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LA CORRUPCIÓN IMPUNE

La lista la encabezan Tomás Yarrington y Eugenio Hernández, actualmente presos en Estados Unidos y en Tamaulipas, respectivamente; Roberto Borge, exmandatario de Quintana Roo...

LA “MATAVIEJITAS”: EJEMPLAR PADRE DE FAMILIA (Segunda parte)

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Es parte de lo más importante en el asunto de la “Mataviejitas”: SI LO HICE. PERO NO TENIA PAPELES, SOLO MI CREDENCIAL DE ELECTOR. CUANDO ME TOMEN MI DECLARACION, SABRAN POR QUE LO HICE. YO, NADA MÁS LES VOY A DECIR UNA COSA: YO, RESPETO A LA AUTORIDAD, PERO HABEMOS VARIOS QUE NOS DEDICAMOS A LA EXTORSION Y A MATAR GENTE TAMBIEN. HOY SI LO HICE. PERO NO TENGO QUE PAGAR POR LOS DEMAS.

Redacción / Sol Quintana Roo

Ciudad de México. – Así se fue preparando la estrategia del defensor de oficio, quien no tomo en cuenta que el “sensacionalismo mediático” en México es muy poderoso, y que, como dijo Eduardo Larrañaga Salazar, maestro de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco, “hay que rastrear la literatura, la estafa periodística que relata los cuentos más absurdos para aumentar las ventas”.

El profesor reconoció que los jueces tienen grandes problemas para juzgar: “Entre los asesinos está el que quita la vida por instinto sanguinario o el que mata por razones más o menos comprensibles; asesinos por naturaleza» O los criminales que asumen funciones oficiales; los que ponen su arte al servicio de una buena causa; los que se vanaglorian de que nunca han matado sin previa advertencia; los asesinos más peligrosos que mantienen a raya a otros desechos humanos con despiadada brutalidad, o sea aquellos que se han arrogado el papel de ser, a la vez tribunal de justicia y verdugo: los salvajes congénitos que son incapaces de dominar la “manía de matar hombres” o los que asesinan por cosas de poca monta. Los que solventan cuestiones de honor con el homicidio. Las muertes que traen consigo el vandalismo juvenil o el exceso de fuerzas vitales. Los asesinatos valiosos o meritorios que sirvieron para eliminar a hombres peligrosos. Los mercenarios que liquidan por dinero. El que lo hace porque le gusta ver como se desploma su víctima. El que se contamina de la sed de sangre para identificarse con un ídolo o modelo de criminal. El asesino de profesional. “el perfecto asesino”, que mata sin tener en cuenta la relación existente entre él y su víctima. Los que se irritan repentinamente y comienzan a disparar sin previo aviso. Los que liquidan a un dividuo sin motivo alguno. Los que encubren su afán asesino con la sombra de un mandato divino. Los que lo hacen por el simple placer de asesinar. El que mata a traición. El envidioso que suma blasones por sus múltiples víctimas. El que se vale de peleas concertadas para asesinar”…

Agregó el licenciado Larrañaga para la revista “Vínculo Jurídico” que muchos piensan “que el asesinato es un acto realmente fácil de realizar, que cualquiera puede cometer un crimen.

La parte más difícil, como todos descubren inevitablemente todos ellos, es deshacerse del cadáver. Resolver este problema equivale a conseguir el asesinato perfecto, lo que ha estimulado la imaginación humana hasta llegar a límites de crueldad casi inconcebibles”. Pero concluye, cuando “leemos que el siquiatra israelí que reconoció a Eichmann, el asesino nazi de los campos de concentración, lo calificó como hombre completamente normal, (–Después de haber examinado me parece más normal de lo que me mismo me considero- dijo el profesionista), y otro especialista lo consideró como “ejemplar padre de familia”, no nos cabe la menor duda de que recurrir a otros esquemas de interpretación de la realidad”.

Sin embargo, amigo(a) lector(a). ¿Recuerda acaso lo que inicialmente reconoció la hidalguense desventurada, cuando llegaron las cámaras de televisión, a la colonia Moctezuma, el 25 de enero de 2006, poco después de su arresto casual?

LA CONFESIÓN DE LA “MATAVIEJITAS

La confesión, sin tortura alguna, sin engaño, voluntaria y pública, fue repetida varias veces en programas de televisión, hasta que legó una especie de recomendación para que no volviera a publicarse en ninguna cadena televisiva.

Desde el principio se impidió que el mejor testigo contra los asesinos, el empleado particular José Joel López González fuera careado con Juana.

¿Qué había dicho el joven ante diferentes medios de información? La verdad. Aquel día de trabajar y entró al patio de su domicilio ubicado en José 1. Jasso 21, Colonia Moctezuma.

Le llamó la atención que la puerta del departamento Ana María Reyes, la dueña del inmueble, estuviera casi abierta… “¿Anita?” preguntó el inquilino. Nadie contestó. José dejó un maletín en el suelo y se asomó. Ahí estaba Anita, sin vida, con un estetoscopio anudado en el cuello.

De pronto, salieron Juana Dayanara y un individuo no identificado en ese momento, corrieron hacia la calle y huyeron. El empleado particular dio voces de alarma y algunos vecinos escucharon los gritos, también los ocupantes de la patrulla 1050, Sector Balbuena.

El cómplice de Juana Barraza logró escapar hacia la estación Moctezuma del Sistema de Transporte Colectivo, pero la mujer se metió a una calle sin salida. Entonces corrió ahora en sentido contrario y fue atrapada por los policías José Ismael Alvarado Ruiz y Marco Antonio Cacique Rosales, a quienes agredió a bolsazos.

De un folder verde que contenía documentos diversos, al parecer cayeron fotostáticas de credenciales de sus futuras víctimas, mismos documentos que la hidalguense negaba haber llevado al ser capturada.

Con una credencial, “la dama del silencio” ofrecía apoyo asistencial gratuito y se ostentaba como “enviada especial” de las autoridades, para tramitar “en sitio” adecuado lo relacionado con apoyos del gobierno, en especial tarjetas verdes del INSEN, ahora INAPAM, con las cuales se obtienen grandes descuentos en beneficio de personas de la tercera edad en la ciudad de México, Principalmente.

Se inventó a toda prisa que “la dama del silencio” salía en ocasiones para “acechar en parques y jardines” a las futuras engañadas y agredidas que a veces tardaba hasta cinco horas en “vigilar los movimientos “ de las víctimas.

Continuará.

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