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ISEGORÍA

Lo que a nadie conviene

Sergio Gómez Montero/Sol Quintana Roo

con su naufragio entonces pongo la ternura en una botella para que alguien recoja pedazos de mis ojos

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Sin duda, visto de manera objetiva, la discusión del denominado Presupuesto de Egresos de la Federación estuvo cargado de emociones, por las resistencias de los opositores para discutir racionalmente el documento y la final aprobación, esperada desde un principio, gracias a la mayoría (270 votos a favor) que se requería para obtener la aprobación mencionada. Así es el juego de la democracia electoral, no de la democracia real. Pero no es eso lo que preocupa. Lo realmente preocupante es todo lo que hay atrás de esa amenazante democracia electoral, que apenas el domingo pasado asomó la cara en la Argentina de los peronistas Fernández y Kirchner, con el resurgimiento de la extrema derecha de Macri y fauna que lo acompaña y que no dejará ya que el gobierno peronista impulse la transición sedosa y sin sustos que, como aquí, se intenta.

Es decir, lo que hoy asusta, tanto aquí como en Argentina, es el surgimiento de una pequeña burguesía asustada y rebelde (aquí representada e impulsada por el Va por México de González, De Hoyos y la demás plaga reaccionaria) que, como en la Alemania de los treinta, dio origen al nazismo en aquella nación, sin que ella, como tendencia, aún desaparezca, sino que hoy registra, en toda Europa, un resurgimiento preocupante. Wilhelm Reich ya describía, a fines de los treinta, todo lo espeluznante que escondía ese crecimiento de la pequeña burguesía y que nadie se imaginaba a dónde iba a conducir a la Alemania de aquellos años. Hoy quizá, sin duda, nadie espera un resurgimiento del nazismo como el de aquella época, pero sí, es previsible, el resurgimiento de un neoliberalismo mucho más radical que como el que ya se manifestó entre nosotros por más de treinta años y cuya herencia es una losa enorme que tenemos que cargar (deuda, tejido social lleno de hoyos, inseguridad pública, corrupción como práctica social, narcotráfico), mientras el capitalismo siga siendo la organización social predominante a nivel mundial, más aún si, la cabeza visible de ese capitalismo, es nuestro vecino del norte.

Mucho, pues, es lo que los próximos días se estará jugando en nuestro país tanto interna como externamente, que nos hará pensar en la conveniencia de seguir impulsando una transición sedosa y tibia para impulsar y consolidar los cambios sociales que el país requiere para lograr que la polarización del ingreso no sea tan brutal como lo es en la actualidad. ¿Puede, una transición de tal naturaleza, impedir que el crecimiento de la pequeña burguesía (esas clases medias cada vez más encabronadas por la inseguridad, el freno al consumo desmedido, las falsas reivindicaciones sociales) continúe, impulsado por quienes buscan el retorno de los brujos neoliberales, a los que no se les toca ni con el pétalo de una rosa (Videgaray, Peña Nieto, Salinas, Meade, Fox, Calderón, Diego)?

Una transición suave y sedosa que descansa, en muchos sentidos, en las fuerzas armadas, que hoy tienen un mando, pero mañana pueden cambiar según hacia dónde sople el viento.

En fin, días aciagos y presagiantes, por el asomo espeluznante de la pequeña burguesía amenazante, que en realidad a nadie de este país conviene.

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