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MUEVEN LA DROGA POR CIELO, MAR… Y AMBULANCIAS

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*La mayoría de cargamentos de droga sale de Colombia por vía marítima en lanchas rápidas y semisumergibles por el Pacífico. Por aire, la envían en avionetas desde distintos puntos de la geografía nacional que hacen escala en Centroamérica y cuyo destino final es la frontera mexicana

*En febrero de este año, la Armada interceptó un semisumergible en la costa nariñense que transportaba cuatro toneladas de cocaína, la más grande incautación en los últimos dos años. Para sacar la droga, los narcos han llegado a esconderla en ambulancias de hospitales

Diana López Zuleta/Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

(Tercera y última parte)

Ciudad de México.- La mayoría de cargamentos de droga sale de Colombia por vía marítima en lanchas rápidas y semisumergibles por el Pacífico. Utilizan los puertos de Buenaventura y Urabá principalmente. En los puertos de Cartagena y Santa Marta, en el Caribe colombiano, también mueven la droga a través de contenedores. Por aire, la envían en avionetas desde distintos puntos de la geografía nacional que hacen escala en Centroamérica y cuyo destino final es la frontera mexicana. Desde La Guajira, la zona más septentrional de Suramérica, las rutas de droga pasan vía marítima por los puertos y vía terrestre por la frontera con Venezuela y desde allí en vuelos clandestinos hasta las Islas del Caribe y México. Precisamente, en julio pasado, la Policía desarticuló una red de narcotráfico entre el Cártel de Sinaloa y la guerrilla del ELN que operaba en La Guajira haciendo envíos de cocaína con destino a Puerto Rico y República Dominicana en lanchas rápidas.

En febrero de este año, la Armada interceptó un semisumergible en la costa nariñense que transportaba cuatro toneladas de cocaína, la más grande incautación en los últimos dos años. Para sacar la droga, los narcos han llegado a esconderla en ambulancias de hospitales, cuenta Francisco Daza, de la Fundación Paz y Reconciliación.

La estatal Defensoría del Pueblo en Colombia ha emitido una veintena de alertas tempranas (advertencias para proteger a la población) sobre la presencia de los cárteles mexicanos en distintas zonas del país. Una investigación de la Fundación Paz y Reconciliación ha concluido que “la presencia de cárteles mexicanos en Colombia coincide con los lugares de mayor intensidad de cultivos de coca o con corredores estratégicos para el narcotráfico: Costa Pacífica nariñense, Catatumbo, Bajo Cauca antioqueño, Norte del Cauca y Magdalena”. En ciudades como Cali y Medellín y en el Pacífico nariñense hay emisarios mexicanos que, incluso, han comprado propiedades.

La Fundación Paz y Reconciliación ha documentado, desde 2018, la captura de 77 mexicanos por lavado de activos y tráfico, fabricación o posesión de estupefacientes. La mayoría de capturas han ocurrido en Palmira, Buenaventura, o Tumaco, zonas que concentran sembradío de hoja de coca. De enero a julio de 2022 la Dijin (Dirección de Investigación Criminal e Interpol) había registrado la captura por narcotráfico de 23 mexicanos en Bogotá, Cali, Medellín y Cartagena; algunos están pedidos en extradición. En abril pasado, las autoridades colombianas capturaron en Cali, suroeste del país, a Brian Donaciano Olguín Verdugo, alias “Pitt», considerado como el enlace más importante del Cártel de Sinaloa; había trabajado con el “Chapo” Guzmán. En Colombia tenía negocios con las disidencias de la guerrilla de las FARC.

Colombia lleva una guerra de más de medio siglo que ha dejado 8 millones de víctimas. Las FARC, una de las guerrillas con mayor poder e injerencia, se desmovilizó en 2016 tras el acuerdo de paz firmado con el Gobierno. Sin las FARC en el panorama, otras bandas criminales tomaron el control de las rutas de la cocaína. “Cuando las FARC se repliega para dejar las armas y reincorporarse a la vida civil, hay un apetito desbordado de los mexicanos de copar los espacios que dejó las FARC”, explica el general Naranjo.

Otro de los disparadores de la producción de cocaína tiene que ver con los retrocesos en la implementación de los acuerdos de paz bajo el saliente gobierno de Iván Duque. El Estado nunca llegó a los territorios y se dispararon los asesinatos a líderes sociales y excombatientes de las FARC. De hecho, Colombia ocupa el segundo puesto del mundo en mayor cantidad de organizaciones criminales, y México el cuarto lugar, de acuerdo con la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional.

Los emisarios mexicanos trabajan en alianzas con los colombianos, principalmente con las disidencias de las FARC (tropas que no se desarmaron) y el Clan del Golfo. El Ejército de Liberación Nacional (ELN) —guerrilla con la que el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos intentó sin suerte un proceso de paz—, también controla varias de las rutas del narcotráfico.  

El incremento del precio del dólar ha hecho aún más lucrativo el negocio e incentivado la producción a gran escala de cocaína, sin que ningún gobierno ni la fallida y cuantiosa guerra contra las drogas pueda detener ese fenómeno. Con la devaluación del peso (moneda colombiana), la rentabilidad de los narcotraficantes ha crecido con ferocidad. Los campesinos que cultivan la hoja de coca son los que menos perciben dinero y están en las zonas de mayor riesgo, bajo la constante amenaza de los grupos criminales. Según estimaciones de organismos de seguridad mexicanos, un kilo de cocaína en Colombia cuesta entre mil 500 y dos mil dólares. Fuera del país, las ganancias se multiplican por miles: en México cuesta entre 12 mil y 17 mil dólares, y en Estados Unidos entre 25 mil y 30 mil. En Europa ascendería hasta a 50 mil dólares y en Australia, 200 mil USD. Esto, sin contar con las grandes utilidades que produce la venta al detal.

Los cárteles mexicanos están pagando la droga con armas y dólares en efectivo. “Con la financiación de grandes capitales y de armas nutren a estos grupos armados para que tengan control social y territorial de las distintas zonas del país”, explica Francisco Daza. Las mismas rutas de salida del narcotráfico pueden ser las mismas rutas de entrada de las armas de fabricación estadounidense. Según fuentes de inteligencia militar y policial, los mexicanos están camuflando las armas por las fronteras de Ecuador y Perú, y de ahí las llevan a Colombia. “Aunque la presencia de los mexicanos es más con su poder económico, finalmente sí son un factor de desestabilización, porque abastecen de armamento a los grupos locales”, señaló una fuente.

De acuerdo con Reuters, las mil 478 armas confiscadas a grupos armados colombianos entre 2020 y 2021 habían sido fabricadas en el extranjero e importadas clandestinamente.

Desde 2020 en Colombia han relacionado a los cárteles mexicanos con crímenes y amenazas a la población. El general Naranjo cree que la presencia de los mexicanos no es estructuralmente armada en el territorio colombiano, sino enfocada en la supervisión de las operaciones para asegurar los cargamentos de droga. Considera que el control que ejercen es económico, y no territorial.

El investigador Francisco Daza asegura que no hay ejércitos de mexicanos en Colombia. “Ellos están al margen de las disputas territoriales entre los grupos armados, a ellos solo les interesa el negocio, hacer un seguimiento a todo el circuito del narcotráfico, desde la producción hasta su salida”, concluye.