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Grandes maestros: Pedro Friedeberg

Pablo Cabañas Díaz/La Opinión de México

Pedro Friedeberg (1936), en 1956 ingresa a la carrera de arquitectura en la Universidad Iberoamericana, donde conoce a Mathias Goeritz, artista de renombre. Al encontrar su vocación, Pedro Friedeberg deja la carrera de arquitectura e inicia la de artes plásticas en la misma universidad.

Su admiración y amistad con los artistas surrealistas, lo llevaron a su fascinación por la imaginación cercana a la locura y las fantasías subconscientes. En 1959 presenta su primera exposición individual en la Galería Diana de la ciudad de México.

En 1960 se integra al grupo denominado  ¿Los Hartos?, dirigido por Goertiz en el cual también participaron José Luis Cuevas, Chucho Reyes, Ida Rodríguez Prampolini y Alice Rahon, quienes se manifestaron en contra de la pretensión de la grandeza del arte moderno en general, el individualismo exagerado y  al artista que se toma muy en serio a sí mismo.

En esa época (1962), realiza uno de sus primeros muebles fantásticos: se trata de la silla mano, una mano derecha de proporciones ergonómicas que permite sentarse en su palma y los dedos funcionan como respaldo.

Friedeberg se opone al racional-funcionalismo, en el que la función se sobrepone a la forma; el arte de este autor de alto prestigio repudia la ausencia de ornamento y fantasía, por lo que su pintura, escultura y estampa están llenas de simbolismos metafísicos, religiosos, hindúes y aztecas.

Ha recibido diversas becas y premios como en la Bienal de Córdoba, Argentina; en la Trienal de Grabado de Buenos Aires, Argentina; en la Bienal de San Juan, Puerto Rico; así como en la XI Bienal de Gráfica de Tokio, Japón, que junto con su exposiciones individuales y colectivas, lo han hecho una figura destacada dentro del arte mexicano.

Ha realizado también escenografías para obras de teatro, así como obra mural. De su primera exhibición, su trabajo tuvo un estilo fácilmente identificable.

La ironía y el exceso se expresan comúnmente a través de su casi alucinante repetición de elementos en desorden, mas ese desorden es el resultado de un pensamiento consciente. Su arte no es política, es arte, es por el bien del arte y es elitista.

No cree en el concepto de hacer arte “por la gente” porque a la mayoría de la gente no le importa.

Sus obras casi siempre tienen un toque cínico o sarcástico, y dice que su única intención al hacer arte es burlarse de sí mismo y de los demás. Actualmente, trabaja en San Miguel de Allende y en la Ciudad de México.

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