- La administración de Joaquín Díaz Mena se desploma en la percepción pública y demuestra una destreza inédita para pulverizar el capital político en tiempo récord
- En un despliegue de austeridad de credibilidad, la confianza ciudadana tocó fondo: hoy, tres de cada cuatro yucatecos confirman que prefieren no poner sus manos al fuego por el Ejecutivo estatal
- Del lugar 13 al 20 en las mediciones nacionales, el tobogán demoscópico del mandatario morenista evidencia que la única transformación garantizada ha sido la del entusiasmo en descontento
Redacción/Sol Yucatán
El gobierno de Joaquín Díaz Mena avanza a pasos agigantados, solo que hacia abajo. Con una destreza digna de aplauso, la administración estatal ha logrado desplomarse en la percepción pública en tiempo récord, demostrando que la gravedad también aplica a la política.
Los datos de Massive Caller confirman la hazaña: un raquítico 39.1% de aprobación ubica al mandatario en el codiciado puesto 27 de 32 a nivel nacional. Un aplastante 60.9% de la ciudadanía prefiere guardarle distancia al proyecto de la transformación local.

Pero el verdadero logro es la confianza ciudadana, donde tres de cada cuatro yucatecos desconfían abiertamente del Ejecutivo. Lograr que el 73.6% de la gente no te crea nada requiere una constancia y una dedicación admirables.
Por si fuera poco, Mitofsky registra la acelerada velocidad del tobogán: siete posiciones perdidas en solo doce meses. Caer del lugar 13 al 20 en un año demuestra que el mandatario no descansa cuando se trata de perder capital político.
En conclusión, Yucatán presiona el acelerador en el arte del desgaste prematuro. Mientras la aprobación se hunde, el gobierno morenista puede presumir algo inédito: haber unido a la mayoría del Estado, aunque sea para estar en su contra.
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