Por Freddy Ríos Urcelay
(primera parte)
Uno de los establecimientos para la formación deportiva más emblemáticos en Yucatán de boxeadores, luchadores y fisicoconstructivistas es el gimnasio Bosco de don René Villalobos Aguilar.
Don René, nació el 21 de julio de 1940 en Mérida. Su abuelo era un prestigiado doctor español; su padre fue carpintero y trovador. Comenzó a practicar deporte en el gimnasio “Mérida” de don Mario Escalante Guerra; tomó la decisión de entrenar al ser rechazado para presentar su servicio militar pues pesaba apenas 47 kilos; él y ocho flaquitos más fueron declarados no aptos medicamente y los regresaron a casa, pero se pusieron de acuerdo para levantar pesas.

El gimnasio se ubicaba en la segunda planta de una casona en la calle 64 entre 57 y 59 del centro; sólo tenía dos piezas, la posterior, bien equipada, con baño y donde entrenaban los avanzados cómo Manuel Rendón, Desiderio Puerto, Elmer Escalante y otros que también luchaban profesionalmente. En cambio, la pieza para principiantes era más reducida, con escasez de útiles y un ventanal por donde entraba inclemente el sol vespertino.
La rutina de 25 ejercicios no daba resultados, así que Villalobos comenzó a rentar por cinco centavos las revistas “Charles Atlas” que instruían el tema; ahí conoció la comida predigerida; se hicieron de un balde y cooperaban para reunir los componentes de la espesa mezcla que incluía pozole, cacahuate, plátano y miel. Así comenzaron a subir un kilogramo por mes. Al poco tiempo, nuestro biografiado trabajaba en la campaña contra el paludismo donde la paga le permitió poner su propio gimnasio. Entre sus conocimientos de carpintería y la buena recomendación por ser nieto del doctor, consiguió que un taller de herrería no le cobrara la manufactura de los implementos siempre que él pusiera el material y la mano de obra. Al poco tiempo un amigo le invitó a cruzar “al otro lado” para ganar dólares dejando el establecimiento en manos de sus compañeros, retornó un año después y ya no había gimnasio.


Se ocupó entonces en la Comisión Federal de Electricidad donde juntó algo de dinero, empero retornó a los Estados Unidos. De vuelta en Mérida, se empleó de camionero foráneo cubriendo la ruta Mérida Chetumal hasta que Chucho Granados le propuso abrir un gimnasio en sociedad. Abren el “Vikingos” a espaldas de la catedral de Mérida, en un tercer piso, abrió solo con pesas. El lugar era tan amplio que un par de luchadores principiantes le dieron la idea de destinar un espacio para el pancracio.

Aquellos principiantes no eran otros que los Carlos, García y Acosta. René conocía a Fernando Ramón Díaz, el “Dandy”, luchador estrella de la arena Baratilleros y tornero, así que le propuso hacerse cargo de instruir lucha libre y fabricar los discos para las pesas. Otro luchador conocido era el progreseño Silvestre Gorocica “Gran Goro” que se sumó confeccionando la colchoneta de 36 metros cuadrados. Todo iba bien hasta que recibió otra oferta de trabajo en Estados Unidos. Se fue, regresó y… (Continuará)
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