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LAS MENTIRAS DE LA CUATRO TE

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Columna Ricardo Ravelo

En la recta final de su gobierno, la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador continúa sin resultados en materia de seguridad y es más que evidente que no cumplió su palabra de pacificar el país.

Los cárteles de la droga siguen desatados, sin ser combatidos y cada vez se entronizan con mayor fuerza y poder en decenas de municipios y comunidades. Salvo que se lo pida el gobierno de Estados Unidos las detenciones ocurren, como fue el caso de Néstor Isidro Pérez Salas, “El Nini”, jefe de sicarios del grupo crimina “Los Chapitos” y el de Juan Carlos Pizano Ornelas, “El CR”, presunto jefe de plaza del Cártel de Jalisco en Tapalpa, Jalisco. Fuera de esas capturas nada extraordinario ha ocurrido en el escenario criminal más que la violencia atroz que azota a todo el territorio.

Más allá de estos hechos, los dieciséis cárteles que operan en el país siguen impunes y operando a lo largo y ancho del país sin ser molestados.

Ahí sigue, libre, Ismael “El Mayo” Zambada, por cuya cabeza el gobierno de Estados Unidos ofrece quince millones de dólares; también Nemesio Oseguera Cervantes, con una suma similar; los hermanos Iván Archivaldo y Alfredo –hijos de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, quien purga una cadena perpetua en Estados Unidos– quienes encabezan uno de los bloques más poderosos del cártel de Sinaloa.

La misma impunidad goza Enedina Arellano Félix, conocida en el mundo del hampa como “La Jefa”, presunta cabeza del cártel de Tijuana, de acuerdo con informes de la DEA, y Gil Caro Quintero, “El Pelos Chino”, jefe del cártel de Caborca –fundado por su tío Rafael Caro Quintero –quien opera en Sonora, Veracruz y Quintana Roo. En esta última entidad es muy famoso porque, se asegura, es el responsable de la mayor parte de los llamados “narcovuelos” que provienen de centro y Sudamérica repletos de drogas.

Recientemente, Gil Caro Quintero fue detenido en Tulum, Quintana Roo, cuando comía en un restaurante acompañado de una mujer cuya identidad no se reveló; hasta el lugar arribaron varios agentes y lo aprehendieron. Pero el presunto narcotraficante fue liberado. Las investigaciones respecto de este caso aseguran que el jefe del cártel de Caborca pagó quince millones de pesos a los policías y lo dejaron libre.

El narco-paraíso de la 4T

Nada detiene al crimen. Pero en Palacio Nacional la realidad perturbadora del país no se acepta. Para el presidente Andrés Manuel López Obrador –quien ya cayó en una suerte de cinismo al igual que muchos de sus seguidores y aplaudidores –el país está en jauja; presume que ya no hay criminales ni violencia y habla igual que lo hacía Carlos Salinas al final de su gobierno al referirse a un país sólido, boyante y feliz; presume a boca llena que su gobierno no tiene acuerdos con el crimen. Pero lo cierto es que no los combate y los criminales no sólo disputan el poder político en municipios y estados sino que también pelean por apropiarse de los recursos naturales: los hidrocarburos, las playas, el aguacate, el limón, las nueces de exportación y amplias extensiones de territorios. Todo esto ocurre ante los ojos del presidente López Obrador, quien ofreció pacificar el país en los primeros meses de su gobierno. Son el brazo armado de grupos oligárquicos que gozan de total impunidad.

La realidad es elocuente: Las masacres se multiplican por todas partes, ya en Zacatecas, Michoacán, Guanajuato o Tamaulipas y el Estado de México, donde se han suscitado enfrentamientos armados entre agentes ministeriales y miembros de La Familia Michoacana, el cártel que domina en esa entidad.

A esto se suma el robo de decenas de contenedores en los puertos, como ocurrió en Lázaro Cárdenas cuando presuntos criminales se apropiaron de varios contenedores que contenían metales preciosos, entre otros, oro. El robo se efectuó un fin de semana. Duró entre ocho y diez horas y ninguna autoridad se dio cuenta. Eso dicen. Por los puertos también se trafica con fentanilo. Todo esto ocurre pese a que desde hace un año las terminales portuarias están en manos del Ejército Mexicano.

Si bien el gobierno federal echó mano de las Fuerzas Armadas para apagar el fuego de la violencia en Zacatecas –uno de los estados disputados por los cárteles de Sinaloa, Cártel de Jalisco, Golfo y Noreste –y otras entidades en crisis, como Michoacán y Guerrero, lo cierto es que los militares tienen prohibido ejercer la fuerza y disparar a los narcotraficantes que tienen tomadas las entidades y municipios.

Así, sin estrategia, la tranquilidad parece pasajera, pues en el momento en que los elementos del Ejército y la Guardia Nacional se retiren la violencia vuelve a azotar los territorios; los cárteles siembran terror entre la población que se ha desplazado de sus lugares de origen debido al miedo de ser asesinados.

La guerra en Zacatecas, Aguascalientes, Guerrero y Michoacán se centra en los cárteles de Sinaloa y Jalisco; ambos grupos se enfrentan por el control territorial y por la explotación de la minería, el negocio del aguacate –el oro verde, como la llaman –y mantienen a raya a los agricultores, pues los obligan a pagar derecho de piso igual que a los productores de nuez, otro de los productos más caros que se exporta a Europa y Asia.

Actualmente, la guerra no sólo ocurre por el control territorial y el mercado de las drogas: ahora es por el control de grandes extensiones de tierras, la ganadería, agricultura,  producción de leche a gran escala y la pesca, pues hasta en el mar operan los cárteles al explotar una especia conocida como Totoaba, la cual se comercializa en el mercado asiático y es más cara que la cocaína y la heroína, pues se utiliza como afrodisiaco.

Diseminados por todas partes, impunes y con amplios dominios territoriales, las organizaciones criminales de México extienden su poder a lo largo y ancho del territorio sembrando violencia e ingobernabilidad, problemas que ya causaron preocupación y encendieron las alertas en el gobierno de Estados Unidos.

Después de varios años de fallidos proyectos para enfrentar la inseguridad, el gobierno de la llamada Cuarta Transformación optó por no enfrentar a los cárteles de la droga porque, según el presidente Andrés Manuel López Obrador, “la violencia genera más violencia”.

Sin embargo, cuando el actual gobierno se acerca a su fase final  en materia de seguridad el gobierno de López Obrador sigue sin ofrecer resultados; por ello, los cárteles de la droga mantienen sus férreos dominios en todo el territorio y, sin que ninguna autoridad lo impida, asesinan, secuestran, desaparecen, cobran piso y hasta se apropian de grandes extensiones territoriales ricos en recursos naturales, lo que puso en evidencia que las batallas entre los cárteles en buena medida también tienen que ver con la explotación de la riqueza del país. Y no se descarta que detrás de estos grupos criminales estén los grandes mafiosos de cuello blanco, la oligarquía amparada por el Estado.

El diagnóstico en Estados Unidos sobre la criminalidad en México es preocupante. Sus órganos de inteligencia plantean que entre el 30 y el 35 por ciento del territorio mexicano está controlado por el crimen organizado. Esto quiere decir que el gobierno de López Obrador no tiene el control total del territorio y que en buena parte del país el crimen cogobierna con la Cuarta Transformación.

Los análisis de la DEA y del Ejército estadunidense ahondan en mayores detalles. Una fuente de la DEA consultada al respecto expresó:

“Es un síntoma de un problema más amplio…No voy a involucrarme en política ni en llamar crisis o no a la situación, lo cierto es que necesitamos una frontera segura y saber quiénes vienen”.

Desde la perspectiva marcial del general de la Fuerza Aérea, el peregrinaje de las personas hacia el norte que buscan llegar a Estados Unidos lo impulsan los desastres naturales, el covid-19 (cuando era pandemia) y la inestabilidad, según los informes de inteligencia.

En resumen, cuando faltan cinco meses para que termine la pesadilla llamada Andrés Manuel López Obrador el país está sumido en una tremenda crisis: la corrupción es evidente por doquier; la violencia sigue cobrando vidas y el gobierno, lejos de aceptar sus yerros, celebra que han logrado poner las bases de la Cuarta Transformación.

Así son las mentiras de la llamada cuatro te.

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