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LA COSTUMBRE DEL PODER

La fuerza política de los generales y los almirantes es fiscal

Gregorio Ortega Molina/Sol Campeche

*Es momento de que exijamos que nos indiquen, con absoluta claridad, cuál es el porcentaje de la recaudación fiscal que, de una u otra manera, queda en manos de los generales y los almirantes antes de enterarlo al SAT

El poder político depende, en mayor o menor grado, de la capacidad de recaudación fiscal y la honradez en su administración, sobre todo ahora que se tomó la decisión de adelgazar al Estado y disminuir, a lo mínimo, sus activos. No se trata de coerción por parte del SAT, sino de convencimiento, porque puede ser el inicio de la justicia social.

Un gobierno que comparte su recaudación fiscal con áreas de poder que pueden adquirir autonomía y redefinir el perfil económico, social e ideológico del Estado y su administración, limita su autonomía y se empequeñece. Es lo que actualmente sucede con las tareas encomendadas a la Marina y la Defensa Nacional. Es lo militarización de facto.

En la página de especializadas leo lo siguiente: “Al margen de los tratados (de libre comercio), existen operaciones que se realizan bajo un esquema de pago de impuestos aduanal que, en los últimos años, ha incrementado su efectividad y han permitido que el comercio exterior se convirtiera en una pieza fundamental para la recaudación tributaria nacional.

“De acuerdo con el Sistema de Administración Tributaria (SAT), las contribuciones impositivas que durante el último año (si leí adecuadamente, refieren a 2016) se generaron en las 49 aduanas del país, representaron 29% de la recaudación nacional, alcanzando un valor de 787 mil 550 millones de pesos.

“Esta cifra, según los datos oficiales (siempre 2016), representa un incremento de 13.7% y equivale al 72% de los ingresos tributarios por concepto de Impuesto al Valor Agregado (IVA)”.

Es momento de que exijamos que nos indiquen, con absoluta claridad, cuál es el porcentaje de la recaudación fiscal que, de una u otra manera, queda en manos de los generales y los almirantes antes de enterarlo al SAT. Sé que Raquel Buenrostro defendió, a capa y espada, esos espacios que establecen la puntual y transparente relación del gobierno con sus causantes, cautivos o no, porque la recaudación incide en lo que puede, o no, hacer el gobierno para cumplir con sus ofertas de campaña.

No debemos olvidar que los programas sociales son eso, no son productivos, y esta 4T dedica demasiados recursos a las tarjetas bienestar, a sembrando vida, a las becas, a ese enigmático bienestar que sustituyó al seguro popular, a las vacunas -siempre insuficientes- y a ese apoyo ideológico a los gobiernos centro y sudamericanos afines a las transformaciones que más destruyen que edifican.

¿Qué porcentaje de los impuestos de los mexicanos es consumido por esos programas sociales, cuyo único beneficio es una -cada vez más- precaria paz social, ahora determinada, en amplias zonas de la república, por la buena o mala voluntad de los barones del narco?

Sobre lo que disminuye sin contribuir a crear riqueza, es necesario sumar lo que se entrega, sin más, a la marinería y la soldadesca, para supuestamente apuntalar una 4T en la que resultó peor el remedio que la enfermedad.

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