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HIDALGO, EN LAS GARRAS DEL CÁRTEL DE JALISCO

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PABLO ESCOBAR GAVIRIA, “EL PATRÓN DEL MAL”

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  • ”Si no sirves p’a matar, sirves p’a que maten”, decía
  • Hizo que Colombia fuera llamada capital mundial del crimen
  • Acarició el sueño de llegar a ser presidente de Colombia

José Sánchez López | La Opinión de México | Sol Quintana Roo | Sol Yucatán | Sol Campeche | Sol Chiapas | Sol Belice | La Opinión de Puebla

Ciudad de México.- A 27 años de la muerte de Pablo Emilio Esiobar Gaviria, “El Patrón del Mal”, el narcotraficante más poderoso que ha existido, controló en su tiempo el 80 por ciento de la cocaína que se traficaba en el mundo, aún persisten dudas sobre su muerte, ya que existen tres teorías de quién le disparó en la cabeza un solo tiro e incluso se habla de un supuesto suicidio.

Un certero y único disparo en la cabeza (según la versión oficial), acabó con la vida de quien en su momento fuera el hombre más buscado en el mundo.

Fue muerto el 2 de diciembre de 1993, justo un día después de haber cumplido 44 años, el día primero del mes, cuando trató de huir por el tejado de su casa al verse copado por miembros de la Policía Nacional de Colombia.

Pablo Emilio, a quien también se le apodó: El Doctor, El Padrino, El Señor, El Diablo, El Mágico, El Zar de la Cocaína, El Duro y El Papu, nació el 1 de diciembre de 1949, en el poblado de Rionegro, Antioquia, en Medellín, Colombia.

Fue el cuarto de 7 hijos: Roberto de Jesús, Gloria Inés, Argemiro, Alba Marina, Luz María y Luis Fernando producto del matrimnonio formado por Abel de Jesús Escobar Echeverri y Hermilda de los Dolores Gaviria Berrio.

Como hijo de un administrador de fincas y de una maestra rural, Pablo Escobar trabajó desde su niñez en diversos oficios: lavando coches, cargando bultos o ayunando a puesteros de los mercados y criador de vacas.

Su trayectoria delictiva la inició como ladrón de bolsos y coches, asaltante y otras modalidades más, hasta convertirse en sicario, ahí aprendió una sentencia de la mafia colombiana: “Si no sirves para matar, entonces sirves para que te maten”.

Su carrera criminal la fue apuntalando con el robo de autos y después con la compra de objetos robados, para pasar luego al contrabando hasta que incursionó en el tráfico de marihuana y, finalmente, en lo que lo convertiría en el máximo capo de las drogas: La cocaína.

En 1974, a la edad de los 25 años, emprendió de lleno la producción y distribución de cocaína que convertiría con el tiempo en todo un emporio; de esa manera inciaría el nacimiento del Cártel de Medellín.

Durante dos años operó sin problemas, hasta que en 1976 fue detenido con 10 kilos de cocaína y encarcelado, pero luego de unos cuantos meses su caso fue sobreseído.

Ese hecho propiciaría que la organización creciera de tal manera, que prosperó rápidamente y ya principios de los años 80 era dueño de una considerable fortuna, tras aliarse con otros narcos colombianos, entre ellos José Gonzalo Rodríguez Gacha, alias “El Mexicano”, por su afición a la comida, atuendos y bebidas mexicanas; Carlos Lehder y Jorge Luis Ochoa.

Con ellos fundó el Cártel de Medellín, organización que monopolizó el negocio de la cocaína desde su producción hasta su consumo, controlando más del 80% de la producción mundial de la droga y la totalidad del mercado ilícito de la misma en Estados Unidos, hoy por hoy el principal consumidor del enervante.

De esa manera, consolidó su imperio criminal y se convirtió en el hombre más poderoso de la mafia colombiana, acumulando una inmensa fortuna de 30 mil millones de dólares, equivalentes hoy a 190 mil millones, lo que lo colocó como uno de los hombres más ricos del mundo durante siete años consecutivos, de acuerdo a la revista Forbes.

Su incursión no fue nada más en el mundo de las drogas. Sus estudios de bachillerato en Economía le permitieron adentrarse en la política y ser miembro de la Cámara de Representantes de Colombia por Medellín, del 20 de julio de 1982 al 26 de octubre de 1983, como suplente de Jairo Ortega Ramírez; para ese entonces ya se había casado con Victoria Eugenia Henao Vallejo, “La Tata”, con la que tuvo a sus hijos Juan Pablo y Manuela Escobar Henao.

Los cargos criminales que ya entonces enfrentaba eran: tráfico de drogas, lavado de dinero, asesinato, terrorismo, soborno, contrabando, extorsión y corrupción política.

Para justificar su fortuna, matizó su imagen con obras de caridad para los desprotegidos y, arrogándose el papel de hombre del pueblo, financió planes de desarrollo para los suburbios de Medellín.

De esa manera erigió un barrio para desheredados llamados “Medellín sin Tugurios” o “Barrio de Pablo Escobar”, un conjunto de 780 viviendas unifamiliares que construyó para la gente necesitada, lo que le valió más tarde obtener los votos necesarios para lograr un escaño en la Cámara de Representantes.

Sin embargo, en 1983, tras diversas publicaciones del diario El Espectador y con la acusación directa del ministro de justicia, Rodrigo Lara Bonilla, perdió su curul y fue acusado públicamente.

Meses después, Lara Bonilla y Guillermo Cano, director del diario, serían asesinados por órdenes de Escobar.

En 1985, el narcotráfico dominaba Colombia lo que desató una guerra de los cárteles contra el gobierno.

El entonces presidente Belisario Betancourt Cuartas, designó a Rodrigo Lara Bonilla como ministro de Justicia y la guerra se generalizó.

La guerra de los narcos contra el gobierno se tornó violenta y sangrienta y tras el asesinato de Lara Bonilla, en abril de 1984, Betancur Cuartas implantó el Tratado de Extradición de narcotraficantes a Estados Unidos.

En respuesta, Pablo Escobar creó el grupo de Los Extraditables, al que se unieron los capos colombianos más importantes de aquella época y luego de estériles intentos de negociación y múltiples secuestros, así como asesinatos selectivos de jueces y funcionarios públicos, en 1989, el Cártel de Medellín declaró la guerra total contra el Estado.

Para ello organizó y financió una extensa red de sicarios, fieles a su causa, que asesinaron a personalidades clave para la institucionalidad nacional, como el dirigente liberal Luis Carlos Galán, además de que perpetró actos terroristas indiscriminados con coches bomba en las principales ciudades del país, que desestabilizaron al mismo y pusieron a las autoridades de rodillas.

Se le responsabilizó del asesinato de 657 policías entre 1989 y 1993, de políticos, empresarios, periodistas, líderes populares y agrarios, diputados, senadores, jueces, candidatos a la presidencia y de feroces enfrentamientos contra el Cártel de Cali, los paramilitares del Magdalena Medio y finalmente contra Los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar), lo que convirtió a Colombia en un infierno a grado tal que se le consideró “la capital mundial del crimen”.

Entre las atrocidades cometidas, llegó a derribar un avión con 107 pasajeros, asaltó el Palacio de Justicia, declaró abiertamente la guerra a Colombia e impuso la consigna que después muchos capos harían suya: “Plata o plomo”.

Con anterioridad, el grupo de Los Pepes había secuestrada a una de sus sobrinas y le exigió como rescate 10 millones de dólares.

Pablo Escobar estimó que si los pagaba sería un signo de debilidad, por lo que convocó a los demás capos y les propuso que cada uno de ellos aportara precisamente 5 millones de dólares, pero no para ayudarlo a pagar el rescate, sino para conformar todo un ejército, al que denominó MAS (Muerte a Secuestradores” y comenzó una persecución a muerte de los plagiarios que terminaron por liberar a la joven.

Sin embargo, la cadena de hechos violentos hicieron dar marcha atrás al proceso de extradición de los narcos colombianos, lo que motivó a Pablo Escobar a entregarse, junto con los demás capos, aunque previamente mandó construir “su cárcel” a la que denominó “La Catedral”.

Había advertido al gobierno colombiano que sí se entregaría, pero que no ingresaría en una prisión común junto a otros delincuentes, sino en la que él construyó con su dinero en unos terrenos de su propiedad, cerca de la ciudad de Envigado.

La cárcel de Pablo Escobar y sus aliados, que fue equipada con todas las comodidades y lujos inimaginables, no albergaba más reos que el propio Escobar y sus lugartenientes y colaboradores y desde allí, siguió manejando su organización bajo la protección de sus guardaespaldas en el interior, el personal carcelario y elementos de los cuerpos de seguridad colombianos en el exterior.

Corrió entonces el rumor de que ante tanta impunidad, los Estados Unidos tomarían por asalto “La Catedral” y se llevarían al capo, por lo que decidió, después de trece meses de reclusión, abandonar el penal y volvió a la clandestinidad, lo que originó que la ola de secuestros, terrorismo y acciones extremistas se agudizaran.

Tras “su fuga”, eso dijo el gobierno que había ocurrido, conformó el denominado Bloque de Búsqueda para recapturarlo, objetivo en el que colaboró Estados Unidos con el envío de agentes de la DEA y el FBI, para ayudar a detener al jefe del Cártel de Medellín.

Finalmente, tras diecisiete meses de intenso rastreo, fue ubicado en una de sus casas de Medellín, que había convertido en su refugio y trinchera, y, según la información oficial, el 2 de diciembre de 1994 fue prácticamente “cazado” por uno de los comandantes que le dio un tiro en la cabeza cuando pretendía escapar por el techo.

Empero, a 27 años de transcurridos los hechos, todavía se discute quién apretó el gatillo para liquidar a Pablo Emilio Escobar Gaviria.

La historia oficial y la más difundida es que fue liquidado por el entonces comandante policial Hugo Aguilar, junto con otros integrantes de las fuerzas de seguridad colombianas, incluso el comandante llegó a hacer un libro titulado “Así maté a Pablo Escobar” en el que narra que después de abatirlo tomó un megáfono y gritó “Viva Colombia”.

Sin embargo, el controversial personaje que llegó a ser teniente coronel, después diputado y luego gobernador del Departamento de Santander, finalmente también fue detenido y condenado a varios años prisión por enriquecimiento ilícito y vínculos con el paramilitarismo.

Otra versión señala que Los Pepes formaron una alianza entre los paramilitares y narcotraficantes enemigos del Cártel de Medellín.

Diego Murillo, paramilitar y narcotraficante conocido como Don Berna, autor de otro libro titulado «Así matamos al Patrón», aseguró que quienes acorralaron y detectaron al narcotraficante más buscado del mundo habían sido ellos y no el «Bloque de Búsqueda», y que la bala que le perforó el cráneo a Escobar la disparó su hermano Carlos.

Otra teoría, derivada de libros escritos por familiares de Pablo Escobar, entre ellos su esposa María Victoria Henao, señala que pablo decidió suicidarse al verse acorralado por la policía y recordaron su frase que constantemente repetía: “prefiero una tumba en Colombia que una cárcel en Estados Unidos”.

Lo cierto es que ninguna de esas versiones ha sido confirmada a más de cinco lustros de su muerte, lo que ha dado pie a que el capo sea considerado como una leyenda y un emblema del narcotráfico.