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¿QUIÉN LLEVA LA CUENTA DE LOS MUERTOS?

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Por: Santiago Alamilla Bazán

La semana pasada en el AMLO Show, es decir la mañanera, la secretaria de seguridad pública Rosa Icela Rodríguez aseguró que los delitos del fuero federal presentan una disminución y habló de diferentes porcentajes entre los que se destacaron la baja en los homicidios y en los feminicidios que según sus datos, disminuyeron en un 40% comparado con 2018.

Esta administración ha insistido en usar técnicas econométricas para algo que debe medirse de manera absoluta, no existe tal “disminución de tendencia” en cuanto a los fallecidos, cuando hacemos aseveraciones de este tipo estamos usando de manera tramposa por analogía las herramientas que nos permiten hacer predicciones económicas mediante las técnicas estadísticas, es decir que en resumen la administración federal, si es que realmente pretende manejar la estadística para el caso de los homicidios, tendría forzosamente que hablar de conceptos como “muertes esperadas o programadas”, lo cual es un sinsentido ya que no debiera existir una administración que tenga una cifra de “muertos esperados” por la delincuencia ya que esto tiende a “normalizar” que haya asesinatos pero cada uno de los muertos es una falla del sistema de seguridad y del concepto de estado ya que la función básica de éste, es precisamente garantizar la seguridad de los ciudadanos.

La cifra del primer bimestre de 2024 es de 4 737 personas asesinadas y la razón por la que la secretaria de seguridad ofrece esos porcentajes como un éxito es que según ella, debido a que en el mismo periodo del año pasado hubo 4 884 asesinatos y este año mataron a 79 personas diariamente en vez de las 81 diarias que murieron el año pasado, entonces hay una disminución. La realidad es que en 2018 cuando aún era presidente Peña Nieto, la cifra para los dos primeros meses del año fue de 5 245 muertos, para incrementarse a 5 839 en 2019, que es el valor que trata de usar como referencia la Secretaria.

La realidad es que en ningún momento de la historia reciente de México se habían observado cifras tan abultadas, nunca antes habían muerto tantos mexicanos de manera violenta en el país, absoluta y estadísticamente este sexenio tiene el primer lugar en la historia del México contemporáneo en el número de personas asesinadas; cada uno de los muertos representa un fracaso de la política del gobierno de dar abrazos a quienes tiran balazos, el acusarlos con sus mamás no funcionó como estrategia principal de la administración 2018-2024.

Durante el sexenio de Calderón, a quien AMLO le critica todos casi todos los días su política de balazos, hubo en total 121 613 personas asesinadas, valor que se incrementó a 157 158 asesinatos durante el sexenio de Peña Nieto, pero en la administración de hacer el amor y no la guerra de López Obrador, los muertos en apenas 5 años pasan ya de los 172 mil, por lo que este es ya el sexenio más sangriento de la historia de México.

Uno de los problemas más graves del tema de los homicidios es el interés evidente de manipular los datos, de querer dar una imagen diferente de lo que en realidad está sucediendo, el sonsonete diario del presidente de insistir en que “disminuye la tendencia” de los crímenes porque las cifras de 2019 no se han repetido en sus últimos años e insinuar con ésto que hay una disminución de las muertes violentas resulta por demás algo tramposo. Los valores absolutos son concretos y exactos, en cinco años esta administración federal ha superado en más del 42 por ciento a las cifras del sexenio completo de Calderón, lo que es un reconocimiento explícito que el gobierno del Panista, aunque manchado por la corrupción y no exento de errores en el manejo de la seguridad pública, fue “menos peor” que el del macuspano. Basta hacer un poco de trabajo periodístico en campo para poder tener de viva voz los relatos de quienes padecen de manera directa los estragos de la ausencia de un estado eficiente que proteja a los ciudadanos y, por lo menos evite que sean asesinados.

“Duermo en mi local con mi pistola pa´cuando vengan por mí por no pagar mi derecho de piso me lleve conmigo a uno o dos” me dijo la dueña de un local comercial en Acapulco, que ya estaba harta de que la extorsionaran y de que la policía se haga de la vista gorda e incluso le recomienden pagar lo que le piden, “pa´que no me la maten”.

La incapacidad del estado Mexicano para proteger las vidas de sus ciudadanos es una realidad que existe y de la cual nadie se salva; hasta en Yucatán que coquetea con volverse guinda y aplicar la política de abrazar a los violentos ya tiene sus primeras muestras de lo que sería si se dan abrazos a los de los balazos; se encontró la semana pasada una granada de mortero y también se tuvo que desalojar el consulado americano. El abrazar y consentir a los criminales de cuello blanco y nombrarlos ciudadanos ilustres es una cosa, pero muy diferente es bajar los brazos y permitir que los violentos delincan a sus anchas aterrorizando a la población haciéndola sentir insegura.

Campeche está experimentando también la transformación, la molestia de los campechanos contra la manera que se maneja su seguridad pública provocó que los ciudadanos del vecino estado salieran a las calles a manifestarse en contra de la estrategia de su gobernadora y su secretaria de seguridad pública, nada más no les gusta la manera como están trabajando y salieron a expresarlo para apoyar a los agentes policiacos que han sido desplazados. Seguramente en sus datos habrá una explicación, pero el hecho es que no hay confianza de la población para con sus autoridades. La estrategia de seguridad nacional ha sido fallida y equivocada, resultó peor la paz de AMLO que la guerra de Calderón. Aunque se quede el comandante Saidén al frente de la seguridad en Yucatán, lo que genera los malos resultados es la estrategia de seguridad más que las personas que estén al mando, si eso cambia a pesar de que se queden todos, los resultados pueden resultar los indeseados y el gobierno del estado en turno nos pretenderá marear con “otros datos”.

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