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GRAN MONUMENTO A LA CORRUPCIÓN

  • 12 años después, el Palacio de la Civilización Maya está enterrado en medio de la selva baja de Yaxcabá, como prueba irrefutable de la corrupción de Ivonne Ortega y se desconoce el paradero de los 626 millones de pesos destinado para esta obra

Redacción/ Sol Yucatán

Yaxcabá.- A 12 años, el gran monumento a la corrupción, la inconclusa construcción del Palacio de la Civilización Maya, se encuentra totalmente abandonado y cubierto de la maleza que forma parte de la selva baja de Yaxcabá, como prueba irrefutable de la corrupción de la ex gobernadora Ivonne Ortega Pacheco, pues hasta el momento se desconoce el paradero de los 626 millones de pesos destinado para esta obra.


A pesar de las pruebas que hay para sustentar el millonario desvío de recursos para la edificación de “El Disneylandia maya”, como lo denominó en su momento la hoy ex titular del Ejecutivo, hasta el momento no hay denuncia penal alguna en contra de la legisladora federal.


Lo más irónico de todo, los pobladores de Yaxcabá ya olvidaron la promesa de Ortega Pacheco, pues este “elefante blanco” los iba a sacar de la pobreza extrema que se vive en este municipio.


Incluso, los más jóvenes manifestaron que desconocen a la ex gobernadora, así como también ignoraban la existencia de un museo, y en algunos casos lo confundieron con el parador turístico de Yaxunah.


Al llegar al poblado y preguntar sobre el Palacio de la Civilización Maya, la respuesta inmediata fue “pregúntale al comisario o al alcalde”, los cuales, en ese momento estaban ausentes de la población, pero en el Palacio Municipal se reveló que el edificio estaba a 20 kilómetros de la cabecera, pero cerca de la comisaría de Checmil.


La gente de Yaxcabá desconocía que ese proyecto buscaba fomentar la dinámica socioeconómica del municipio, considerado como uno de los más pobres del país, pero fue una estrategia de escritorio, pues nunca se informó a la población el verdadero objetivo de la obra.


Tras localizar la comisaria ejidal, se constató que estaba vacía y la persona que chapeaba era mayahablante, por lo que no se obtuvo la información que se necesitaba, pero al dialogar con los vecinos, dijeron desconocer la existencia de un museo.


Al llegar a la inconclusa obra se constató que está en medio de lo que queda de la selva baja y el poblado más próximo está a cinco kilómetros, por lo que no había personas a quien entrevistar sobre tal elefante blanco.
Ante tal desolación, sólo se escuchaba el susurro del viento y se constató que el lugar estaba vacío.


En un recorrido por la fantasmal obra, se observó el total abandono y se constató que sólo se terminó el estacionamiento, el cual cuenta con luminarias, hay dos módulos que están a medias y una más con tan sólo la estructura metálica.


Atravesando la maleza se llegó al área de la construcción, la cual lleva cerca de una década sin avance alguno, y se constató la deplorable condición que prevalece, debido a la humedad y la corrosión.


El inconcluso edificio sólo es habitado por golondrinas, murciélagos, arañas, diversas especies de hormigas, serpientes, e incluso, un zorro que tímidamente se asomó por el lugar, entre otros animales silvestres.


Posteriormente, se dispuso a buscar el cenote Abán, así como la ceiba que estaba en la entrada, por lo que nuevamente se atravesó la maleza.


Al ubicar el cuerpo de agua, se corroboró que el abandono de más de una década sólo permitió que el cenote Abán mantenga cristalinas sus aguas, así como el crecimiento de la selva baja.


Pero no se encontró la ceiba, árbol sagrado de los mayas, y mucho menos se halló la estructura precolombina, ya que la maleza estaba bastante alta e impedía el paso.


Al regreso al estacionamiento, de manera fortuita se hallaron los registros de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), por lo que el cableado era subterráneo.


A pesar que se estuvo por más de una hora en el abandonado inmueble, ni un alma llegó al lugar, para dar información.

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