Redacción / Corresponsalías internacionales
Mientras el director de la CIA, John Ratcliffe, realiza una inusual visita a Moscú rodeada de absoluto hermetismo, también se encuentra en la capital rusa Paul Richard Gallagher, responsable de las relaciones diplomáticas del Vaticano, quien se reunió con el canciller Serguéi Lavrov.
El Vaticano pide terminar la guerra en Ucrania, avanzar hacia negociaciones y vuelve a ofrecerse como posible escenario para el diálogo. Sin embargo, hay un detalle histórico difícil de ignorar: la última visita de Gallagher a Moscú había sido en noviembre de 2021.
Ese mismo mes, William Burns, entonces director de la CIA, también viajó a Moscú para transmitir al Kremlin las preocupaciones de Washington por los movimientos militares rusos alrededor de Ucrania; tres meses después, Rusia lanzó su invasión a gran escala.
Ahora, en agosto de 2026, vuelven a coincidir en Moscú un director de la CIA y uno de los principales diplomáticos del Vaticano, mientras aumentan las tensiones entre Rusia y la OTAN y aparecen interrogantes sobre posibles nuevos movimientos militares rusos.
¿Están relacionadas ambas visitas? No existe evidencia pública que permita afirmarlo. De hecho, la visita del representante del Vaticano había sido programada previamente. Tampoco existe confirmación de que Ratcliffe haya viajado para entregar un ultimátum a Vladimir Putin.
Pero resulta difícil considerar normal semejante concentración de movimientos diplomáticos en Moscú en un momento como este. Aquí está pasando algo. La gran pregunta es ¿qué se está gestando?
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