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ESTADOS UNIDOS Y LA NEGACIÓN DE SUS CÁRTELES

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*Alta tecnología y capacidad para detectar narcos en todo el mundo

*Miopía e ineficiencia para ubicar y detener a los “de casa”

*Minimiza y oculta a sus narcotraficantes y magnifica a narcos latinos

*“Miicrotráfico”, suple con creces a organizaciones criminales

José Sánchez López / Corresponsalías Nacionales / Grupo Sol Corporativo

“En Estados Unidos no hay organizaciones del narcotráfico”

Estados Unidos. – Ese ha sido el discurso oficial utilizado por el gobierno norteamericano para culpar a países latinos, principalmente a México, de las miles de toneladas de estupefacientes que llegan al mercado de mayor consumo de drogas en el mundo; aunque ello es una verdad a medias porque si bien no hay carteles con una estructura como tal, si existe el “microtráfico” que se encarga de “mover” los miles y miles de kilos de droga que arriban a ese país.

En tales apreciaciones coinciden expertos antidrogas, agentes de la DEA, académicos y periodistas especializados en el rubro, quienes al abundar en el tema detallan que los “minicárteles” los conforman pandilleros, amas de casa, empleados, choferes, gente común, que, precisamente por su bajo perfil, no llama la atención y pasa desapercibida, con lo que se refuerza la versión gubernamental de que en su país no hay cárteles de la droga.

A principios de marzo del 20/21, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EU (ICE), de manera inédita, informó en un boletín de la detención de Tangynica Johnson, Keith A. Brownson, James Noyes y Russel P. Johnson.

El hecho resultó insólito, porque cuando EU toca el tema del narcotráfico los nombres predominantes de los delincuentes son latinos, principalmente mexicanos, difícilmente da conocer nombres de narcotraficantes gringos y más aún sus perfiles.

En ese caso, los cuatro estadounidenses se declararon culpables, pero en el comunicado se resaltó que el jefe de la organización, que se componía de 40 integrantes más, todos norteamericanos, era Ramiro Ramírez Barreto, de quien sí dieron datos; 44 años de edad, oriundo de Morelos y líder del grupo.

Ramírez Barreto y los más de 40 narcos estadounidenses, de los que no dieron nombres, según el gobierno norteamericano, se declararon culpables de haber vendido droga en Virginia desde 2019 dentro de la operación “Cookout” (comida al aire libre), pero sólo cuatro nombres se dieron a conocer de la lista de narcos gringos, los demás se ocultaron.

En otro despacho, el Departamento de Justicia de los EU indicó que, hasta diciembre del 2020, Kenneth Smith, junto con 14 cómplices más, hanía dominado el tráfico de cocaína y heroína, sembrando el terror en las calles de Nueva York, pero en esa ocasión ni siquiera hubo fotografías de los implicados, como regularmente sucede cuando los detenidos son narcos gringos, a diferencia de cuando los marcos son latinos o mexicanos.

“Estos casos demuestran que solamente en el papel o esporádicamente ante tribunales, el gobierno norteamericano reconoce y admite la existencia de grupos estadounidenses de narcotráfico. Regularmente se dedica sólo a resaltar a criminales mexicanos o latinos, tratando de ocultar una realidad de la que se da cuenta día a día la sociedad norteamericana”, precisó Alejandro Madrazo, investigador del Centro de Investigación y Docencia.

Al respecto, Raúl Benítez Manaut, investigador y el consultor Falko Ernst, coincidieron en señalar que es común que el gobierno norteamericano no de nombres, “tenemos una narrativa muy peculiar del conflicto, porque se trata de una responsabilidad compartida: mexicana y norteamericana, un problema multinacional y sin embargo EU solamente destaca la parte mexicana”.

Madrazo añadió que EU no utiliza a sus fuerzas armadas para detener la droga en su territorio. No lleva a cabo acciones en su país como en otros continentes para combatir el narcotráfico y menos aún el consumo, no trata de contener el paso de la droga en sus fronteras y es común que no haya siquiera retenes en sus carreteras.

Falco Ernst, investigador en jefe de la organización Crisis Group, de análisis en varios países, rechaza que sean mexicanos los que controlen todos los eslabones de la cadena hasta llegar al comprador final, “lo que existe es un modelo mixto en el que hay participación mexicana con distintos niveles de jerarquía y protagonismo en las diferentes etapas y lugares”.

Expertos antidrogas señalan que es muy difícil que exista un «Chapo Guzmán estadounidense», no porque no se muevan millones de dólares y no existan traficantes de drogas en el país que es el mayor consumidor de drogas en el mundo, sino por la manera en que se organiza el narcotráfico.

OPERATIVIDAD DE LOS CÁRTELES GRINGOS

En EU no existen cárteles famosos, como los mexicanos, ni grupos armados que se disputan territorios de cultivo de coca, como en Colombia, sin embargo, sí existen organizaciones dedicadas al “microtráfico” que transportan y venden estupefacientes por todo su territorio, una estrategia para no aparecer en el radar.

A partir de allí, sigue una red de grupos y prestadores de servicios que se extiende por todos los mercados en los más de 9 millones de kilómetros cuadrados de la Unión Americana.

Polo Ruiz, agente de la DEA en Arizona, es enfático al reconocer la existencia de “cárteles domésticos” integrado por pandillas y clubes de motociclistas. Negocian directamente con narcos colombianos y controlan la distribución y venta de droga en los 50 estados de los EU.

Entre ese tipo de grupos destacan Los Hells Angeles y Los Bandidos, añadió, además de que estanos pasando por una epidemia de laboratorios clandestinos, asesorados por los cárteles de Sinaloa y Jalisco. En cualquier ciudad, hay una pandilla en particular que tiene el control y comunicación con cárteles mexicanos.

“Hay una verdad absoluta, que una vez que las drogas cruzan la frontera no se mueven solas. No es tan fácil como bajar a la frontera, alguien tiene que repartirlas, empaquetarlas, transportarlas, y eso lo hacen millares de ciudadanos norteamericanos de los que nadie sospecha”, resaltó.

Para la mayoría, la imagen que se tiene de un narcotraficante latino o mexicano, es de un personaje de piel morena, con camisa de seda de colores chillantes, sombrero, botas y cinturones de pieles exóticas y luciendo joyas ostentosas, es decir, fácilmente identificable.

Pero la apariencia de los traficantes estadounidenses es muy distinta. En general se trata de personas de tez blanca, con ojos de color, vestidos con ropa casual o deportiva.

También hay madres de familia, a veces con hijos pequeños, y muchas veces negociantes o empresarios locales. Son personas discretas, que no despiertan sospechas de la policía e incluso tampoco de sus vecinos o amigos.
En ciudades como Chicago las pandillas se encargan de la mayor parte de la venta en algunos barrios, pero en otros sitios los proveedores pueden ser estudiantes, amas de casa, comerciantes, etcétera.

Esa es la realidad del narcotráfico en Estados Unidos, de hecho, los distribuidores locales son independientes y pueden trabajar con carteles distintos o con varios al mismo tiempo.

El vínculo con las grandes organizaciones de las drogas es comercial, sujeto incluso a las variaciones del mercado, aunque sí queda claro que las organizaciones mexicanas son la base central de todas las operaciones del tráfico en Estados Unidos.

Muchos ni siquiera saben para qué grupo mexicano están trabajando, pero sin los carteles de América Latina los narcos gringos no existirían. Sin las rutas que conocen, su sistema de transporte y sin las técnicas de cómo distribuir, empaquetar y dividir las drogas, no podrían funcionar ni ser tan exitosos como son los minicárteles gringos

El papel central en todas las operaciones corresponde a los llamados «brokers» o intermediarios, personajes que contactan a los carteles proveedores y se encargan de la mayor parte de la ruta que siguen las drogas en territorio estadounidense.

La operación empieza cuando los cargamentos cruzaron exitosamente la frontera con México.

Los «brokers» buscan bodegas o casas para guardarlos, y a veces también contactan a los dueños de ranchos en la frontera con los capos mexicanos para acordar el libre paso de su mercancía.

En caso necesario consiguen personas que les ayuden a empaquetar o seleccionar la droga, así como para resguardar el cargamento. De esa labor suelen encargarse pandillas locales.

El siguiente paso es mover los paquetes a su destino, para ello los brokers contratan a choferes de camiones de carga o personas que utilizan sus autos particulares para el transporte. La droga se entrega al responsable de una ciudad, pueblo o barrio determinado, quien a su vez la envía a los distribuidores de cada calle.

En este punto el intermediario recibe el pago de la mercancía, aunque en algunos casos puede esperar a que las ventas se realicen en las calles. Pero en todo este proceso el broker es quien responde por la mercancía: si el cargamento es confiscado, de todos modos, debe pagar su valor al cartel y si no lo hace el castigo es la muerte.

El valor de la droga que se vende ya en las ciudades norteamericanas es muy distinto al que tuvo en el momento de cruzar la frontera, su precio aumentó de manera exorbitante.

Según la agencia antidrogas de Estados Unidos, la DEA, un kilo de cocaína comprada en Colombia cuesta 2 mil dólares; en la frontera sur, Guatemala, antes del cruce, ya alcanzó el precio de 5 mil dólares; en la Ciudad de México, es decir en el centro del país, subió a 15 mil; en ciudades de la frontera norte: Tijuana, Matamoros, Nogales, Ciudad Juárez, subió a 25 mil.

Pero una vez que cruzó a EU y llegó a ciudades como San Diego, Chicago, Nueva York, Los Ángeles y otras, el precio supera los 50 mil dólares y esa cantidad podría aumentar en la venta al menudeo, hasta siete veces más, según la pureza de la mercancía.

En esta parte del proceso, las ganancias ya son para los estadounidenses, pues los carteles proveedores, sobre todo mexicanos, ya recibieron su pago y el dinero inicia el camino al sur en el momento en que se entrega a los distribuidores de cada ciudad.

Los brokers tienen, en promedio, un mes de plazo para pagar la droga que compran, pero ellos siempre cobran en el momento en que la entregan a cada punto de destino. En muchos casos envían los dólares en efectivo, a cargo de personas que no llamen la atención de la policía. Madres de familia con niños, mujeres anglosajonas, jóvenes rubias que manejan vehículos austeros, que no llaman la atención y así pueden transportan el dinero en efectivo.

Para cualquier policía que observe a una señora blanca, manejando un auto modesto, dentro de la velocidad permitida, no le llama la atención, pero si la conductora es una mujer latina o afroamericana la reacción es distinta, son inmediatamente interceptadas, interrogadas y sus vehículos revisados.

No está claro cuánto dinero llega en los viajes personales de los y las estadunidenses a la frontera sur de su país, pero pueden darse el lujo de comprar armas, contratar sicarios, policías y hasta coptar autoridades.

Los narcotraficantes y organizaciones que forman parte del primer eslabón dentro de Estados Unidos, son los compradores mayoristas con rango y capacidad para pagar una carga recién llegada desde México.

Compran a granel los cargamentos de droga y a través de ellos llegan a los diferentes mercados existentes en el extenso territorio estadounidense, no porque los mexicanos no tengan la capacidad de distribución, ellos ya cobraron su droga y no les interesa el menudeo.

Las agencias de seguridad estadounidenses anuncian con frecuencia la detención de personas mexicanas y latinas con droga, pero son muchos más los casos de estadounidenses detenidos, aunque no se les da el mismo trato publicitario, lo que sí queda claro es que sin el enorme consumo de drogas no habría carteles en EU

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