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FÉLIX GALLARDO: ESPLENDOR Y RUINA DE UN CAPO

  • Miguel Ángel Félix Gallardo posee una historia de película en el mundo del hampa: Alcanzó los más altos niveles en la década de los setenta y ochenta.
  • Encumbrado en el poder criminal, se daba una vida de rey: llevaba una intensa vida social y se ostentaba como empresario y banquero. Socio de banco Sómex, uno de los más importantes de su época, negocio que utilizaba para lavar dinero del narcotráfico.
  • Su desgracia sobrevino cuando ordenó el secuestro y muerte de Enrique Camarena Salazar, el agente de la DEA que lo perseguía junto con Ernesto Fonseca, “Don Neto” y Rafael Caro Quintero. Desde entonces comenzó a ser perseguido por órdenes de Estados Unidos hasta que fue capturado por su compadre Guillermo González Calderoni, a quien acusó de traición.

Ricardo Ravelo/Reportajes Especiales Grupo Sol

Guadalajara, Jalisco.- Su historia ha sido llevada a diversas series exhibidas por Netflix; también aparece en películas. Es un personaje conocido en todo el mundo por su historia de capo, asesino, mujeriego, banquero, empresario y también por su habilidad para corromper autoridades civiles y militares, medios que utilizó para encumbrarse en el negocio del tráfico de drogas.

En su juventud solía exhibirse en Sinaloa y Guadalajara entre la gente del Jet set de tu tiempo: chamarra de cuero, botas vaqueras, Félix Gallardo aparece en múltiples fotografías, montado en sus motocicletas de lujo Harley-Davidson, sus preferidas; también aparece en yates y automóviles lujosos y deportivos.

Eran los años setenta y el llamado “Jefe de jefes” encabezaba el cártel de Guadalajara, el más poderoso de su época, asociado con dos capos tan avezados como él: Rafael Caro Quintero –actualmente preso –y Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto”, quien hace un lustro recibió el beneficio de la prisión domiciliaria.

Félix Gallardo podría recibir el beneficio de terminar de purgar su pena en su casa. Un juez federal ya falló a favor de ese beneficio, pero la Fiscalía General de la República impugnó la resolución. Sin embargo, la mañana del martes 13 el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo en su conferencia mañanera que está a favor de que el capo salga de prisión y se vaya a su casa, pues dijo que está muy enfermo y requiere tratamiento médico especial que no se le puede dar en reclusión. Todo indica que Félix Gallardo terminará sus últimos días en su casa y, como él dijo recientemente en una entrevista, sea enterrado al lado de un árbol, como él lo pidió.

ESPLENDOR Y CAÍDA DE UN CAPO

Acusado de traficar con drogas, portar armas prohibidas y del asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar –Kiki Camarena, como le decían –Miguel Ángel Félix Gallardo, llamado “El Jefe de Jefes”, sigue a la espera de que un tribunal de alzada le autorice purgar en su domicilio lo que le falta de su sentencia.

Mientras tanto, el capo más avezado de su tiempo, quien carga con más de 70 años a cuestas, vive días amargos en la prisión: ha perdido la visión en un ojo y con frecuencia sufre de fuertes dolores en las articulaciones. Sin embargo, sigue de pie.
La historia de Miguel Ángel Félix Gallardo está coloreada de episodios, logros, vida social y traiciones, como la mayoría de los hombres que se han implicado en el narcotráfico.

En sus años de esplendor, allá por los años setenta y ochenta, fue el narcotraficante más poderoso de México; era dueño de las principales rutas de comercio de drogas en poco más de la mitad del país. También controlaba Centroamérica.

Fue también el primer capo mexicano en exportar cocaína a gran escala a Estados Unidos, por ello, cambió los esquemas con mucha rapidez, pues en ese tiempo la mayoría de los mafiosos sólo exportaban mariguana y amapola, las drogas de moda y, por ende, las más demandadas.

Félix Gallardo tiene una larga historia. Nació en 1946 en Culiacán, Sinaloa. En sus años de juventud trabajó en la Policía Judicial Federal. Era “madrina”. Así le llamaban entonces a los personajes que no formaban parte oficialmente de una corporación policiaca pero realizaban trabajos sucios como torturar a los detenidos y extorsionar a sus familiares.

En los años sesenta, de acuerdo con sus antecedentes, operó como guardaespaldas de los hijos de Leopoldo Sánchez Célis, entonces gobernador de Sinaloa, quien por esa época ya era señalado de estar ligado al narcotráfico. El entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz lo sabía, pero nunca lo procesó.

Algunos especialistas en el tema del narco aseguran que, desde ese tiempo, Félix Gallardo pudo engancharse en el negocio de las drogas.

Más tarde, ya como capo independiente, se asoció con otros personajes que ya estaban en el crimen, como Manuel Salcido Uzeta, “El Cochicoloco”. Otros de sus socios fueron Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto” –el más viejo de esa época –y Rafael Caro Quintero.

A lo largo de tres lustros, Félix Gallardo se dedicó construir un emporio criminal, toda una poderosa organización que controlaba el trasiego de amapola y mariguana en Sinaloa, Durango, Jalisco, Guerrero, Chihuahua, Baja California y Nayarit.

A principios de la década de los ochenta, cuando el llamado boom de las drogas explotó en Colombia, estableció contacto con narcotraficantes de ese país, quienes se convirtieron en sus abastecedores. La droga era enviada a México y luego a Estados Unidos.

EL EMPRESARIO Y SU VIDA SOCIAL

Félix Gallardo –también llamado “El Padrino” – aprendió la estrategia de mover la droga en pequeñas aeronaves. Se asegura que esta forma de trasiego se la enseñaron sus socios los colombianos.

Tan bien aprendió el esquema que fue el primer capo mexicano que estableció un puente aéreo entre los países de Sudamérica, América Central y el norte de México.
De ahí la mercancía se enviaba por tierra a sus contactos en Estados Unidos. Tiempo después, esta forma de trasiego fue altamente explotada por uno de los capos más emblemáticos que, tiempo después, explotaría esas rutas: Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, llamado así porque solía transportar grandes volúmenes de cocaína en aviones Boing 737.

El narco-imperio construido por Félix Gallardo sólo pudo ser construido con el apoyo de las autoridades. Y sólo con apoyo oficial, Félix Gallardo pudo darse la vida de lujos que disfrutó, lo que le permitió vivir una intensa vida social.

Cuentan que en Sinaloa y Jalisco –uno de sus feudos más importantes –se presentaba como próspero empresario y ganadero, socio del banco Somex (ya desaparecido), donde lavaba sus grandes capitales obtenidos del tráfico de drogas.

Si se revisan los diarios de la época, fácilmente se pueden hallar ejemplares de los periódicos en cuyas páginas de sociales aparece Félix Gallardo en fiestas realizadas en bares de postín y restaurantes pomposos de entonces.

Otro de sus socios emblemáticos fue Arturo Durazo, el poderoso jefe de la policía de la Ciudad de México, quien ostentaba más poder que el propio presidente de la República.

También se ligó a los hermanos Hugo y Arturo Izquierdo Hebrard, cuñados de Durazo, con quienes se asoció para comprar el rancho Camino Real, ubicado en Náutla, Veracruz, uno de los más fastuosos de esa época. Tenía pista de aterrizaje y laboratorio de genética para la mejoría del ganado. Sin embargo, se asegura que los laboratorios eran utilizados para procesar cocaína que luego enviaban a Estados Unidos por la frontera de Tamaulipas.

En 1989, tras la captura de Félix Gallardo, el rancho fue asegurado por la PGR y durante muchos años estuvo bajo resguardo del Ejército Mexicano.

LA CAÍDA

Pero un día su buena estrella se extinguió. El imperio del narcotraficante empezó a derrumbarse a mediados de los años ochenta cuando fue asesinado Enrique Camarena Salazar, el agente de la DEA, y Félix fue acusado de ser uno de los asesinos. Otros acusados fueron Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto” y Rafael Caro Quintero. A Félix Gallardo lo señalaron de haber sido el autor intelectual, aunque otras versiones sostienen que participó en la tortura del agente norteamericano, quien fue secuestrado y encerrado en una casa de seguridad en Michoacán.

Ahí fue interrogado a punta de golpes y torturas. Un médico de Guadalajara, Humberto Álvarez Macháin, habría participado inyectándole medicamentos para que soportara los dolores, pues se asegura que Camarena fue torturado por varios días hasta que murió. Tiempo después, el famoso doctor Álvarez Macháin fue secuestrado por la DEA en territorio mexicano y llevado a Estados Unidos, donde estuvo preso, pero fue liberado, años después, por falta de pruebas.
Félix Gallardo empezó a ser perseguido por la DEA y por las autoridades mexicanas. En abril de 1989 fue capturado. El operativo estuvo a cargo de Guillermo González Calderoni –quien era su compadre –, a quien acusó de traición.

Y es que aquella banda operó por muchos años con protección oficial. Caro Quintero y “Don Neto” Fonseca portaban credenciales de la Policía Judicial Federal. Era la época en que los cárteles no existían. Todo el narcotráfico era manejado por una sola familia. Después de los años setenta fue que la DEA bautizó a los grupos criminales como cárteles, como una forma de identificarlos.

Cuando Félix Gallardo denunció a Calderoni de estar implicado en el tráfico y en la protección, Estados Unidos incluyó a México en la lista de países que, según los norteamericanos, no combatían el narcotráfico. Así se impuso la llamada certificación, a la que estaban obligados todos los países del continente que no entregaran buenas cuentas a Estados Unidos en materia de drogas.

Tras ser encarcelado, Félix Gallardo fue acusado de acopio de armas, tráfico de drogas y homicidio por la muerte de Camarena.

Sin embargo, el capo sinaloense tuvo un acierto. Sabía que su final estaba cerca. Y antes de ser capturado repartió el territorio que él dominaba. Los herederos de entonces fueron Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo” y Héctor Luis Palma Salazar, “El Güero” Palma, quienes más tarde fundaron el cártel de Sinaloa, actualmente el más poderoso del mundo.

Actualmente, las rutas siguen siendo explotadas por el cártel de Sinaloa, ya que los hijos de “El Chapo”, su hermano Aureliano, “El Mayo” Zambada y Rafael Caro Quintero se mantienen al frente de esa organización que, de acuerdo con la DEA, tiene presencia en cien países.

En tres décadas parece que nada ha cambiado, salvo los personajes que ahora manejan el tráfico de enervantes, pues el negocio sigue y opera bajo la misma protección que en los años de Félix Gallardo, a quien se le atribuye haber creado un nuevo esquema de organización criminal, los llamados cárteles horizontales, los cuales son más dinámicos y difíciles de combatir.

El juicio por el caso Camarena –Félix Gallardo es el único detenido por ese caso –ha sido uno de los más largos de la historia. El exjefe del cártel de Guadalajara lleva más de 30 años en prisión y todavía no concluye. Se han pospuesto por años algunos desahogos de pruebas y careos, los cuales siguen pendientes.

Tras cumplir 70 años de edad y al sentir el grave deterioro de su salud, Félix Gallardo solicitó a un tribunal de alzada el beneficio de cumplir los años que le faltan de su sentencia en una prisión domiciliaria, pero le ha sido negada.

A través de sus abogados, Gallardo ha demostrado que está enfermo y que ya tiene derecho a ese beneficio. Y es que padece artritis en todo el cuerpo y ha perdido la visión en un ojo. No obstante, la solicitud sigue sin respuesta.

Con el aval de un juez y del presidente López Obrador, todo indica que Miguel Ángel Félix Gallardo terminará sus últimos días en su domicilio. Ahí, junto a su familia, esperará la muerte.

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