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Grandes maestros: Alan Glass

Pablo Cabañas Díaz/Sol Yucatán

Alan Glass nació en Montreal, Canadá, en 1932. Su padre era un profesional del golf que, por razones inexplicables, inventó una pelota de golf cuadrada, un hecho que sigue divirtiendo al artista. Interesado en el mundo del arte, se trasladó a París en 1953 para estudiar en la Escuela de Bellas Artes.

Pronto se embarcó en la vida bohemia y, tras conocer a André Breton, participó regularmente en las actividades surrealistas. Las amistades que forjó con los surrealistas en ese momento tuvieron un profundo impacto en su vida y obra, lo que le ha llevado desde entonces a pasar varios meses al año en París. Su primera exposición individual de dibujo fue organizada por André Breton y Benjamin Péret.

Su relación con la hija de Bretón, Aube Elléouët, se hizo cada vez más estrecha, sus collages y ensamblajes, además de los de Mimi Parent, inspiraron nuevos caminos en su propio trabajo. Durante la década que pasó en Francia, a pesar de su falta de medios, viajó ampliamente por Europa y Oriente Medio. A raíz de un regalo que recibió, un cráneo de azúcar maravillosamente decorado realizado para el Día de muertos surgió en él un enorme deseo de visitar México, lo que hizo en 1962. Se enamoró de tal manera de la ciudad, que regresó el año siguiente y en 1970, la convirtió en su hogar permanente.

Otro de los amigos cercanos de Glass fue el dramaturgo y cineasta Alejandro Jodorowsky, quien en las décadas de 1960 y 70 se encontraba trabajando en México. Jodorowsky, fascinado por el ocultismo -interpretó el papel de un alquimista en su película ‘The Holy Mountain’ en 1973- trabajó con la surrealista británica Leonora Carrington, que vivía en México desde 1943. A través de Jodorowsky, Glass conoció a Carrington y ambos se convirtieron en inseparables hasta la muerte de Carrington en 2014.

Profundamente unido con el movimiento surrealista a través de lo artístico y de las amistades tanto en Francia como en México, los dibujos de Glass y sus construcciones escultóricas son, sin embargo, sorprendentemente contemporáneas.

Las obras de Alan Glass se encuentran en numerosas colecciones internacionales como la del Museo de Arte Moderno de París (Francia), el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, el Museo de Montreal de Bellas Artes en Canadá y el Museo Metropolitano de Nueva York.

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