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“Megaproyecto” del siglo

Lo Decimos En Cinco Párrafos

InicioHoy Escribe“Megaproyecto” del siglo
  • Una inversión multimillonaria que prioriza vistas panorámicas y caprichos estéticos sobre las necesidades reales de espacio y refrigeración para los locatarios locales
  • Un esquema financiero donde el Gobierno del Estado se cuelga la medalla publicitaria mientras asfixia las ya golpeadas finanzas del Ayuntamiento con un cobro desproporcionado
  • Transcurrieron seis décadas para que las autoridades notaran que el inmueble se caía a pedazos, solo para convertir la recogida de escombros en un circo mediático de auto congratulación

Redacción/Sol Yucatán

Joaquín Díaz Mena ha descubierto el hilo negro del desarrollo rural, gastar 50 millones de pesos en una remodelación donde los miradores turísticos valen más que el comercio local. Con solo 2,500 metros cuadrados útiles, este monumento al exceso demuestra que la prioridad de la administración estatal es derrochar el presupuesto con la mayor vistosidad posible.

La solidaridad del gobierno del Estado es conmovedora: «yo pongo 35 millones de propaganda y tú, humilde Ayuntamiento de Peto, pones 15 millones de tu golpeado bolsillo». Un saqueo a las arcas locales disfrazado de colaboración institucional, ideal para dejar sin presupuesto al municipio durante el resto del trienio.

Hubo que esperar más de medio siglo para que las autoridades notaran que el viejo mercado era una trampa mortal. La solución genial no fue dar mantenimiento preventivo a tiempo, sino armar un show mediático para celebrar que por fin van a recoger los escombros acumulados durante seis décadas de abrumadora apatía.

El diseño del nuevo espacio es toda una obra de arte del sinsentido: dos plantas, espacio para escasos 90 comensales y ¡dos flamantes miradores! Porque claramente, lo que un comerciante de Peto necesita para vender sus verduras a 40 grados a la sombra no es más espacio ni refrigeración, sino una vista panorámica para ver cómo se evapora su dinero.

Al final, este «histórico» mercado no es más que una escenografía pagada a precio de oro para beneficiar la foto del gobernador. Díaz Mena nos regala una lección magistral de efectismo: presupuestos inflados, infraestructura de ornato y un pueblo que seguirá esperando soluciones reales mientras mira el horizonte desde su nuevo mirador municipal.

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