NarcotráficoReportajes Especiales

LA MUERTE DE “EL CHACHO”

  • La orden la cumplió al pie de la letra Arturo Guzmán Decena, aniquilando a Dionisio Román García.

Redacción | La Opinión de México | Sol Quintana Roo | Sol Yucatán | Sol Campeche | Sol Chiapas | Sol Belice | La Opinión de Puebla

(Segunda de tres partes)

Ciudad de México.- Luego de una serie de acciones en los que demostró Arturo Guzmán Decena por qué era el jefe, sobrevino lo que le valió que el compositor Alberto Quintanilla, le compusiera el corrido “Escolta Suicida”.

SOMOS VEINTE GRUPOS ZETAS
UNIDOS COMO FAMILIA
LOS VEINTE SOMOS LA FUERZA
CON DIPLOMAS DE SUICIDA
CONSCIENTES QUE EN CADA ACCIÓN
PODEMOS PERDER LA VIDA

También fueron puestos en la mira, “Los Texas”, “Los Lobos”, “Los Negros” y otros grupos de gatilleros pertenecientes a cárteles rivales de Cárdenas Guillén, que fueron severamente diezmados por el feroz jefe de sicarios de Osiel.

BONITO MI TAMAULIPAS
DONDE NO HAY GENTE DE MIEDO
PARA SUBIRME A LA SIERRA
AQUÍ EN VICTORIA ME QUEDO
PARA SERVIRLE AL PATRÓN
DE TAMPICO HASTA LAREDO

Osiel Cárdenas Guillén, no podía haber hecho una mejor elección al llevar a su organización a Guzmán Decena: callado, discreto, fiel, leal y letal en su trabajo, nunca dejó de cumplir una orden.

Cuando Osiel consideraba que alguien le estorbaba, sin importar de quién se tratara, simplemente llamaba a su “Zeta 1” y, de hecho, estaba garantizado que el obstáculo sería eliminado.

Su sistema de trabajo no variaba en nada del que empleaba cuando pertenecía a las fuerzas armadas. Uniformes de negro, gris, azul o verde olivo, con las siglas de alguna corporación policíaca o del mismo Ejército. El rostro cubierto, fuertemente armados y, en muchos de los casos, utilizando vehículos oficiales clonados y hasta con credenciales policíacas, esa era su estrategia para actuar.

DESDE QUE ERA MUY PEQUEÑO
QUISE SER LO QUE AHORA SOY
SIEMPRE ME DIJO MI PADRE
NO HAY NADA COMO EL HONOR
EL HOMBRE CON ESTA IDEA
ES NATURAL DE VALOR

Pese a todas sus cualidades y efectividad como ejecutor, Guzmán Decena tenía una debilidad extrema: su talón de Aquiles eran las mujeres y ello finalmente lo llevaría a la muerte.

En el argot de las drogas, un “levantón” (secuestro) significa una sentencia de muerte. Quien es “levantado”, seguramente se le encontrará torturado y muerto, en el mejor de los casos, pues muchas veces simplemente desaparecen.

Paradójicamente, uno de esos “levantones” no terminó en muerte, al menos en principio, sino en romance, protagonizado por el mismo Guzmán Decena y Omar Lorméndez Pitalúa, “El Mono Tonto”; otro de los zetas, con dos mujeres a las que supuestamente eliminarían.

El 16 de agosto del 2001, “Arthur”, como lo llamaba Cárdenas Guillén, recibió una orden de su jefe: había que escarmentar a dos mujeres dueñas de una cafetería que no pagaban su “cuota” de protección para que pudieran vender droga sin problemas.

A la manera de la mafia siciliana, Osiel vendía protección a todo aquel que se dedicara a cualquier actividad ilícita: venta de droga, juego, prostitución, lenocinio, contrabando, tráfico de armas o de ilegales, etcétera, todos tenían que pagar “derecho de piso”, de lo contrario los “zetas” actuarían…

Botón volver arriba