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FISCALIA OPERA A FAVOR DE ASUR

Redacción/Sol Yucatán La corrupción, el abuso de poder, el tráfico de influencias y las graves irregularidades administrativas que se registran en la Fiscalía General de...

HUACHO, EN LA MIRA DE FGR

¡GOBIERNO CORRUPTO!

RADIOGRAFÍA CRIMINAL CDMX

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Ricardo Ravelo/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán

Segunda parte

De acuerdo con informes oficiales tanto federales como de la Secretaría de Seguridad Pública Ciudadana de la Ciudad de México, los cárteles locales han aumentado. Y también los delitos cometidos por sus operadores. Su portafolios de actividades incluyen el narcomenudeo. Se ofertan todas las drogas, desde marihuana, cocaína, crack, piedra, metanfetaminas, drogas sintéticas variadas hasta heroína, incluso de la negra, la más cara y la más adictiva.

Todo esto ofrecen los cárteles que operan en la Ciudad de México –y que están enfrentados por el control territorial y el mercado de consumo –que son Tláhuac, Unión Tepito, Los Manzanares, Neza, Los Cambrones y Fuerza Anti-Unión.

A estos se suman amplias redes criminales de los cárteles de Sinaloa y Cártel de Jalisco Nueva Generación, que encabeza Nemesio Oseguera y cuyos tentáculos se han extendido a lo largo y ancho de la capital del país gracias a la sociedad que establecieron con el cártel Unión Tepito, uno de los más violentos.
De acuerdo con informes de la Secretaría de la Defensa Nacional, en la zona metropolitana –que incluye el Estado de México y sus municipios más grandes –Ecatepec y Cuautitlán Izcalli –operan cárteles michoacanos y guerrerenses.

Se trata de Los Caballeros Templarios, La Familia Michoacana y células del cártel del Milenio, que está representado por la familia Valencia. Según una fuente consultada, que solicitó el anonimato por temor a represalias, en la periferia de la Ciudad de México y en el corazón de la capital del país también tienen gran operación los cárteles de Los Rojos –su territorio de asiento es Morelos –y Guerreros Unidos, cuya base de operaciones es el estado de Guerrero.

Ambos cárteles son sumamente violentos, tanto, que al cártel de Guerreros Unidos se les atribuye la desaparición y muerte de los 43 estudiantes de Ayotzinapan, ocurrido en 2014, cuyo caso sigue bajo investigación por parte de la Fiscalía General de la República, que ya echó por tierra la llamada “verdad histórica” construida en el sexenio de Enrique Peña Nieto basada en la tesis de que los normalistas fueron asesinados y quemados en el basurero de Cocula, municipio de Iguala.

Las dudas sobre las operaciones de grandes cárteles pesaban en el imaginario colectivo hasta antes del viernes 26 de junio, pero después de ese día la realidad dio un gran viraje.

Esa mañana, el secretario de Seguridad Pública Ciudadana de la Ciudad de México, Omar García Harfuch se dirigía como de costumbre a la reunión que todos los días sostenía con la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum. Al cruzar por la avenida Reforma y Prado Norte, 30 sicarios, presuntamente del Cártel de Jalisco, ya lo esperaban.

El grupo estaba fuertemente armado. Habían preparado el atentado tres semanas antes. Estuvieron refugiados en una casa de seguridad de Tláhuac. Portaban rifles de asalto, Barret calibre .50, metralletas, granadas, entre otras. Cuando el funcionario cruzaba por esas calles le atravesaron un camión y abrieron fuego en contra del vehículo en el que se transportaba. Ahí murieron su jefe de escoltas y uno de sus choferes. El funcionario sólo resultó herido, aunque no de gravedad. Salvó la vida por el blindaje de su camioneta y por la reacción de la policía capitalina.

Desde la sala del hospital Médica Sur, donde fue atendido e intervenido quirúgicamente, García Harfuch informó, a través de su cuenta de Twitter, que los autores del ataque fueron sicarios del Cártel de Jalisco. La afirmación causó sorpresa, sobre todo, porque todavía no se iniciaban formalmente las investigaciones ni se habían emitido conclusiones al respecto. Sin embargo, él ya el funcionario ya lo sabía.

Desde entonces, para los habitantes de la capital del país ya no queda ninguna duda: en la ciudad de México operan varios cárteles y sus actividades son tan habituales como ocurre en Tamaulipas, Veracruz, Sinaloa, Quintana Roo, Tijuana, Nuevo León, las plazas más violentas del narcotráfico.

Según la fuente citada e informes de la Secretaría de Seguridad Pública, la causa del ataque a García Harfuch pudo haberse decidido por los golpes que ha asestado al cártel Unión Tepito, socios del CJNG.

Y es que desde que García Harfuch tomó posesión del cargo, en octubre de 2019, empezaron los golpes a ese grupo criminal, aunque sin mucho éxito. En enero de este año, se implementó un operativo en Tepito, con el apoyo de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Durante los cateos, se aseguraron vehículos, dinero en efectivo, droga de todo tipo –marihuana, cocaína, crack, entre otras –y varios cráneos humanos que formaban parte de un altar propio del culto a la Santería.
Fueron detenidas 27 miembros del grupo criminal y presentados ante un juez federal bajo cargos de delincuencia organizada. Sin embargo, menos de 48 horas después todos los detenidos fueron puestos en libertad por falta de pruebas.

Sobre el atentado contra García Harfuch circulan dos versiones: la que él mismo difundió atribuyéndole la autoría al CJNG y otra más que establece que el funcionario podría estar coludido con un cártel rival al que encabeza “El Mencho”, lo que habría provocado la ira de esa organización criminal.
Los cárteles de la Ciudad de México se disputan el mercado de las drogas en zonas como Tepito, Tláhuac y la zona de fiestas y “reventones”, el corredor Roma-Condesa, una de las más concurridos porque es la que concentra una buena cantidad de bares, cantinas, prostíbulos, casas de cita y negocios de los llamados giros negros.

En estos bares es común la violencia y hasta los crímenes. Un ejemplo:  La madrugada del pasado 15 de abril se escucharon balazos a la salida de la discoteca “Denbauw”, localizada en la colonia Condesa. Los disparos cegaron la vida de un sujeto.

Habitantes de la zona dijeron que es común este tipo de asesinatos a las afueras de los bares por temas de drogas o ajustes de cuentas. Se trata de una guerra entre grupos de narcotraficantes, sobre todo entre los cárteles rivales que se han enfrentado a La Unión-Tepito, el más violento y el que tiene el control del narcomenudeo en buena parte de la capital del país.

Crímenes como estos ocurren todos los días, muchos de ellos tienen que ver con el crimen organizado, pero las investigaciones se quedan pendientes y en ocasiones los casos ni siquiera se investigan. La impunidad priva por todas partes, mientras el narcotráfico opera abiertamente y frente a las autoridades capitalinas.

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