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MATAR LA TRANSPARENCIA…

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Por Noé Zavaleta

El segundo piso de la Cuarta Transformación tiene un objetivo nítido, claro y contundente y éste es: Matar la transparencia, el acceso a la información y ya de pilón, cualquier cosa que huela a los datos personales.

El llamado “Plan C”, grito de guerra al que ya han impulsado las huestes morenistas a la presidenta electa de la República, Claudia Sheinbaum Pardo contempla desintegrar el Instituto Nacional Electoral y crear un “nuevo órgano” más económico sí, pero más domesticado y sujeto a los antojos y caprichos del Ejecutivo Federal en turno, en este caso, sí, respondiente, como mascota casera, a los silbidos y designios de la doctora Claudia.

Contempla también, una Reforma Militar, la cual, no se necesita ser integrante de las fuerzas castrenses, para suponer que otorga más facultades y mayor economía presupuestal, a la ya todopoderosa, Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA).

Pero lo que aquí nos ocupa, es la transparencia, esa herramienta que permite fortalecer la democracia, la rendición de cuentas y que tanto ha servido a los medios de comunicación para exhibir escándalos de corrupción, excesos de nuestra clase gobernante en el ejercicio de sus funciones y desvió de recursos con fines meramente personales y no en beneficio de la sociedad.

Resulta qué, ahora que se confirmó el triunfo inobjetable y contundente de Morena y de Claudia Sheinbaum Pardo, unos días después, la bancada de Morena en San Lázaro -varios de ellos con la categoría de reelección- lanzaron como primera bandera legislativa y como parte de iniciar el segundo piso de la Cuarta Transformación, qué, entre otras cosas incluye la extinción definitiva del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Datos Personales (INAI) y con ello, la desaparición también de la Plataforma Nacional de Transparencia, herramienta indispensable y de consulta obligada de miles de periodistas en nuestro país.

Con la mano en la cintura y de un “plumazo”, la Cuarta Transformación en su segunda edición pretende borrar lo que la democracia, la exigencia civil, académicos, politólogos y periodistas construyeron y fortalecieron durante 20 años, que fue el acceso a la transparencia o solicitud de petición, cómo le llaman en otros países.

Aun desde el púlpito presidencial, y desde sus corifeos se insiste que las atribuciones del INAI pasarán a otras dependencias, que sí algo carecen son de autonomía, pues las 54 atribuciones de transparencia y acceso a la información serían “repartidas” -por así decirlo- entre la Secretaría de la Función Pública (SFP), los Órganos de Control Interno de cada dependencia, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) e incluso, otras atribuciones pretenden ser absorbidas, por el nuevo “Frankenstein” democrático que forme el nuevo Congreso de la Unión y el Senado de la República, con mayoría morenista.

Amén de que miles de trabajadores del INAI y de los órganos de transparencia de los 32 estados de la República se irán a la calle y quedarán sin fuente de empleo; para los mexicanos pensantes -académicos, periodistas, profesionales, teóricos, politólogos y demás- la extinción de los órganos de la transparencia significa un grave retroceso a la democracia de este país y un golpe artero a las herramientas de los periodistas y un intento de matar la investigación periodística, sobre todo aquella que desnuda los esquemas de corrupción y desvíos de recursos.

El guión es simple, la PNT y todo su sistema complejo electrónico pasará al poder del Ejecutivo y éste distribuirá sus funciones entre el INEGI, Función Pública y Órganos Internos de Control; los vastos archivos pasarán a mejor vida y desaparecerán del ciberespacio, pues la ley de decreto de extinción no dice a dónde pasaran o qué se hará con ellos. Eso significa dos cosas: Haces uso discrecional de ellos o los desapareces.

Es decir, en pocas palabras, se pierde la memoria histórica de los órganos autónomos, y eso, desde San Lázaro y desde el Senado de la República ya es “bola cantada”.

Twitter: @zavaleta_noe

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