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EDITORIAL

 

ISEGORÍA

SERGIO GÓMEZ MONTERO / SOL QUINTANA ROO

 

¿A mitad de camino?

 

En la madera que se resuelve en chispa y llamarada

luego en silencio y humo que se pierde

miraste deshacerse con sigiloso estruendo tu vida

E. Pacheco: “El fuego”

Atosigados, cansados por la continuidad de los comentarios acres e insultantes de quienes no comparten o aprueban los haceres de AMLO y la 4T a uno, en el afán de analizar el por qué de esa tarea terca y pertinaz, no le queda sino acudir –tranquilo, sosegado–, indistintamente, a la teoría o bien a la experiencia práctica en donde, en ambas, puede uno encontrar explicación del por qué esa tarea no cesa y ocasionalmente pareciera incrementarse. Desde luego, desde el punto de vista teórico el marxismo clásico (menciono por ejemplo a Marx, Lenin, Gramsci, entre otros) nos ofrece lecciones pertinentes al respecto; en la práctica, no sólo pero sí primordialmente América Latina ofrece varias lecciones al respecto.

Es decir, en América Latina se han registrado, en cercanía de tiempo relativa, acontecimientos diversos que permiten ilustrar con pertinencia cuál ha sido y es la función desestabilizadora de campañas mediáticas como las que hoy se registran en México y que ya, en otras épocas, aquí también hemos resentido (cuando la expropiación petrolera en contra de Lázaro Cárdenas; las veces anteriores que AMLO trató de acceder a la Presidencia del país). No es raro, pues, el surgimiento de esas campañas cuando se busca, a toda costa, impedir que un régimen de gobierno que no se ajusta a los lineamientos capitalistas del momento (más específicamente a los lineamientos de Estados Unidos y la CIA) pueda gobernar con tranquilidad, con base a un plan que, en lo mínimo, busca modificar las relaciones de producción y distribución de la riqueza en un país (que los pobres dejen de serlo, para que los ricos dejen de serlo también).

En tiempos relativamente remotos (los cincuenta) cuando Jacobo Arbenz lo intentó en Guatemala, lo derrocaron; de la misma forma que lo hicieron en Chile con Allende, en Argentina con los Kirchner, en Brasil con Lula y Dilma o en Ecuador con Correa; las excepciones han sido, hasta hoy, José Mújica de Uruguay y desde luego Fidel Castro en Cuba y Hugo Chávez en Venezuela, por razones diversas cada uno de ellos, pero todos sometidos a campañas diversas de desestabilización como la que hoy está encaminada en contra de AMLO y la 4T: guerras sucias mediáticas, saboteo continuo y diversificado en contra de las acciones de gobierno (con intervención de órganos autónomos como el INE o el INAI, entre nosotros), presiones económicas de diferente naturaleza y hoy, en México, politización de la enfermedad pandémica.

Si uno en términos de ética quisiera calificar esas acciones no le quedaría sino decir: “Qué poca madre”; mas muchos de nosotros nos quedamos callados simple y sencillamente por respeto, porque así nos educaron nuestros padres, aunque si alguien eventualmente nos convocara a expresar nuestro sentir, sin duda que entonces sí nuestro malestar se expresaría con todas sus letras y gestos para manifestar nuestro enojo y furia en contra de quienes se oponen a que el país avance en la justicia, en la paridad, en la libertad.

Bueno, es cosa de esperar, pero a más tardar en julio de este año se sabrá, sin duda, que las mayorías del país van a decir otra vez, con su voto, AMLO sí con la 4T. Hay que esperar; no falta mucho (aunque más nos vale estar prevenidos por si en algún momento se agudiza y exacerba esa campaña desestabilizadora).

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