha sido solo un aprendiz de socialista -con más rasgos egocéntricos que otra cosa-, Claudia debe considerarse una comunista consumada con buen legajo de lecturas sobre la ideología, desde las obras completas de Mao -que también adquirí en mi querida Facultad de Derecho cuando todos nos sentíamos en rebeldía idealizando al guerrillero por antonomasia, Ernesto “Che” Guevara-, hasta las de Marx incluyendo la obra de Martha Harnecker, escritora chilena de altos vuelos y fundamental para entender la filosofía del socialismo. Les aseguro que AMLO, si le preguntan, solo subirá los hombros sugiriendo acaso la mexicanidad del personaje. Revolturas siempre.

En este México a punto estamos de contemplar una de las mayores aberraciones a lo largo de la historia: la desaparición, como la conocemos, de la Suprema Corte de Justicia para erigir otra, por votación universal -así se dice sin que se trate de llevar la querella electoral al extranjero-, a la medida no de AMLO -quien supuestamente sale de Palacio Nacional el 30 de septiembre-, sino de su sucesora, la señora Sheinbaum quien no metería las manos al fuego por alguna de sus parejas: ni Carlos Imaz, el primero, ni Jesús María Tarriba, el actual, muy metidos en los ominosos tratos entre el señor de Macuspana y el crimen organizado. Por aquí deberíamos empezar.

Todo lo que se dice de ellos es considerado mentiras de los conservadores -es decir de cuantos nos oponemos a la odiosa continuidad impuesta-, aun cuando hay evidencias como los videos en los cuales se aprecia a Imaz, René Bejarano y otros recibiendo dinero a manos llenas del empresario argentino Carlos Ahumada cuya detención en Panamá y luego su paso por Paraguay ha revelado inmensas dudas sobre el blindaje generoso de AMLO para evitar escalar en uno de los mayores escándalos de la mal llamada 4T cuyas raíces son profundamente oscuras al constatarse, sin género de dudas, cómo recibieron millones de dólares por parte del célebre Cártel de Sinaloa -y de otros más-, para generar con ello una verdadera batalla entre sicarios, desatando así la mayor violencia en nuestro país de que se tenga memoria, mucho mayor a los tiempos de Tlatelolco y el Jueves de Corpus de 1971, la era de los “halcones” de Alfonso Martínez Domínguez…y Luis Echeverría, por supuesto.

Casi 200 mil ejecutados bajo el régimen de López IV son contundentes evidencias sobre lo antes dicho, aunque los hechos sean minimizados o negados por los grandes beneficiarios de la “transformación” o, más bien, de la resurrección del gatopardismo: apostar por cambiar todo sin que cambie nada. Los gatos pardos de Andrés los llamé desde el primer día -léase la obra editada por la Fundación Loret de Mola cuando las grandes editoriales nos cerraron las puertas luego de publicar más de treinta obras críticas-, y la tesis fue confirmada en el día a día del PEOR régimen de la historia moderna de México, a la par con la satrapía de Antonio López de Santa Anna y la contrarrevolución encabezada por “el chacal” Victoriano Huerta, el asesino de Madero y Pino Suárez con el visto bueno del embajador estadounidense Henry Lane Wilson.

Y tal es preocupante ahora cuando la señora Sheinbaum debió recibir a una comitiva, enviada ex profeso a la ciudad de México, obviamente no para tratar solo cuestiones comerciales, como se dijo, sino para exponer las nuevas condiciones del futuro inmediato de México con una mandataria obviamente comunista, pero sin ánimo de sacudirse a los “gatopardos” de Palacio Nacional.

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