- Mónica Aralí Soto Fregoso se va del Tribunal Electoral de la Federación. La togada que defendió el acordeón en la elección judicial y que defendió a ultranza la sobrerrepresentación del actual régimen en el Congreso de la Unión deja los tribunales con la palabra “retroceso” cómo su principal legado.
Por Noé Zavaleta/Grupo Sol Corporativo
Hay renuncias que son simplemente eso: renuncias. Y hay otras que obligan a revisar el expediente completo antes de cerrar la puerta. La de Mónica Soto Fregoso pertenece a la segunda categoría.
La magistrada anunció su salida anticipada de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Su encargo, que originalmente se había extendido hasta 2028 por los cambios constitucionales que movieron la elección de magistraturas electorales, concluirá el próximo 31 de agosto. Con su salida y la vacante que dejó previamente Janine Otálora, el máximo tribunal electoral del país quedará con cinco de sus siete integrantes. Un poco cojo, como se dice en el argot jurídico.
Mónica Soto se va dejando detrás una de las gestiones más controvertidas del Tribunal Electoral en los últimos años. Empecemos por aquella decisión que cambió la correlación de fuerzas en el Congreso.
El 28 de agosto de 2024, la Sala Superior avaló, por cuatro votos contra uno, la asignación de diputaciones plurinominales que permitió a Morena, PT y Verde alcanzar 364 de las 500 curules de la Cámara de Diputados. Es decir tener una sobrerepresentación legislativa del actual régimen en el gobierno. Sí antes hablábamos de “La Arrolladora Banda del PR”, con Soto en el Tribunal, empezamos a hablar de “La Arrolladora Banda Morenista”.
Los 364 diputados representaron el 72.8% de San Lázaro y le dieron al oficialismo la mayoría calificada necesaria para modificar la Constitución a placer y sin recato alguno, sin necesitar los votos de la oposición. Mónica Soto votó a favor.
El problema político es que esa interpretación produjo un resultado gigantesco: una fuerza política que obtuvo poco más de la mitad de los votos terminó con casi tres cuartas partes de la Cámara.
DESPUÉS LLEGARON LOS ACORDEONES
Pero si aquella decisión fue el principio de la historia, la elección judicial de 2025 fue quizá su capítulo más simbólico.
Porque entonces aparecieron los famosos acordeones.
Listas impresas y digitales con nombres y números de candidatos que circularon durante la elección de jueces, magistrados y ministros. No era una leyenda urbana.
El propio Tribunal tuvo ejemplares en sus manos.
En agosto de 2025, la Sala Superior desechó los argumentos para invalidar 17 contiendas judiciales por considerar que no existían pruebas suficientes de que los acordeones hubieran sido determinantes en los resultados. Soto, junto con Felipe Fuentes y Felipe de la Mata, votó en ese sentido.
Y aquí apareció una de las frases que probablemente quedarán pegadas a su legado. “SÍ existen acordeones”, reconoció Soto.
Pero, explicó, eso no bastaba para anular el voto de más de 13 millones de personas.
El argumento fue que había que demostrar quién los hizo, cuánto costaron, dónde se imprimieron, cómo se distribuyeron y, sobre todo, qué impacto tuvieron sobre el resultado.
La pregunta incómoda era otra:
¿Qué más necesitaba pasar para acreditar que aquellas listas no eran simplemente papelitos decorativos?
En otro momento de la discusión, Soto cuestionó cómo podría demostrarse que los acordeones habían sido determinantes. La mayoría concluyó que no había prueba plena.
Y así, la elección judicial siguió adelante, los acordeones sobrevivieron. La elección también.
La duda sobre su legitimidad, esa sí, se quedó instalada.
Incluso después, en octubre de 2025, el mismo bloque integrado por Soto, Fuentes y De la Mata votó por revocar multas por 6.3 millones de pesos impuestas por el INE a juzgadores cuyos nombres aparecieron en acordeones, al considerar que no se había acreditado suficientemente su utilización en la elección.
Digamos que el acordeón -gracias a la magistrada Soto- tuvo más vidas que un gato.
La mujer que defendía a las mujeres… hasta que llegó “Dato Protegido”
Luego está el caso de Karla María Estrella. Una ciudadana que publicó en redes sociales una crítica contra la diputada Diana Karina Barreras, (cónyuge del entonces presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Gutiérrez Luna).
El asunto terminó en el Tribunal Electoral como un caso de violencia política contra las mujeres en razón de género. Y ahí apareció uno de los episodios más surrealistas de esta historia.
La ciudadana fue obligada a ofrecer una disculpa pública durante 30 días consecutivos. Pero no podía mencionar por su nombre a la persona a la que debía disculparse. Tenía que dirigirse a ella como: “Dato Protegido”.
Sí. En pleno México de las redes sociales, una ciudadana terminó ofreciendo disculpas públicas durante un mes a una persona cuyo nombre estaba perfectamente identificado por todos.
La libertad de expresión no debería depender de si la persona criticada tiene cargo, fuero político o amigos en el poder.
Y LUEGO APARECIÓ PÍO LÓPEZ
Como si faltara otro capítulo. En marzo de 2026, el Tribunal Electoral confirmó por unanimidad el criterio del INE que concluyó que no había aportaciones ilegales a la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador en 2018 derivadas de los videos en los que aparece su hermano, Pío López Obrador, recibiendo dinero en efectivo de David León.
El proyecto que llegó a la Sala Superior fue elaborado por Mónica Soto. El Tribunal sostuvo que el INE había realizado una investigación exhaustiva y valorado las pruebas disponibles. Legalmente, el expediente quedó cerrado.
Políticamente, el episodio volvió a alimentar las sospechas de quienes llevan años cuestionando la independencia del Tribunal frente al poder político.
Porque una cosa es lo que dice una sentencia. Y otra, inevitablemente, es la percepción que dejan las sentencias cuando una y otra vez terminan favoreciendo al mismo lado de la cancha.
Ahora viene la pregunta incómoda
¿Por qué se va Mónica Soto?. Oficialmente, porque decidió cerrar un ciclo. Eso es lo que dice su carta de renuncia.
Pero dentro del ambiente político circula otra versión: que tendría encaminado algún cargo diplomático, incluso un consulado en Houston o Barcelona. En una de esas en alguna embajada de algún paraíso turístico de nivel mundial, para premiar todos los favores prestados no a la patria, sino al gobierno de la Cuarta Transformación.
Total, se va la magistrada, Mónica Soto, pero sus fallos -en sentido jurídico y literario- se quedan.
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