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HISTORIA BASADA EN OVNIS

LO EXTREMO DEL GENERAL DURAZO

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  • Con Arturo Durazo preso en Estados Unidos, el gobierno incautó sus bienes: Tres residencias, una en Zihuatanejo y dos en el Ajusco

Redacción/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/Sol Chiapas/Sol Belice/La Opinión de Puebla

(Sexta de siete partes)

Ciudad de México.- Con el jefe policial preso en Estados Unidos, el gobierno incautó sus bienes: Tres residencias, una en Zihuatanejo y dos en el Ajusco, de estas a una solo se podía llegar en helicóptero y la otra contaba con club privado, gimnasio, discoteca, helipuerto, albercas, casino, caballerizas, pabellón de tiro, cortijo, una sala de exhibición de autos antiguos de colección, invernadero, lagos artificiales con olas “marinas”, hipódromo y un galgódromo.

El reportero Luis del Valle expresó en Impacto, (abril 17 de 1986), que para lograr la extradición de Durazo, el gobierno mexicano gastó un millón de dólares y que el llamado “Partenón” de Zihuatanejo también está dotado de instalaciones de extravagancia desmesurada, equipos electrónicos, salas de armas e innumerables obras de arte.

La segunda mansión del Ajusco era conocida como “La Cabaña Suiza”. Los bienes incautados llegaron a sumar 5,000 millones de pesos, mientras el considerado general Durazo ganaba 39,000 pesos mensuales.

Y el cronista Juan Ibarrola padre, comentó en Impacto que “muchos meses, un millón de dólares, toneladas de papel, combustible aéreo y demás, fue el costo del espectáculo para venir a caer en que lo único verdaderamente imputable contra Arturo Durazo, son dos delitos que su abogado, el hábil Juan Velázquez, hijo del gran penalista Víctor Velázquez, podrá desvanecer conforme se lo proponga y las circunstancias políticas que median en este tipo de asuntos, lo permitan”.

El pueblo sintió que la ofensa se agranda, que “los crímenes y atracos que a diario se cometían en la tenebrosa Plaza de Tlaxcoaque, quedarían impunes, que al propio Durazo lo superaron sus subordinados, muchos de los cuales desaparecieron del mapa, como el tristemente célebre ´coronel´ Francisco Sahagún Baca”.

Arturo Durazo Moreno no cometió peculado ni distrajo fondos de la dependencia que su amigo José López Portillo le regaló en pago a viejas deudas de honor familiar vengado, “no tenía necesidad alguna, en la Dirección General de Policía y Tránsito, lo que sobraba era el dinero sucio”, comentó Juan Ibarrola padre.

El Presidente José López Portillo supo cuestiones directas contra el director de Policía y Tránsito y la respuesta fue siempre la misma, “no quería escuchar nada contra su amigo Arturo”.

En el muy macabro y sonado asunto de los muertos encontrados en el Río Tula, “la Dirección Federal de Seguridad deshilvanó la madeja, supo y tuvo pruebas de quién intervino, por qué, cuánto dinero había dejado, quién había ordenado aquella infamia y demás”.

Pero el Presidente dijo que “contra sus amigos nada y todo se fue discretamente al demonio para que el ´Negro´ pudiera terminar su encargo sin problemas”, aseguró Ibarrola.

Los primeros síntomas de ruptura en el gobierno de José López Portillo se sintieron cuando hubo de precisarse si Arturo Durazo Moreno era general o no, y si era del Ejército…

El Secretario de la Defensa Nacional, general de división DEMFélix Galván López, dijo a Juan Ibarrola que en las listas de la plana mayor del Ejército y la Fuerza Aérea, donde se registra a los generales, no aparecía el nombre de “esa persona”.

Si López Portillo designó, cosa que nunca quedó clara tampoco, general de división a Durazo Moreno, “el Congreso de la Unión jamás lo ratificó y el Ejército no lo tuvo registrado nunca en sus documentos”.

Al llegar a México, Durazo dijo ser “amigo de todos los periodistas”… que en su mayoría olvidaron las mercedes y obsequios fastuosos que recibieron de Durazo, “quizá en eso estribó su amistad con muchos, los hizo ricos, no solo a periodistas, sino a todos a quienes consideró amigos”, agregó Juan Ibarrola.

Sabía el ´Negro´ que no le quedaban amigos, pues estaba en desgracia, pero también estaba enterado que las acusaciones en su contra eran de una debilidad jurídica rayana en la anemia penal.

El acopio de armas se basaba en el hallazgo de un número de armas de fuego de las exclusivas para el Ejército, “solo que cuando se encontraron tales armas, las casas donde estaban ya no eran propiedad de Durazo”, concluyó el columnista Juan Ibarrola padre.

En aquel tiempo se afirmaba que quien lo ayudó comprándole «las casas» para desvirtuar el acopio de armas, fue el industrial Alejo Peralta, famoso desde 1956, cuando solicitó la intervención del Ejército, para desalojar del Instituto Politécnico Nacional, a gran número de vividores que no pudieron demostrar su calidad de estudiantes, pero quienes aprovechaban casa, vestido y sustento que se otorgaba a “jóvenes de provincia” que se internaban en la ciudad de México.

Cabe mencionar la anécdota que algunos periodistas de espectáculos inventaron para levantar la circulación de sus medios de información: Arturo Durazo Moreno fue el “responsable” de la misteriosa desaparición de la hermosa vedette brasileña Gina Montes.

Por razones personales, la bella mujer se fue de México, sin dar mayores datos sobre su alejamiento de la farándula.

Entonces comenzó a rumorarse que “por estar enterada de la corrupción en la Dirección General de Policía y Tránsito, el general Durazo había ordenado que la desaparecieran discretamente, que todo pareciera un accidente”.

La brasileña supo de los mitos, pero los aclaró mucho después. En cambio, todo mundo “odiaba” al general Durazo por “homicida de vedettes”.

Como no había prueba alguna del “crimen”, y con muchos enemigos que se hicieron pasar como sus “amigos entrañables” cuando tenía poder, Durazo fue satanizado al extremo y, entre tanto, algunos periodistas de vez en cuando “aclaraban” el misterio de Gina Montes: un automóvil la había “arrollado en el primer cuadro de la ciudad de México” y a consecuencia de sus lesiones, fue internada de emergencia en “un hospital” y nunca se atrevió a denunciar al manejador, al considerar que “era un mercenario peligroso”.

Finalmente, se aclaró que Gina Montes se retiró por voluntad propia y que era muy feliz con su familia, pues ya tenía una hija nacida en Estados Unidos.

En cambio, en diferentes fechas se dieron a conocer datos sobre los tres palacetes que Durazo mandó construir “con su dinero”, dos en el Ajusco y otro en Zihuatanejo.