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cada proceso electoral podemos ver que los partidos se mueven únicamente en función de los intereses personales de sus dirigentes.

LA HISTORIA QUE NO SE HARÁ

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Santiago Alamilla Bazán / Sol Yucatán

En política no hay casualidades, todo lo que sucede tiene un origen y un objetivo, el problema es que a veces se considera como final una meta intermedia, en especial cuando no hay mucha inteligencia, ni valores, ni lealtades, sino que lo único que permanece es la primitiva intención de salvaguardar los intereses propios.

El servicio público es por definición, un asunto de todos los que vivimos en comunidad y que, con el objetivo de que los ciudadanos podamos dejar de preocuparnos de los servicios comunes para poder dedicarnos a nuestras actividades, escogemos de entre nosotros mismos a quienes tendrán la responsabilidad de resolver los problemas comunes.

Imaginemos que vivimos en un edificio de departamentos, necesitamos que alguien se haga cargo de que los focos de las escaleras funcionen, que la bomba del agua sirva, que el camión de la basura se la lleve todos los días, que haya vigilancia para saber quien entra y quien sale para que los que vivimos ahí estemos protegidos y ese tipo de cosas.

Para eso está el gobierno, esa es su función, el gobernante es el que cambia el foco, el que se asegura que no haya basura, el que barre las escaleras, el plomero, etcétera; sin embargo en México esta lógica está al revés, pareciera que los ciudadanos tenemos la obligación de mantener a un montón de gente que no sirve para nada y que llega a los puestos por recomendaciones, compadrazgos y amiguismos, sin más mérito que el ser recomendado de alguien.

El sistema mexicano confiere a los partidos políticos la responsabilidad de la preparación y formación de los cuadros quienes se ocuparán de las labores de gobierno, tanto desde el aspecto político con la postulación de personas para los cargos públicos, como desde el aspecto técnico con la designación por parte de los electos, de los equipos de trabajo para resolver los problemas para los que fueron seleccionados.

Sin embargo cada proceso electoral podemos ver que los partidos se mueven únicamente en función de los intereses personales de sus dirigentes, y vemos cómo postulan a sus hijos, parientes o queridas  a los diferentes cargos de elección popular, en especial en estos tiempos donde las coaliciones se han puesto de moda, lo que impide que cada partido salga con una propuesta propia y justifique los millones de pesos que reciben del erario y que en teoría sirven para capacitar y preparar a las personas que nos representarán en los órganos ejecutivos y legislativos de la federación, estado o municipio.

Debe revisarse la ley de los partidos políticos para impedir que en algunos casos, el único mérito de los postulados sea compartir el apellido o la cama con algún presidente o comisionado de uno de los institutos políticos.

A los partidos se les olvida que se deben a la voluntad popular y su responsabilidad es asegurar que las personas que postulen puedan cumplir con las funciones para lo que fueron electas, imaginemos que una universidad expide el título de médico a una persona cuyo único mérito sea el ser la pareja sexual del rector de aquella universidad, dado esto, si un ciudadano o paciente acude confiando que esta institución respalda a esta persona, pero resulta un fiasco que pone en peligro su vida, la institución perderá la confianza y además incurre también en responsabilidades por avalar a alguien que no tiene los conocimientos necesarios para fungir como lo que dice su título que puede hacer.

Este 2024 los partidos políticos han hecho, especialmente en Yucatán, lo que se les ha dado la gana, en especial haciendo caso omiso de la razón para lo que existen, que es “promover la participación del pueblo en la vida democrática” y hacer posible la integración de los ciudadanos al poder público.

Ninguno de los partidos, en esta ocasión, tuvo un método democrático para elegir a sus candidatos postulados, simplemente se los sacaron de la manga y los impusieron, abusando de la facultad que tienen, ya que es más difícil competir como independeinte que formar un partido político. Todos los acuerdos se dieron en lo oscurito, y mantienen al pueblo de rehén para obligarlos a escoger entre los malos y los peores.

El sentimiento de la gente de a pie, del ciudadano común, es que le han visto la cara de estúpido todo el tiempo, y mientras en algunas familias han existido verdaderas batallas para defender a uno u otro partido en el pasado, hoy están juntos tomándose fotos muy sonrientes, y los que no, están en otros partidos ya bautizados y exonerados aunque tengan investigaciones pendientes por desvío de recursos, y que en sus pueblos todos sepan de su mejora y bonanza económica desde que asumieron el encargo.

Dicen que todo pueblo tiene el gobierno que se merece, pero creo que aún en lo peor que hayamos hecho, salvo en muy contadas excepciones, no nos merecemos la calidad de algunos truhanes y meretrices que los partidos nos están recetando de a fuerzas para que cobren de nuestros impuestos por tres o seis años, sin que tengan la menor idea de qué es lo que tienen que hacer para recibir los salarios que reciben, y que distan mucho de lo que el pueblo sabio, bueno y tonto ganamos en promedio después de largas jornadas de trabajo.

Algo tiene que cambiar, no puede seguir esto así, se prometió una revolución pacífica pero es evidente que la desesperanza en algunos lugares de nuestro país se está volviendo violenta y está cobrando la vida de algunos candidatos, los partidos deben abrir los ojos y hacerse responsables de lo que están ocasionando, en esta ocasión no se hará ninguna historia, será pan con lo mismo.

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