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EDITORIAL

 

NARCOTRÁFICO: AMLO, DERROTADO

El crimen organizado se mantuvo –y ahora está boyantemente activo en el país a pesar de la pandemia del coronavirus, que azotó al mundo desde el año 2020.

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Ricardo Ravelo

El crimen organizado se mantuvo –y ahora está boyantemente activo en el país a pesar de la pandemia del coronavirus, que azotó al mundo desde el año 2020. Además, su músculo social es poderoso, pues con independencia del dinero que el gobierno reparte a la sociedad ciertos grupos sociales también aceptan los apoyos que el crimen les aporta. De ahí que eso que el presidente llama “atacar las causas” de la violencia resulta inverosímil por no decir que poco probable. Al menos en cinco años de gobierno algún resultado se habría concretado, pero la criminalidad continúa no sólo impune sino desatada.

            Por ejemplo, antes de las elecciones, en Tamaulipas hubo un masivo reparto de despensas que se atribuyó al cártel del Golfo; se dijo entonces que la organización criminal repartía esos apoyos pensando en la gente necesitada. Obviamente, las despensas fueron repartidas y aceptadas por las personas necesitadas y no necesitadas. A todos les tocó algo.

            Lo mismo ocurrió en Sinaloa con el cártel del mismo nombre, el cual cuenta con un apoyo social impresionante, pues los líderes de ese grupo criminal apoyan a su gente con dinero, despensas, medicinas; construyen calles, escuelas, iglesias y les aportan recursos para construir sus casas. De ahí que el cártel que lideran “Los Chapitos” y “El Mayo” Zambada” dispongan de protección social.

            Se cuenta en Sinaloa que “El Mayo” vive cerca de la ciudad de Culiacán, en una zona montañosa. Para llegar a él, quienes lo conocen deben cruzar por al menos diez cinturones de seguridad. Estos grupos que resguardan al capo dan “luz verde”, es decir, el paso, si desde la cúpula del poder criminal acepta que la persona llegue hasta la guarida de quien representa a uno de los bloques más fuertes del cártel sinaloense.

            En la etapa de crisis derivada del coronvarirus ningún gobierno del mundo tuvo capacidad para combatir al crimen organizado, fuente de ingresos y de recursos financieros.

            Precisamente ahora que el mundo está y estará tan necesitado de dinero –la recuperación después de la pandemia aún no ocurre al cien por ciento –se vuelve imprescindible el dinero de la mafia, el cual está invertido en diversos negocios. No hablamos de que vayan a presentarse contubernios abiertos entre gobiernos y criminales –esos ya existen — pero sí se prevé que muchos países tendrán que hacerse de la vista gorda, como se dice comúnmente, frente al crimen organizado. La razón de peso es: se necesita lavar mucho dinero sucio.

            Y ese dinero lo tiene el crimen organizado internacional. Tan sólo el tráfico de drogas deja ganancias, de acuerdo con la Organización de Naciones Unidas, de más de 500 mil millones de dólares al año. Y todos esos recursos se lavan en la banca internacional. Y si se lavan en el sistema financiero del mundo es porque simplemente se necesitan.

            Los cárteles y diversas organizaciones criminales obtienen ganancias por diversas partes. Se sabe, por ejemplo, que no sólo trafican con drogas: ahora operan con 25 tipologías delictivas que abarcan actividades como el secuestro, la venta de protección, la piratería, el cobro de piso a negocios –este flagelo está imparable en el país –; prostíbulos y bares, además de que también venden servicios de protección a cambio de una cuota mensual. También controlan la piratería, el tráfico humano, la prostitución, el contrabando, entre otros negocios ilegales

            El cártel de Sinaloa –quizá el más poderoso del mundo — dio a conocer, a través de un video, que durante la pandemia mantuvo en pie sus servicios de distribución de droga en el país pero en línea, para que la gente no saliera y corriera riesgos de contagios; los operadores del grupo criminal atendieron la demanda de droga a domicilio, sobre todo en esa etapa crítica en la que la gente estaba aún más ansiosa por el confinamiento al que estuvo sometida por largo tiempo.

            Para muchas personas, es imposible estar consigo mismo: necesitan evadir la realidad y una forma de hacerlo es bebiendo alcohol o consumiendo drogas. Así, mucha gente vivió la pandemia: evadidos de la realidad.

            Y la oferta de estupefacientes fue variada: ofrecían desde crack, “hielo”, cocaína, mariguana y drogas sintéticas hasta heroína de la mejor calidad, según rezaba la propaganda; también fentanilo –“La droga de la felicidad” –y otras sustancias tanto baratas como caras. Al alcance de todos los bolsillos.

            El gobierno de Estados Unidos, con base en informes de inteligencia, previó que el crimen organizado aumentaría la cantidad de droga a Estados Unidos durante la pandemia. Esto debido a las crisis de ansiedad que enfrentaron los consumidores durante la etapa de encierro. Por ello, el entonces presidente Donald Trump anunció un operativo militar en coordinación con 22 países para cerrarle el paso al crimen en América Latina, donde operan la mayoría de los cárteles que surten  al voraz mercado americano.

            Según esos mismos datos de inteligencia, el narcotráfico aprovechó la crisis originada por la pandemia para hacer negocio e inundar de droga al país más consumidor del mundo. De ahí derivó la llamada crisis del fentanilo, que causó la muerte de cien mil personas por sobredosis en 2023.

            Pese a ello, en México el crimen vive una etapa de fiesta. Los catorce cárteles que operan siguen trabajando y la violencia no se ha frenado, por el contrario: la violencia está desatada: se contabilizan más de 170 mil muertos cuando faltan menos de diez meses para que concluya el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

            Y es que la violencia campea por todas partes y no hay tregua. Los grupos criminales se siguen disputando los territorios y el mercado de consumo, el cual ya es bastante atractivo para ellos. No sólo eso: la disputa también es por el control territorial, los recursos naturales y el cobro de piso. Esto último tiene sometida a la gente en buena parte del país, pues muchas familias decidieron cerrar sus negocios ante la imposibilidad de seguirle pagando impuestos a los cárteles. Para el crimen organizado la vida no se detiene porque el consumo de drogas tampoco de frena.

            A menos de diez meses de que concluya el sexenio, en el Congreso quedan temas pendientes respecto a la legalización de las drogas. Al principio del gobierno actual el presidente ofreció que se analizaría la posibilidad de despenalizar todas las drogas, igual que en algún momento lo hizo Portugal. Pero a lo más que se llegó fue a liberar el uso de la marihuana con fines recreativos y científicos. No más.

            La posición de los legisladores de MORENA, hace dos años años, estaba a favor de que se liberara la mariguana para el consumo abierto y también para fines científicos y medicinales. Y así se hizo. Pero con el resto de las drogas nada se discutió y, por ello, siguen siendo prohibidas.

            El gobierno mexicano, que carece de una política criminal, actúa con menos eficacia ante el crimen, sobre todo porque frente a la necesidad de dinero trata de mantener a los grupos alineados debido al colapso financiero que causó la pandemia. Eso explicaría, en buena medida, por qué no hay un combate a fondo contra el crimen y más bien lo que impera es una impunidad escandalosa.

            Si bien el gobierno sigue trabajando con sus programas sociales, el crimen hace lo propiopor mantener sus redes sociales activas y bien aceitadas. Esto significa un muro de protección y el crimen lo sabe, por eso mantiene los apoyos a la gente.

            “Abrazos y no balazos”, el lema del presidente Andrés Manuel López Obrador ante la mafia, se hace realidad ahora más que nunca. Ante eso se asoman presuntas complicidades entre autoridades y algunos cárteles, como Sinaloa, que se ha posicionado en todos los estados donde han ganado laas elecciones de gobernador los candidatos de MORENA.

            Incluso en Tamaulipas –estado que antaño estaba vetado para el cártel de Sinaloa –ahora es territorio de su propiedad después de aliarse con el cártel del Golfo, entre otro tiempo su acérrimo rival.

            Todo parece indicar que la apuesta del gobierno de la llamada Cuarta Transformación es que, al cierre del sexenio, un solo grupo criminal –Sinaloa –domine en el país y, así, que la violencia disminuya. Eso ya está ocurriendo desde el 2018, pero la paradoja de esta medida negociada es que ha resultado paradójica porque la violencia no ceja y los muertos aumentan.

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