Por Maria Eugenia Núñez Zapata
Como yucateca y activista, estoy del lado de lo correcto en lo jurídico y de lo legítimo en la protección ambiental, por eso señalo, desde mi punto de vista, a quienes intervinieron.
1.- Del Gobierno del Estado anterior: Mauricio Vila Dosal, como gobernador, y la secretaria de Desarrollo Sustentable, Sayda Rodríguez, fueron quienes permitieron-autoriz aron como Gobierno del Estado, de manera incorrecta, el permiso para esa área protegida, ¡y eso los hace cómplices de un ecocidio!
2.- Por el Ayuntamiento de Progreso: desde el alcalde Julián Zacarías hasta cada uno de los regidores y directores que firmaron todo lo relativo a ese desarrollo, desde el Acta de Cabildo en la cual autorizaron los trámites para ese permiso de construcción… ¡todos son cómplices de ese ecocidio!
3.- Por la Profepa, que omitió revisar, supervisar el área, analizar el impacto ambiental que causa ese “proyecto”. Está a la vista que fue “permisiva”; más bien, fue cómplice al no impedir que las máquinas arrasaran las dunas.
El comisariado de Chuburná, que “no vio”, ni supo de lo que se estaba construyendo y de las maquinarias que arrasaron las dunas.
Hoy lo escandaloso es que un poderoso empresario, acostumbrado a comprar permisos y firmas… declara que renuncia al proyecto porque hay falta de “certeza jurídica”…
Pero, como yucateco, que también ha invertido en otros desarrollos en la costa, debería de cuidar, no impactar zonas protegidas… Pepe Chapur seguro que sabe que, por muchísimos años, la zona de las Dunas de Chuburná es zona protegida.
El empresario, con una sola mirada, debería de saber que no podían, no debían arrasar las dunas.
¡Pero no solo es Progreso!
Los políticos de Yucatán han sido “muy permisivos” con los inversionistas para arrasar selva baja de Mérida y varios municipios ya conurbados…
La mancha urbana acosa y ahoga, poco a poco, las comisarías del norte de Mérida…
Así fue como expropiaron para “vialidades sociales” hacia Suytuychén…
A cambio de vialidades, quedarse con la tierra para multiplicar así el desarrollo de miles de millones de pesos en “privadas de lujo” que estrangulará a Cholul.
¡Ya basta con el capricho de quienes se han hecho súper millonarios arrasando selva… y ahora dunas! ¡Ya basta!
Si los empresarios, para invertir, tienen que destruir el ecosistema de Yucatán, ¡que no lo hagan!
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