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SENTENCIAN AL CONGRESO

Redacción / Sol Yucatán Durante una sesión pública el Tribunal Electoral del Estado de Yucatán (TEEY) sentenció al Congreso de Yucatán por incurrir en omisión...

RECUENTO DE DAÑOS

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  • Democracia en crisis
  • Objetividad en duda
  • Conflictos de interés
  • Accidentes

Alejandro A. Ruz /Sol Yucatán

El proceso electoral recién concluido en México no solo ha dejado tras de sí la elección de nuevos líderes políticos, sino también una estela de división, resentimiento y desconfianza entre la ciudadanía. Más que un ejercicio de democracia parece haber sido una contienda marcada por la confrontación, la difamación y el odio.

Es innegable que en esta carrera por el poder se han cruzado límites éticos y morales. Las acusaciones sin fundamentos, las amenazas cumplidas que han cobrado vidas y el uso indebido de recursos públicos para descalificar a los oponentes políticos son solo algunas de las manchas que empañaron el proceso electoral.

En lugar de centrarse en propuestas concretas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, los candidatos se enfrascaron en una guerra sucia, donde los ataques personales y las calumnias fueron moneda corriente. La falta de respeto hacia los contendientes, hacia sus familias y hacia aquellos que simpatizaban con ellos ha dejado una profunda herida en el tejido social.

Pero quizás lo más preocupante de todo esto es el impacto que ha tenido en las relaciones interpersonales. Familias y amistades han quedado fracturadas, divididas por la polarización política que ha caracterizado este proceso electoral.

Aquellos que antes compartían risas y momentos de alegría ahora se miran con desconfianza, con resentimiento, incapaces de entender cómo alguien cercano puede apoyar a un candidato que consideran indigno.

Es evidente que la democracia mexicana atraviesa por una crisis profunda. Más allá de los resultados electorales, es necesario reflexionar sobre el estado de nuestra sociedad y el tipo de liderazgo que estamos construyendo. Urge un cambio de paradigma, un retorno a los principios fundamentales de la democracia: el respeto, la tolerancia y el diálogo constructivo.

No podemos permitir que la política se convierta en un campo de batalla donde se sacrifiquen valores tan importantes como la dignidad y el respeto por el otro.

Reflejo de la democracia en crisis

En los últimos tiempos los procesos electorales han estado marcados por la controversia y la desconfianza. Uno de los aspectos más delicados y polémicos de estos eventos ha sido la exigencia del recuento de votos, una etapa crucial que debería reflejar la voluntad democrática del pueblo, pero que con demasiada frecuencia se ha visto empañada por acusaciones de irregularidades, fraude y manipulación.

El recuento de daños electorales, como algunos lo han llamado, no solo revela las fallas de los sistemas, sino que también pone de manifiesto las grietas en el tejido mismo de la democracia.

Cuando dudamos de la integridad de un proceso electoral, es porque la confianza en las instituciones democráticas ya ha sido socavada y se alimenta el escepticismo hacia el sistema en su conjunto.

Uno de los problemas más recurrentes es la falta de transparencia. Los ciudadanos tienen derecho a saber, a tener acceso a información detallada sobre cada etapa del proceso. Sin embargo, en demasiadas ocasiones, los recuentos se realizan a puerta cerrada, lejos de la mirada pública, lo que solo alimenta las sospechas de manipulación.

Además, la falta de supervisión independiente y la ausencia de mecanismos efectivos para impugnar los resultados cuestionables son problemas graves que socavan la credibilidad de los procesos electorales.

Los órganos encargados de supervisar las elecciones deben ser imparciales y estar facultados con los recursos necesarios para llevar a cabo su labor de manera efectiva, de lo contrario, se corre el riesgo de que los intereses partidistas o incluso las fuerzas externas interfieran en el resultado de las elecciones.

Hoy, el papel de la tecnología en los procesos electorales merece un escrutinio detenido. Si bien la tecnología puede facilitar la votación y el recuento de votos, también introduce nuevos desafíos en términos de seguridad y confiabilidad.

Los sistemas electrónicos de votación son susceptibles a ataques cibernéticos y manipulación, lo que también plantea dudas sobre la integridad de los resultados.

Objetividad en duda

La imparcialidad y la objetividad son pilares fundamentales del periodismo, pero lamentablemente, en el contexto del reciente proceso electoral en México, muchos medios y periodistas han mostrado abiertamente sus preferencias y prejuicios políticos.

En lugar de ejercer un periodismo crítico y equilibrado, algunos comunicadores se convirtieron en meros propagandistas de determinadas agendas políticas. Dejaron de lado su deber de informar con veracidad y optaron por sesgar la realidad según sus propias filias y fobias políticas.

Esta falta de profesionalismo socavó la credibilidad de algunos medios de desinformación y adoctrinamiento, y contribuyó a polarizar aún más a la sociedad. Cuando los ciudadanos son bombardeados con información parcial y tendenciosa, se hace cada vez más difícil distinguir entre la verdad y la manipulación.

Conflictos de Interés

Y ya que hablamos de imparcialidad y neutralidad, principios fundamentales que deberían regir el proceso electoral en cualquier democracia, percibimos, lamentablemente, la falta de independencia por parte de algunos funcionarios electorales que se encuentran vinculados a partidos contendientes en el proceso.

Esta situación también genera un ambiente de desconfianza y pone en entredicho la integridad del sistema electoral.

Tenemos derecho a un proceso electoral justo y transparente, donde las decisiones se tomen en base a criterios objetivos y no a intereses partidistas.

La presencia de estos funcionarios electorales con afiliaciones políticas genera serios conflictos de interés y socavan la legitimidad de los resultados.

Durante el pasado proceso, nunca hubo una investigación de posibles conflictos de interés ni la adopción de medidas correctivas para garantizar que se respetaran los principios democráticos.

Al final de las campañas hubo algunos accidentes, que si fueron provocados, entonces revelarían una afrenta más a la democracia y a los principios éticos que deben regir cualquier competencia política.

Si bien los accidentes pudieron ser fortuitos o provocados, y manifestarse de diversas formas, también dañaron el desarrollo pacífico de la jornada electoral.

Y no importa si en el ámbito nacional fueron 34 los candidatos asesinados en el actual proceso electoral o si sólo fueron 22, como aseguró la titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez Velázquez.

Hoy, es importante investigar a fondo todo incidente, identificar a los responsables y aplicar sanciones acordes a la gravedad de sus acciones.

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