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ENTRESEMANA

El turno del IMER

Moisés Sánchez Limón/Sol Yucatán

Desde el humilde Palacio Nacional, Su Alteza Serenísima Andrés Manuel
I se ensaña con el gremio de los periodistas.

Usted disculpará, no descubro el hilo negro; el tema amerita la referencia.

Mire usted. En la enfermiza revancha personal contra las empresas de
medios de comunicación y los llamados líderes de opinión que no le han
sido afines, sus alfiles en la dirección de los medios públicos han
entendido que la tarea de servicio al interés presidencial implica
deshacerse de sus trabajadores a como dé lugar.

Así, el Instituto Mexicano de la Radio está en el turno al bate; palo
a sus trabajadores, home run contra la máxima perro no come perro
porque el cancerbero de la comunicación de la 4T devora a los de casa
y sin materia gris no entiende razones, como Gabino Barrera. ¿A poco
no?

Falaz, el Duce López Obrador presume respeto a la libertad de
expresión, al libre ejercicio del periodismo, pero utiliza a una
batería mercenaria para denostar a los profesionales del periodismo y
ocupar espacios de privilegio en las conferencias de prensa, en las
que el vocero presidencial Jesús Ramírez aplica la etiqueta de “se
reserva del derecho de admisión”. Pero…

«No deben preocuparse los trabajadores al servicio del Estado, porque
no va a haber un solo despido, no se va a despedir a nadie ni
trabajadores de base ni sindicalizados, a nadie, porque es un
compromiso que hicimos», sostuvo el Duce López Obrador el 3 de
septiembre del año pasado, 2020.

¿Y?

El uso faccioso y propagandístico del sistema público de radiodifusión
del Estado mexicano pasa por encima de los derechos de sus
trabajadores, especialmente de los reporteros que, en estos tiempos de
lo inédito, están groseramente convertidos en reporteros kleenex, es
decir: los usan y desechan sin respeto a sus derechos profesionales,
humanos y laborales.

Qué le digo de lo ocurrido en la agencia informativa del Estado
mexicano Notimex, estallada el 21 de febrero de 2020, litigio que han
negado a ordenar, como máxima autoridad del Poder Ejecutivo, la
dimisión de la directora Sanjuana Martínez, responsable del conflicto,
y atender las demandas de los colegas de la agencia.

¿Será que al licenciado presidente y sus comedidos directivos en los
medios públicos les pesa que la creación del Sistema Público de
Radiodifusión del Estado Mexicano sea obra de la administración del
odiado neoliberal Enrique Peña Nieto y se desquitan con el personal?

No está de más pensar en esa posibilidad cobijada por la revancha y la
negativa de lo pasado, porque todo lo pasado huele mal. ¿Respeto a la
ley? ¿Respeto a los derechos laborales de los trabajadores de los
medios públicos? ¡Bah!

Vaya, en los tiempos del partidazo en el poder y la breve estancia de
la oposición albiazul en Los Pinos, hubo casos de despidos
injustificados lo mismo en Notimex que en Canal Once –hoy conocido
solo como Once–, el IMER o el Canal 22, pero que se sepa siempre
fueron ganados por los colegas o trabajadores administrativos. ¿Hoy?
¡Hágale como quiera!, porque las demandas laborales duermen en el
archivo, otras han corrido la suerte del fallo positivo después años
en lista de espera. Son excepciones.

Pero, ¿qué ocurre en el IMER?

Decía que el Instituto Mexicano de la Radio, creado el 25 de marzo de
1983 y cuyo eslogan es: Somos radio pública, con cobertura nacional,
está en el turno al bate de este juego contra los reporteros, la
delgada parte de este hilo en la revancha contra los medios de
comunicación.

Y, a la indignante situación laboral en la que Su Alteza Serenísima
Andrés Manuel Primero mantiene a Notimex, suma otra crisis en el IMER
que, a su libre albedrío con ausencia de rubor propagandístico dirige
Aleida Calleja Gutiérrez y la activista Elia Soledad Baltazar González
en calidad de directora del Sistema Nacional de Noticieros.

Mire usted. Trabajadores de base, confianza y de honorarios denuncian
abusos y la existencia de un clima laboral tóxico y hostil en el
Sistema Nacional de Noticieros y en distintas  gerencias de las
emisoras del IMER, donde se han documentado formalmente quejas y
atropellos sobre tráfico de plazas, imposición de cargos públicos,
abuso de autoridad y acoso laboral.

¿Algo más del demócrata proceder de las autoridades del IMER? Bueno,
han despedido injustificadamente a gerentes, locutores, productores,
reporteros, redactores y analistas técnicos.

Lo más grave es que, durante la pandemia, han muerto 10 trabajadores
por Covid 19, quienes fueron obligados a trabajar presencialmente sin
contar con las medidas ni protocolos sanitarios. Entre los fallecidos
se encuentra personal de ingeniería, investigación, archivistas e
intendencia.

Y échese este trompa a la uña, como diría mi admirada China Mendoza:
ante  autoridades de las secretarias del Trabajo y Previsión Social y
de la Función Pública, así como de la Fiscalía General de la República
y tribunales laborales se han presentado infructuosamente quejas y
denuncias contra directivos del IMER.

Qué raro, si el licenciado presidente, reitero, dijo en septiembre del
año pasado que «no deben preocuparse los trabajadores al servicio del
Estado, porque no va a haber un solo despido, no se va a despedir a
nadie ni trabajadores de base ni sindicalizados, a nadie, porque es un
compromiso que hicimos».

Y, mire usted lo que ocurre en el área de noticias del IMER, donde
personal de 20 a 30 años de servicio fueron despedidos
injustificadamente, bajo argucias, presiones, amenazas y mentiras.
¿Será porque son aspiracionistas y profesionales? Y es que, el
personal cesado cuenta con maestría, licenciatura y larga trayectoria
en el periodismo; mientras ningún directivo del área de noticias se
encuentra titulado como lo establece y exige la Ley de Servidores
Públicos.

Vaya, vaya. ¿Lo sabrá el Duce? Los afectados denuncian ser objeto de
terrorismo laboral, humillaciones y fabricación de falsos argumentos
para despedirlos y evitar la liquidación conforme a Derecho. Y se
acumulan juicios laborales por despidos injustificados en  tribunales;
se nutre el archivo muerto.

Hay más: durante la contingencia sanitaria se generó un clima de
encono, temor y discriminación; además de la aplicación de largas
jornadas laborales que superan por mucho lo establecido en la Ley
Federal del Trabajo.

En este escenario, de acuerdo con denuncias de trabajadores que, por
supuesto, no pueden ser identificados por temor a represalias, la
actuación de Aleida Calleja Gutiérrez y Elia Soledad Baltazar González
refleja una conducta indigna al generar un ambiente laboral  hostil,
irrespetuoso e insensible que transgrede principios y valores
plasmados en la Ley de Servidores Públicos.

¿Qué le parece? La paradoja: agresiones a trabajadores de los medios
de comunicación públicos no son públicas y Su Alteza Serenísima hace
como que la virgen le habla. ¡Al diablo los periodistas aunque sean de
casa!

Indigna y preocupa. Más allá de sus problemas laborales, similares al
conflicto en Notimex, el IMER se aleja de ser una radio del Estado
Mexicano al convertirse en un órgano propagandístico de la 4T. Solo
basta sintonizar cualquiera de sus emisiones noticiosas o escuchar
comentarios de sus colaboradores.

¿Por qué no interviene el licenciado presidente e instruye atender
demandas de los agraviados? ¿Cuesta mucho reinstalarlos y cubrir pagos
rezagados e indemnizaciones, es decir, cumplir con la ley y remover a
directivos que no cumplen con el perfil profesional que exige la radio
pública?

Lo dicho: junto con el maltrato a sus trabajadores, la mala fe, el
revanchismo y las mentiras ponen en duda la imparcialidad y pluralidad
de los medios públicos. Bueno.

¡Ah!, por cierto, merced al profesionalismo de sus directivos, el IMER
está en riesgo de perder concesiones, entre estas la de Opus 94.5.

Parafraseo al Duce Andrés Manuel López Obrador, también conocido como
Su Alteza Serenísima: pobre Sistema Público de Radiodifusión del
Estado Mexicano, tan lejos de la libre expresión y tan cerca de la 4T.
Digo.

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