NarcotráficoReportajes Especiales

LA CAÍDA DE GENARO GARCÍA LUNA

*Guardaespaldas de Martha Sahagún y luego funcionario de alto nivel; al menos durante dos sexenios protegió al Cártel de Sinaloa 

 *Se autoexilió el sexenio anterior para evitar ser detenido; También lo investiga la Fiscalía General de la República, por corrupto 

Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

(Primera de cinco partes)

 Ciudad de México.- Con la detención de Genaro García Luna, exdirector de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) y ex titular de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, ambas desaparecidas por corruptas, acabaron, al menos, tres décadas de impunidad del que fuera calificado como “el policía más corrupto de México”. 

Su captura, realizada la madrugada del 10 de diciembre de 2019, en la localidad de Grapevine, en Dallas, Texas, se derivó de las declaraciones de Jesús Reinaldo “El Rey” Zambada García, hermano del mítico capo Ismael “El Mayo” Zambada que no ha sido detenido en 50 años de operar impunemente, durante el llamado “Juicio del Siglo” en contra de Joaquín Archibaldo “El Chapo” Guzmán Loera. 

García Luna, a quien acusara “El Rey” Zambada de haberle entregado personalmente millonarios sobornos en dólares, es acusado de cuatro cargos: Conspiración de tráfico de cocaína y otro más por falso testimonio, ante la Corte del Distrito Este de Nueva York. 

Zambada García, uno de los principales testigos en el juicio contra “El Chapo” Guzmán, aseguró en su declaración que entregó por lo menos 6.5 millones de dólares, en propia mano, a Genaro García Luna, quien era director de la Agencia Federal de Investigación y titular de Seguridad Pública en la gestión de Felipe Calderón. 

Zambada afirmó que él y el abogado de su hermano, Óscar Paredes, le entregaron entre 2001 y 2006, cuando dirigía la oficina federal de investigaciones, 3 millones de dólares y en una segunda vez, cuando ya era secretario de Seguridad, entre 3 y 5 millones de dólares, bajo el mandato del entonces presidente Felipe Calderón. 

Aunado a ello, fuentes de la Fiscalía General de la República confirmaron a esta casa editorial que también llevan a cabo investigaciones en contra del ex funcionario federal, contra el que hay diversas denuncias desde que era  director de la AFI y luego secretario de la SSPF. 

De acuerdo a la periodista Ginger Thompson, quien diera la exclusiva, García Luna “tenía en su poder todo tipo de fotografías con funcionarios de Estados Unidos en su habitación”; dicha práctica fue común en el ex funcionario, de quien se dijo, en su momento, que poseía valiosa e importante información de políticos y funcionario de primer nivel de México, que los “ataba” para proceder en su contra. 

Apenas hace un año, en noviembre del 2018, tras casi seis años de auto-exliarse y refugiarse en Miami, Florida, para evitar ser detenido, el polémico ex funcionario reapareció en México y criticó acremente al gobierno de Enrique Peña Nieto por la inseguridad, además de recriminarlo “por no haber seguido su ejemplo”. 

A mediados de abril de 2018, en vísperas de que los candidatos presidenciales hicieran sus propuestas en materia de seguridad en lo que sería el primer debate presidencial, García Luna se presentó en el canal de televisión de El Financiero Bloomberg, a invitación de su ex compañero de gabinete, Jaime Domingo López Buitrón, director del  Centro de Investigación y Seguridad Nacional en el sexenio pasado y ahora propietario del rotativo. 

 Como todo un experto en la materia, parapetado en la compañía GLAC Consulting (las primeras letras corresponden a los apellidos García Luna), que forma parte de un entramado de empresas de seguridad registradas en Estados Unidos y en México, donde operan con permisos federales y locales, presentó su trabajo académico denominado “Un Nuevo Modelo Integral de Seguridad”. 

Ese nuevo modelo de “Seguridad con Bienestar”, ya lo había presentado en México el llamado “Súper-policía”, en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón y también al entonces jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera Espinoza, que, obviamente, no aprobó. 

 Aun así, el controvertido ex jefe policíaco reapareció para ofrecer soluciones “nuevas” a la crisis de inseguridad en el país y dijo que en la administración de Enrique Peña Nieto hubo una involución y se dio al traste con lo avanzado, por lo que la única solución era retomar lo que él hizo cuando fue secretario de Estado. 

 Acusó, además al gobierno peñista, de haber demeritado su trabajo y de crear e infundir en la opinión pública la idea de que fueron ellos (García, Fox y Calderón) los que generaron la violencia en el país. 

 En contraposición, su desempeño siempre se vio enmarcado por montajes televisivos, diferencias con medios informativos, numerosas bajas, secuestros y desapariciones de sus mismos elementos, el ataque a agentes de la CIA de policías federales, la balacera entre agentes de la misma corporación en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México por la disputa del control del narcotráfico y hasta el conflicto diplomático con Francia, luego de la detención y liberación de la secuestradora, Florence Cassez Crespín. 

 Censuró la segunda fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, del penal del penal de máxima seguridad del Altiplano en el Estado de México, en julio de 2015, pero no hizo mención de la primera escapatoria del capo, en enero de 2001, cuando recién se había estrenado como director de la Agencia Federal de Investigaciones, luego de desaparecer “por corrupta” a la Policía Judicial Federal. 

 Para que el lector se dé una idea del talante de García Luna, su trayectoria, salpicada de hechos corruptos, superó con mucho a la del desaparecido Arturo “El Negro” Durazo Moreno, sólo que el ingeniero mecánico en el plano federal. 

 Tanto él como sus más cercanos y principales colaboradores: Francisco Javier Garza Palacios,  Luis Cárdenas Palomino, Facundo Rosas Rosas, Tomás Zerón de Lucio, Vidal Díazleal Ochoa, Ramón Eduardo Pequeño García, Manuel Becerril Mina, Édgar Eusebio Millán Gómez, Domingo González Díaz, Gerardo Garay Cadena y muchos otros más, se vieron en el ojo del huracán durante su trabajo como policías. 

 Algunos fueron cesados, otros pararon en la cárcel, los menos exonerados, merced a la muerte de testigos bajo protección que ya no alcanzaron a ratificar sus declaraciones y varios más ejecutados, en probables ajustes de cuentas, de tal suerte que el desempeño, al menos de la media docena de sus hombres que conformaban su cúpula, fue considerada polémica y, presumiblemente, con vínculos delincuenciales. 

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