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EDITORIAL

 

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EVALUAR LOS MEGAPROYECTOS

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Por Noé Zavaleta

Cuando usted tenga esté ejemplar en sus manos, ya los mexicanos sabremos quién será la próxima Presidenta de la República y Máxima Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas, si alguna hecatombe no sucede de esté sábado al lunes, seguramente amanezcamos con Claudia Sheinbaum Pardo como la inquilina de Palacio Nacional para el periodo 2024-2030.

Una vez que ella -o sí el milagro de la derecha ocurrió y fuese Xóchitl Gálvez-, se envista como la Presidenta electa, inmediatamente tendrán que someter a evaluación, consideración, mantenimiento y sostenimiento varios de los megaproyectos impulsados por el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador y que hasta ahora han dejado mucho que desear por su poca rentabilidad, productividad y sobre todo altos costos.

El primero tendrá que ser el Tren Maya, que ahora y ante la poca afluencia turística y el poco polo de desarrollo que ha representado, ya la propia Sheinbaum avizoro en campaña, la posibilidad de combinarlo -sí, también seguimos con las ocurrencias- como tren de carga.

El Tren Maya por ahora sigue inconcluso en los tramos que van de Playa del Carmen a Tulum y de Tulum a Chetumal. En esté último tramo, ni siquiera han sido colocadas las vías férreas; peor aún, el daño ecológico y ambiental continua en el frágil ecosistema que va de Cancún a Playa del Carmen y de esté destino a Tulum.

Convertirlo o adecuarlo, para que también sea un tren de carga, suena por demás atrevido, un poco incoherente, tal vez hasta innecesario. Sin embargo, si fuese Claudia Sheinbaum la elegida -cómo así se avizora-, ella recientemente ha dicho que se habrá de continuar con la política ferroviaria, incluso en su última visita a Veracruz, prometió el tren Xalapa-México, cómo si no hubiese ya suficientes líneas de autobuses que de la capital de Veracruz te trasladaran cómodamente hacía la capital del país.

En esa misma política ferroviaria se tendrá que evaluar la continuidad o impulso del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, cuyo mantenimiento y rehabilitación de las vías del ferrocarril que van de Coatzacoalcos, Veracruz a Salina Cruz, Oaxaca, así como el mantenimiento carretero y la rehabilitación portuaria salió en más de 20 mil millones de pesos; sin embargo, al día de hoy, no ha aterrizado ninguno de los diez parques industriales prometidos, los cuales habrían de detonar el desarrollo del sureste mexicano.

En la misma tesitura, y que tendrá que entrar a una evaluación y consideración de continuidad se encuentra la Refinería Olmeca Dos Bocas, ubicada en Paraíso, Tabasco; una obra que ya superar en inversión los 16 mil, millones de dólares y contando, porqué ya anunciaron que para el ejercicio fiscal 2025, está obra para sus adecuaciones de infraestructura habrá de requerir ampliación presupuestal, pero que hasta ahora aún no refina, ni siquiera un 20 por ciento de los 360 mil barriles diarios prometidos.

Este capricho sexenal de López Obrador y compartido con la exsecretaría de Energía, Rocío Nahle García obligó al sector petroquímico del país, a descuidar el resto de las refinarías en Tamaulipas, Veracruz y paralizar la exploración de yacimientos en aguas profundas, con lo cual, de continuar con esté capricho de querer “echar a andar Dos Bocas” por encima de las demandas del sector energético y de hidrocarburos, puede meter en serios problemas a mediano plazo a Petróleos Mexicanos.

Los únicos megaproyectos y obras cumbres del sexenio que ya se va, y que a fuerzas, con empujón empresarial y con presiones gubernamentales, pero medianamente han tenido movimientos, son los aeropuertos alternos. El Felipe Ángeles -exbase militar de Santa Lucia- ubicado en el Estado de México y el Aeropuerto Internacional de Tulum -aunque realmente está ubicado en el municipio de junto, Felipe Carrillo Puerto- quienes a cuenta gotas, pero mes con mes, han venido justificando sino su inversión, sí mínimo una operatividad mucho mayor y con posibilidades de crecimiento.

Muy por encima de los otros megaproyectos (Refinería Dos Bocas y Tren Maya), los cuales a todas luces van encaminados al fracaso y al olvido.

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