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EDITORIAL

 

LOS CAPITALES

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DESAFÍO

ISEGORÍA

DESAFÍO

  • Desconfianza y Resignación
  • Tremendos Efectos para 2024                        

Por Rafael Loret de Mola

       Hay desconfianza y también incertidumbre pese a que, en muchos casos, la resignación ocupa el primer sitio entre las condiciones de buena parte de los mexicanos ante la imposibilidad de detener el tanque acorazado de Morena y sus adherentes que insisten aún en traficar con algunos legisladores, sobre todo senadores más votados pero ya sin registro como es el caso del PRD, para obtener la ansiada mayoría calificada en ambas Cámaras del Legislativo y así apropiarse de este poder bajo el peso de un presidencialismo compartido: de quien se va y de la que llega.

      Fue un espectáculo deplorable, no solo antidemocrático, la pelea de los morenistas, encabezados por el delicadito Mario Delgado, por ganar a la mala las gubernaturas que perdieron de las nueve en competencia: Jalisco e incluso Guanajuato pese a que ya se había determinado a los ganadores con varios puntos de diferencia. La ambición y las órdenes del mandante pelafustán fueron exhibidas a la par para vergüenza histórica de cuantos participaron en la farsa. En mala hora, digo.

       Obviamente que los efectos del maquillaje electoral y la insólita distancia de Claudia Sheinbaum de sus opositores -además de la preocupante precipitación de éstos por aceptar sus derrotas sin disputar, en serio, voto por voto-, comienzan a sentirse en diversos sectores de la sociedad. Por ejemplo, no pocas organizaciones no gubernamentales insisten en el imperativo de bloquear las sedes del Congreso de la Unión e incluso en tres entidades, Morelos, Veracruz y Yucatán, tratar de impedir la asunción de los gobernadores que distan mucho de contar con el apoyo mayoritario de sus presuntos y disgustados conterráneos -aunque en la tierra que sabe reír y cantar, como decía el flaco de oro, la vencedora es zacatecana y si arraigo en el estado que pretende hacer un botín para sus familiares-.

        También en los días anteriores y me temo que en los cien próximos las noticias sobre desacuerdos y vendettas por parte del aún titular del Ejecutivo van en aumento. Por ejemplo, ya descalificó López a la UNAM -acaso porque tardó catorce años en obtener un título nadando como lo que es, un pejelagarto-, al Fondo Monetario Internacional, cuando estamos ahorcados por una deuda de 15.4 billones de pesos, a la DEA, por cuanto al temor de que comiencen a abrir sus carpetas y aparezcan los López Obrador y los López Beltrán comprometidos, y desde luego a la Suprema Corte de Justicia colocada bajo la espada de Damocles para que cese en sus funciones de contrapeso.

        La reforma judicial ha indispuesto a nuestros “socios” comerciales, esto es a Canadá y USA, por cuanto a la evidencia de que la mandante, en plan sumiso todavía, acapare un poder tal que sea devastador para la democracia, la autonomía entre los poderes de la Unión y las consecuencias de ello para el T-MEC que parece estarse deshaciendo como los aguacates, naranjas y manzanas de origen mexicano bloqueadas comercialmente por los Estados Unidos como un toque de atención a los exabruptos, sin pruebas, de Andrés el gran mentiroso de la vida institucional.

       De lo anterior pueden explicarse también los vaivenes financieros en la Bolsa Mexicana de Valores, en un escenario de turbulencias que harían inclinar la nariz de la aeronave más estable, y del presumido súper-peso que se sitúa en una perspectiva semejante a los días de la “flotación” posteriores al saqueo y quebranto de la economía en 1982, a finales de la administración de José López Portillo quien salvó a los banqueros expropiando a sus bancos de donde habían salido las divisas hacia el exterior: 40 mil millones de dólares, entonces.

        En este momento, la deuda externa del gobierno mexicano atrapa a la futura presidenta en una vorágine: si no compone las políticas financieras, con el mismo secretario de Hacienda de AMLO, Rogelio Ramírez de la O, insistiendo en dar seguimiento a un proyecto fracasado, los efectos de ello serán sencillamente devastadores y los habremos de sentir en los últimos meses de este complejo 2024.

       Ya las ratas saltan del barco… y ni siquiera la consorte de Andrés, la Beatriz que no quiso ser primera dama pero ejerció mucho más que tal, está dispuesta a acompañarlo a “La Chingada” el rancho emblemático que dibuja la cultura de su propietario. Mientras, en octubre inauguraremos el honorífico cargo de “primer caballero” para el consorte Jesús María Tarriba quien niega con vehemencia sus evidentes relaciones con el muerto viviente, Amado Carrillo Fuentes, lo mismo que con Ismael “El Mayo” Zambada, quien a sus 76 años y pese a su poder inigualable en la mafia de todas las mafias nunca ha sido perseguido ni, obviamente, capturado por sus fuertes cómplices en el narcogobierno, no solo el de ahora sino también muy atrás en la precaria historia.

        Ocupado el 80% del territorio nacional por los cárteles, ¿cómo puede gobernarse al país sin intervención de los grandes capos? Es sencillamente imposible y la señora Sheinbaum -no quiero apuntar apodos como los que ya circulan además de los ya conocidos como “corcholata” y “marioneta”-, sabe cuál es su verdadero papel además de mantener intocable la figura del saliente López quien además exige reverencia y la mentira más felona sobre su desastroso mandato: quiere que insistan en que ha sido “el mejor presidente de la historia”. Ni sus hijos corruptos le creen.

        En el listado de venganzas a realizar en los próximos cien días no faltan, desde luego, los críticos y aquellos que le han exhibido. Es incomprensible, por ejemplo, lo sucedido con Ceci Flores, de las Madres Buscadoras, precisamente después de la parodia de Pasta de Conchos, Coahuila, donde muy orondos, mandante y sucesora, pretendieron haber rescatado los restos de los sesenta y cinco mineros calcinados en 2006. Es obvio que las “evidencias” fueron sembradas lo mismo que los huesos de perros y chivos colocados en donde Ceci descubrió restos humanos junto a un horno crematorio en Iztapalapa. El hilo conductor es evidente.

        No hemos salido del oscuro túnel. Al contrario: nos hemos quedado hasta sin linternas para alumbrar el andar de los millones de mexicanos que, una vez más por tuertos, volvieron a equivocarse.

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