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Drogas: Los químicos que matan

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Ricardo Ravelo

Nada frena el consumo de las llamadas drogas de diseño.

Son más baratas –eso sí –, también más fáciles de conseguir, pero con mayormente letales debido a las sobredosis que provoca el imparable consumo de los adictos.

Son más potentes que la cocaína.

            Y toda vías más excitantes que la heroína, incluida la heroína negra, la más adictiva que existe en el mercado mundial.

            Las drogas sintéticas cobran mayor auge en el mercado de consumo, pues se producen fácilmente, son más baratas y, además, resultan ser más adictivas. De acuerdo con datos oficiales, en México ya se consumen estas sustancias, entre otras el fentanilo, por lo que existen altos riesgos de muerte por sobredosis, aunque no se estima que sea todavía un drama como en Estados Unidos, donde en 2021 fallecieron cien mil personas por los efectos nocivos de ese opioide.

            Los cárteles de Jalisco Nueva Generación y Sinaloa, encabezados por Nemesio Oseguera –“El Mencho” –e Ismael Zambada García –“El Mayo” –, respectivamente, son las dos organizaciones criminales que han convertido el tráfico de drogas sintéticas en un negocio muy rentable, pues la demanda en Estados Unidos, principal país consumidor, ha aumentado.

            De acuerdo con datos oficiales consultados, el riesgo de muertes por sobredosis de fentanilo en México es bastante alto. Y es que esta sustancia es consumida por los drogoadictos sin saberlo, pues tanto los narcomenudistas como los jefes de cárteles han decidido mezclar el fentanilo en la heroína, cocaína, cristal y en decenas de sustancias elaboradas con metanfetaminas, lo que incrementa el riesgo de muerte.

            Y es que, de acuerdo con informes oficiales y datos de la DEA, la agencia antidrogas norteamericana, la principal droga por la que muchos mexicanos acuden a tratamiento es la metanfetamina, en su variante conocida como cristal.

            El hecho de que ahora el fentanilo esté mezclado con otras sustancias obedece a que los cárteles de esa forma obtienen mayores ganancias, sin que importe los efectos nocivos que una droga puede ocasionar al estar adulterada con químicos sintéticos.

            En el mundo de las drogas el fentanilo llegó para quedarse, lo que explica por qué es una de las sustancias más demandadas en los mercados de drogas en el mundo, principalmente en Estados Unidos, donde tan sólo en el año 2021 causó la muerte de unas cien mil personas por sobredosis.

            El gobierno de Estados Unidos, así como la DEA, señalan que México es el principal trampolín que utilizan los cárteles para traficar esa sustancia a través de los puertos mexicanos.

            Por otra parte, el gobierno estadunidense también ha hecho un llamado a China para “meter orden” en su industria farmacéutica, de donde provienen los precursores químicos; sin embargo, otro país que ya se convirtió en uno de los principales de vendedores de químicos para elaborar drogas sintéticas es La India, por lo que las alertas se mantienen encendidas.

El auge

            Las drogas sintéticas son sustancias creadas en laboratorio que tienen efectos psicoactivos y son comercializadas en forma ilícita, aunque en muchas ocasiones los narcotraficantes aprovechan el vacío legal que existe a la hora de definir qué es una droga ilegal.

            Muchas drogas sintéticas se venden como drogas de diseño, las cuales resultan atractivas para los jóvenes debido a su llamativo formato: hay pastillas de colores, frascos con líquidos atractivos y bolsas con polvos variados.

            Estas drogas sin sintetizadas teniendo muy en cuenta le legalidad vigente, alterando la composición original del fármaco del que se basan para evitar que se les clasifique como ilegal.

            Básicamente, consisten en réplicas de fármacos descartados para uso terapéutico pero con algunos cambios en su composición, haciendo que no se les pueda considerar como sustancia ilegal.

            No obstante, conforme las autoridades se van poniendo al día con las nuevas drogas que hay en el mercado y las convierten en ilegales los químicos que las producen cambian su receta para poder seguir con su negocio ilegal.

            Así, las drogas sintéticas constituyen lo que se ha llamado “el mercado gris”, a medio camino entre las sustancias de fármacos ilegales y el mercado negro con drogas totalmente ilegalizados.

            Las drogas de diseño no dejan de ser dañinas para el organismo, pero como cada día hay nuevas sustancias, las autoridades tienen un reto complicado al intentar acabar con el mercado.

            Algunas de las centenas de drogas sintéticas se venden por Internet; también en tiendas que les comercializan con la etiqueta “no apto para consumo humano”. Las venden en forma de hierbas, fertilizantes para plantas, sales de baño o limpiadores de joyas.

            Desde al año 2020, cuando se propagó por todo el mundo la pandemia causada por el Covid-19, en Estados Unidos se recrudeció el consumo de drogas, principalmente sintéticas.                                     

            Pero el drama se complicó aún más debido al aumento en el consumo de fentanilo, la droga sintética poderosa, la cual causó unas cien mil muertes anuales en 2020 y 2021, según reportes oficiales.

            En fentanilo es una de las drogas sintéticas más poderosas y adictivas; la DEA, la agencia antidrogas norteamericana, reportó con base en sus informes de inteligencia que dicha droga es exportada a Estados Unidos desde México por parte de los cárteles de Sinaloa y Jalisco, dos de las más fuertes organizaciones criminales del mundo.

            Los precursores químicos para elaborar el fentanilo provienen de Asia, pero la producción se realiza en México; su exportación a varios países del orbe se realiza a través de los puertos mexicanos. Las principales terminales portuarias donde se opera su envío es Manzanillo y Lázaro Cárdenas, dos de los puertos donde opera el crimen organizado a gran escala.

            Los reportes de inteligencia de la DEA también indican que los puertos de Veracruz, Puerto Progreso, en Yucatán, Tuxpan, entre otros, son utilizados para mover el opioide.

            Esa fue la razón por la que el gobierno de Estados Unidos le solicitó a México militarizar el país, es decir, que las Fuerzas Armadas se hicieran cargo de la seguridad en aduanas, puertos y aeropuertos en todo el país. Lo anterior lo dejó claro la vicepresidenta de ese país, Kamala Harris, durante su visita, el año pasado, a México y Guatemala, respectivamente, donde planteó la preocupación estadunidense por la seguridad y la migración en toda América Latina

La producción y consumo de fentanilo –una de las drogas sintéticas más adictivas y mortales –se ha convertido en una fiebre. Exportada de China, el opioide entra a México a través de las terminales aéreas y marítimas y ex importada por las amplias redes que disponen los cárteles de Jalisco Nueva Generación y Sinaloa, las más poderosas de América Latina.

            Hasta hace dos años, el fentanilo era traído de China, donde se han localizado unos cinco mil sitios donde se puede adquirir; las redes de distribución colocaban la sustancia en territorio estadunidense a través de buques, pero después escogieron a México como puente para hacer llegar la droga a la frontera norte. Luego es cruzada a Estados Unidos en vehículos particulares o a través de túneles.

            Ahora la dinámica ya cambió. De acuerdo con informes consultados en la Agencia Antidrogas Estadunidense (DEA) y en la Fiscalía General de la República (FGR), el fentanilo ya se produce en México. Y a gran escala. Los cárteles de Sinaloa y Jalisco importan los precursores químicos y se elabora la droga sintética en laboratorios localizados en Michoacán, Colima, Culiacán, entre otras ciudades, donde ambos grupos criminales disponen de expertos en la producción de esa sustancia que ha causado furor entre los consumidores estadunidenses. Todo se realiza con protección policiaca y/o militar.

            En los últimos años es cada vez mayor la demanda de las drogas sintéticas, entre ellas el fentanilo; esto ha derivado en que los cárteles de Sinaloa y Jalisco hayan entrado en negociaciones con bandas del narcotráfico chinas dedicadas a la distribución de ese químico que, de acuerdo con expertos, está considerado no sólo uno de los más adictivos sino que es mortal.

            Y es que el fentanilo, de acuerdo con su historial, es una sustancia sintética que ya se convirtió en una suerte de epidemia dentro del voraz mercado de consumo estadunidense. Según cifras de salud, se calcula que unas 50 mil personas mueren cada año por sobredosis. La adicción es inmediata y, según estudios consultados, es irreversible.

            Esto derivó en una crisis dentro de Estados Unidos, que exigió a los países de la región latinoamericana vigilar más sus fronteras y evitar el tráfico de fentanilo. Pero en México ya se encendieron las alertas en este sentido, ya que las organizaciones chinas han escogido al territorio nacional como puente para hacer llegar la droga a Estados Unidos. Esa es la razón por la que en México ahora son más frecuentes las incautaciones de esa sustancia sintética.

            De acuerdo con informes policiacos, la droga se mueve por las terminales aéreas y marítimas; también por carreteras. En el año 2020 hubo un aseguramiento de fentanilo en el aeropuerto de Culiacán, Sinaloa, pero luego las autoridades asestaron un fuerte golpe en el puerto de Manzanillo, Colima. Ahí se aseguraron 23 toneladas de precursores químicos para elaborar fentanilo. El golpe ocurrió en agosto de 2019. Este hecho encendió las alertas.

            La fuerte presencia de esta droga en territorio nacional encendió las alarmas en el convulsionado mundo de las drogas. El fentanilo cobró fuerte demanda y se colocó como la droga de preferencia de millones de consumidores, desplazando a la amapola, base de la goma de opio, la marihuana e incluso a la heroína.

            Su fuerte demanda en México, pero sobre todo en Estados Unidos hizo posible que dos cárteles mexicanos –Sinaloa y el de Jalisco –agilizaran sus operaciones y pronto establecieron amplias redes con cárteles chinos para producir la droga.

            También impusieron nuevas dinámicas en el tráfico. Esto comenzó a notarse a partir del año 2017, de acuerdo con información de la DEA. Hasta esa fecha el fentanilo se enviaba desde China a las diversas ciudades estadunidenses. Más tarde, las rutas se modificaron, pues ambos cárteles diversificaron sus formas de introducción al mercado estadunidense.

            Fue entonces cuando las autoridades mexicanas y estadunidenses comenzaron a detectar que tanto el cártel de Jalisco como el de Sinaloa empezaron a importar precursores químicos para producir fentanilo en laboratorios propios. Así se convirtieron en los principales abastecedores del mercado estadunidense.

            Sin embargo, algunas modalidades de tráfico se mantienen, por ejemplo, el envío por correo y vía aérea. Una de las formas más socorridas es la transportación en contenedores, en barcos de carga, que salen de los puertos de China –Hong Kong es uno de los más activos en este rubro –y llegan directamente a Estados Unidos. Los puertos mexicanos juegan un rol clave, pese a estar militarizado; lo mismo ocurre en las aduanas. Los criminales y los funcionarios corruptos se aprovechan de la ignorancia de los miembros de las Fuerzas Armadas en los temas aduanales. Así logran cruzar la droga al mercado de consumo más boyante.

            Los chinos se han especializado en camuflagear los cargamentos, los que disfrazan  “de cualquier cosa”, según explica una fuente consultada. La droga, explica la misma fuente, puede arribar en contenedores de jabón, en muñecos de yeso o de porcelana, saturada de papel y relleno y así se disimula el verdadero contenido de la carga.

            En Sinaloa, por ejemplo, uno de los cuantiosos aseguramientos ocurrió al revisar unas estrellas de madera. Según datos de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), varios cargamentos con estas características se han detectado en diversos puertos mexicanos, como Lázaro Cárdenas y Colima, respectivamente. Ambas terminares marítimas están consideradas las más socorridas por los criminales para el arribo de fentanilo.

La impunidad

Recientemente, efectivos de la Secretaría de la Defensa Nacional, aseguraron en Culiacán un cuantioso cargamento de fentanilo. En total fueron 118 kilogramos. Su valor, según datos oficiales, es de casi mil millones de pesos. Ese aseguramiento fue catalogado como uno de los más cuantiosos, pero ¿Cuántos cargamentos más robustos han cruzado hacia Estados Unidos? En realidad un decomiso no dice absolutamente nada considerando el amplio mundo de las drogas. Por cada cargamento asegurado puedo asegurar que pasan diez, por decir lo menos.

            Las terminales marítimas no son las únicas que son utilizadas para el tráfico de esa sustancia. Las terminales aéreas de Culiacán, Manzanillo y Ciudad de México también tienen una fuerte dinámica en el movimiento de fentanilo, de acuerdo con reportes de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

            En México el fentanilo se elabora en laboratorios clandestinos que, de acuerdo con datos oficiales, han sido detectados en Michoacán, Jalisco, Sinaloa, Durango y Baja California.

            Después, la sustancia se envía a la frontera norte, particularmente a Tijuana, Baja California, desde donde cruza a San Diego, California. Cuando la sustancia está en territorio estadunidense comienza su distribución en latas de comida, piezas de automóviles, juguetes o incluso en bolsas con dulces.

            La razón por la que los cárteles mexicanos se han involucrado en el tráfico de fentanilo tiene una explicación: es altamente rentable. Según datos publicados en 2020 por el diario “El Universal”, producir un kilo de fentanilo cuesta 32 mil dólares. Con ese kilo se producen un millón de dosis que, de acuerdo con cifras de la DEA, arrojan ganancias de hasta veinte millones de dólares.

            Este boyante negocio ha transformado a los cárteles de Jalisco y Sinaloa en organizaciones criminales trasnacionales, pues según la DEA ambos cárteles tienen presencia en Asia y Australia precisamente porque en esos puntos del planeta disponen de los proveedores de los precursores químicos.

            Cabe decir que el cártel de Jalisco comenzó traficando drogas sintéticas desde que fue fundado por Abigael González Valencia, cuñado de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, actual jefe de esa organización, allá a mediados de los años noventa.

            Por lo que respecta a Sinaloa, su fuerte es el tráfico de marihuana y cocaína, pero se involucró en el movimiento de fentanilo precisamente por su alta rentabilidad y poca inversión. Ambos grupos criminales disponen de amplias redes en los puertos mexicanos, de ahí que el gobierno de Estados Unidos haya externado su preocupación por el tráfico de ese químico a través de las terminales marítimas.

            En su visita a Guatemala y México, Kamala Harris, vicepresidenta de Estados Unidos, expuso que, debido al alto flujo de fentanilo en los puertos mexicanos, el gobierno de Estados Unidos le pidió al gobierno de Andrés Manuel López Obrador que las Fuerzas Armadas se ocuparan de la seguridad de los puertos.

            Esa fue la razón por la que el gobierno de México ha procedido a militarizar todo el país; también explica por qué la Guardia Nacional ahora debe ser coordinada desde la Secretaría de la Defensa Nacional. En el fondo de todo está la seguridad de la frontera estadunidense y sus intereses económicos en México.

            Sin embargo, pese al blindaje militar –que por cierto es histórico en el gobierno de la Cuarta Transformación –el tráfico continúa. De acuerdo con fuentes consultadas “los militares no son incorruptibles. También son alcanzables”.

            De acuerdo con informes de la DEA, los cárteles implicados en el tráfico de drogas sintéticas, entre otras el fentanilo, son el de Jalisco Nueva Generación y Sinaloa.

            Operan a través de los puertos mexicanos, donde han construido importantes redes criminales y complicidades para poder colocar las sustancias en el mercado norteamericano.

            Hasta ahora, dichas redes se mantienen impunes y no menos sólidas, pues las autoridades mexicanas, por complicidad o incapacidad, no han podido desarticularlas.