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JUICIO APLAZADO TRES VECES

La última suspensión ocurrió debido al ruido que realizaban los periodistas en la sala del tribunal. Ahora la audiencia para determinar su futuro se...

EL POSIBLE HEREDERO

ASCENSO Y CAÍDA DEL “COSS”

Durante el gobierno de la Cuarta Transformación el grupo sinaloense ha vivido una etapa de esplendor y una expansión territorial sin límites.

SINALOA: EL CÁRTEL DEL SEXENIO

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Ricardo Ravelo

Aunque aparentemente no existen pruebas fehacientes de que el Cártel de Sinaloa financió la primera campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador en 2006, lo cierto es que durante el gobierno de la Cuarta Transformación el grupo sinaloense ha vivido una etapa de esplendor y una expansión territorial sin límites. En poco más de cinco años, el cártel de Sinaloa ha sido el menos molestado. Sólo dos bajas se registran y eso por las presiones de Estados Unidos: la captura y extradición de Ovidio Guzmán y del tío de éste, Aureliano Guzmán Loera, “El Guano”. Ambas capturas no significaron una merma para el cártel sinaloense. Lo más grave es que, si bien no afloran las pruebas de los vínculos de López Obrador con ese cártel, lo cierto es que actualmente ocupa todos los territorios donde el partido MORENA ha ganado gubernaturas. Es el caso de Michoacán, Guerrero, Sonora, Baja California, Veracruz y recientemente Tamaulipas. Así, el cártel de Sinaloa se consolidó como grupo criminal y como el cártel del sexenio de López Obrador.

El Cártel de Sinaloa, cuya nueva etapa comenzó en el año 2000, durante el sexenio de Vicente Fox con la fuga de Joaquín Guzmán Loera –“El Chapo”, sobre quien pesa una cadena perpetua en Estados Unidos– se afianzó en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador como el grupo criminal más poderoso del país.

            Detrás de cada triunfo gubernamental de los candidatos de MORENA, de inmediato, arriba el cártel de Sinaloa para ocupar el territorio. Ha sido el caso de Sonora, Baja California, Veracruz, Guerrero, Michoacán y recientemente la Secretaría de la Defensa Nacional reconoció que las huestes de Ismael “El Mayo” Zambada –el más longevo de los capos en operación– se afincaron en Tamaulipas tras el triunfo de Américo Villarreal. Ahora Zambada está asociado con el Cártel del Golfo, en otro tiempo sus acérrimos enemigos.

            En un amplio reportaje publicado por el periodista Tim Golden, del New York Time, se afirma que el cártel de Sinaloa financió la primera campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador en 2006. En ese tiempo, dice Golden, el grupo criminal entregó dos millones de dólares a un equipo cercano al entonces candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD).

            Golden –dos veces premio Pulitzer– se basó en los testimonios que, ante la DEA, la agencia antidrogas norteamericana, rindió un testigo protegido que responde al nombre de Roberto López Nájera y que en el sistema de testigos tiene el nombre de “Jennifer”.

            Este personaje aseguró, según lo que cuenta Tim Golden, que uno de los enlaces entre López Obrador y el Cártel de Sinaloa fue el empresario marmolero Francisco León García, conocido en La Comarca Lagunera como “Pancho León”.

            Millonario, dueño de hoteles en Acapulco, “Pancho León” era amigo de Sergio Villarreal Barragán, “El Grande”, entonces miembro del Cártel de Sinaloa. Pertenecía a la célula de los hermanos Beltrán Leyva.

            López Nájera arribó un día a la embajada de Estados Unidos en México y contó una historia que convenció a los agentes de la DEA. En ese tiempo, ese personaje era abogado de Édgar Valdez Villarreal, “la Barbie”.

            Y ante los agentes de la DEA, López Nájera contó algunos pormenores respecto de cómo se hacía llegar el dinero del Cártel de Sinaloa para la campaña de López Obrador en 2006.

            Sin embargo, el famoso testigo “Jennifer” no goza de crédito, al menos en México. Fue utilizado por la extinta Procuraduría General de la República como testigo de cargo en múltiples investigaciones. Todas terminaron derrumbadas porque los testimonios de “Jennifer” no pudieron probar ninguna de las acusaciones.

            En 2008, el gobierno de Felipe Calderón realizó en la PGR la llamada Operación Limpieza. Se trataba de una limpia al interior de la institución donde funcionarios, incluidos militares, estaban presuntamente ligados al Cártel de Sinaloa y en particular a los hermanos Beltrán Leyva.

            El testigo “Jennifer” fue un instrumento de batalla: declaró en contra de Javier Herrera Valles, quien incriminó a Genaro García Luna por brindar protección al Cártel de Sinaloa cuando era secretario de Seguridad Pública: también le pasó cuchillo al exsubprocurador Noé Ramírez Mandujano, quien entonces era titular de la Siedo y, de igual forma, acusó de ligas con el narco al general Tomás Ángeles Dauahare, en ese tiempo subsecretario de la Defensa Nacional. Sin embargo, los incriminados recobraron su libertad por falta de pruebas, pues el testigo nunca pudo probar sus dichos.

            López Nájera gozó de impunidad tanto en México como en Estados Unidos, pues fungía como testigo protegido de la DEA y de la PGR. En México el testigo se volvió omnipresente. Aparecía como testigo de cargo en gran parte de los expedientes, como si él hubiera militado en todos los cárteles, decía conocer las relaciones de altos funcionarios con el narcotráfico. Pero nada de lo que declaró se sostuvo en tribunales, pues los acusados por él tuvieron que ser liberados al no demostrar sus vínculos criminales.

            Ahora Tim Golden revive un viejo expediente que data del año 2011, cuando la DEA investigó el supuesto financiamiento del Cártel de Sinaloa a la campaña de López Obrador; ese expediente fue desechado, incluso, por inconsistente, pues nunca se pudo probar que el grupo criminal pagó la campaña presidencial de López Obrador en 2006.

            En su habitual conferencia mañanera, López Obrador dijo que se trataba de una calumnia; pidió a Estados Unidos que si tiene pruebas que las exhiba o de lo contrario ofrezca una disculpa pública. Y añadió que este tipo de publicaciones siempre aparecen en etapa electoral. México y Estados Unidos actualmente atraviesan una etapa preelectoral donde surgen todo tipo de descalificaciones.

Sinaloa, el cártel consentido

El año pasado, en el transcurso de un mes y medio, el Cártel de Sinaloa sufrió dos fuertes embates: la captura de Ovidio Guzmán, “El Ratón”, y la de Aureliano Guzmán Loera, “El Guano”, hermano de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, quien encabezaba uno de los cuatro bloques que conforman a esa organización criminal que tiene dominios en más de cien países. Junto con “El Guano” fueron capturados por efectivos del Ejército Mexicano tres sicarios en un operativo conjunto con fuerzas estatales de Sinaloa al realizar recorridos aéreos en la zona serrana del municipio de Badiraguato, la tierra de los capos más emblemáticos de Sinaloa.

            Autoridades federales informaron que durante un operativo aéreo elementos militares y policías observaron camionetas estacionadas en un lugar poco enmontado y, seguido de ello, personas armadas que, al notar a las autoridades, abordaron las unidades para huir.

            Al aterrizar, los militares interceptaron a los hombres en posesión de siete armas largas –una de ellas tipo Barret calibre .50–, aditamentos lanzagranadas, un arma corta, dos granadas decenas de cargadores y municiones , casos, chalecos tácticos y una cantidad de hierba que, según las autoridades, es parecida a la mariguana.

            Tras la captura de Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo” –quien ya fue extraditado–, el Cártel de Sinaloa no sufrió ninguna merma, pues mantiene un férreo control en veinticinco estados.

            Además, continúa exportando drogas a Estados Unidos, principalmente fentanilo, y, por si fuera poco, conserva la hegemonía de ser la organización criminal más poderosa del mundo, de acuerdo con la Agencia Antidrogas Norteamericana, la DEA.

            Hasta enero pasado –y pese a la captura de Ovidio Guzmán– el cártel de Sinaloa mantenía sus cuatro bloques muy sólidos, pero la detención de Aureliano Guzmán hizo que cambiara el esquema.

            Ahora sólo quedan dos alas que se disputan el poder porque no existen buenas relaciones al interior: un frente quedó bajo la tutela de Jesús Alfredo e Iván Archivaldo Guzmán, hijos de “El Chapo y medios hermanos de Ovidio Guzmán; el otro sigue bajo el mando de Ismael “El Mayo” Zambada, el capo más longevo del narcotráfico mexicano, sobreviviente de muchas batallas a lo largo de décadas que, de acuerdo con la DEA, es el verdadero jefe del cártel de Sinaloa.

            Ambos bloques controlan más de la mitad del territorio nacional, siguen teniendo amplios controles en América Latina y otros continentes y una hegemonía muy poderosa en, al menos, cien países, de acuerdo con la DEA, pues han mantenido muy bien aceitadas sus redes internacionales.

            El cártel de Sinaloa cobró notoriedad en el año 2001, luego de que su jefe máximo de entonces –Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”– se fugó del penal de Puente Grande, en Jalisco; en esa etapa inició la expansión del grupo criminal entonces conformado por Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”; “El Mayo” Zambada”, Ignacio “Nacho” Coronel, entre otros, que construyeron la más poderosa mafia de narcotráfico de los últimos veinte tres años.

            Actualmente, el cártel se mantiene intocado en su estructura operativa y financiera, pues hasta ahora el gobierno de la Cuarta Transformación no ha podido desmantelar el patrimonio criminal de esa agrupación del crimen organizado, por lo que se mantiene boyante y bien cimentada su base económica.

            Como organización criminal, Sinaloa es el más poderoso de América Latina. Sólo rivaliza con el Cártel de Jalisco Nueva Generación, otrora su brazo armado; ambos grupos mantienen el monopolio de las drogas sintéticas en el país y se disputan el mercado del fentanilo, una de las drogas más letales y adictivas que tan sólo en el año 2021 dejó cien mil muertos en Estados Unidos por sobredosis.

            El cártel de Sinaloa se apresta a conquistar la Ciudad de México, uno de los principales mercados de alto consumo de drogas, y para ello ha incrementado su presencia a través de operadores y representantes, quienes realizan tareas de relaciones públicas, reciben cargamentos y distribuyen una alta gama de narcóticos entre los consumidores.

            Lo anterior ya fue reconocido por las autoridades capitalinas, entre otros, por Omar García Harfuch, secretario de Seguridad Ciudadana en la capital del país, quien aceptó que el Cártel de Sinaloa, encabezado por Ismael “El Mayo” Zambada ha decidido apoderarse del mercado de la Ciudad de México.

            En la capital del país operan cuatro cárteles: Unión Tepito, Cártel de Tláhuac, Grupo Anti-Unión y Cártel de Neza, todos ellos rivales; ahora, las autoridades han detectado una fuerte presencia del Cártel de Sinaloa y amplias redes de operadores que responden a los intereses de Rafael Caro Quintero, el capo que en 2013 fue liberado mediante argucias legales sin sustento.

            Durante el gobierno de Felipe Calderón, el llamado “presidente de la guerra”, el Cártel de Sinaloa mantuvo el control de la capital del país: tuvieron exclusividad en las operaciones de recepción de drogas en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), donde el verdadero jefe de la mafia era Rey Zambada García, hermano de Ismael “El Mayo” Zambada.

            En aquellos años, el Cártel de Sinaloa, entonces comandado por Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, recibían cargamentos de droga procedentes de Centroamérica y Sudamérica en aviones comerciales; la organización criminal también mantuvo un fuerte control entre el personal de las aduanas, pues muchos funcionarios eran, en realidad, operadores del crimen organizado.

            El Cártel de Sinaloa es el grupo criminal que más creció durante los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón. Por ello, la organización criminal tiene presencia en 22 de los 31 estados de la República, con centros importantes en la Ciudad de México, Tepic, Nayarit; Toluca, Estado de México; Zacatecas; Guadalajara; y gran parte del estado de Sinaloa. El cártel está involucrado en el tráfico de cocaína, droga que le surten sus socios colombianos. También ha incursionado en el trasiego de drogas sintéticas –el fentanilo y otras– que introducen a Estados Unidos.

            De acuerdo con informes de la Secretaría de Seguridad Pública Ciudadana de la capital del país, el Cártel de Sinaloa ha enviado a representantes a la ciudad de México para intentar expandir su presencia en el mercado de los narcóticos.

            La confirmación de lo anterior se efectuó tras la ejecución de varias detenciones de personajes relacionados con “El Mayo” Zambada, jefe de la organización. García Harfuch también reconoció la presencia de Sinaloa en la capital del país cuando era jefe de la policía de la Ciudad de México:

            “Se registraron dos detenciones en 2021, pero en diciembre tuvimos otras cuatro y en enero hicimos dos aseguramientos importantes de droga, donde tienen vínculos grupos criminales del norte del país.

            “En concreto sí creemos que hay una presencia y una intención de entrar al mercado de la Ciudad de México, pero tengan la seguridad de que estamos alerta para continuar deteniendo a estas personas”, dijo el funcionario, quien es hijo de Javier García Paniagua, un político jalisciense que fue titular de la extinta Dirección Federal de Seguridad en el gobierno de José López Portillo.

            –¿Desde cuándo detectaron que el Cártel de Sinaloa tiene presencia en la Ciudad de México?– se le preguntó a García Harfuch.

            “Nosotros creemos que estas organizaciones grandes siempre han tenido presencia en la Ciudad de México y constantemente, al ser organizaciones delictivas con grandes recursos, siempre van a intentar tener mayores espacios en la Ciudad de México”.

            Diversas detenciones de personajes ligados al cártel de Sinaloa permiten confirmar que ese grupo criminal ya opera abiertamente en la capital del país.

            El pasado 5 de febrero de 2022, por ejemplo, se realizó la detención de un sujeto ligado al cártel de Sinaloa en la Ciudad de México. Su nombre: Josué Ramón “M”, apodado “El Pollo”. Fue capturado por elementos de la Marina en el barrio de Tepito.

            La detención se efectuó tras la implementación de un operativo de seguridad conjunto entre la Marina y elementos de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México. También fueron cateados ocho domicilios en zonas aledañas que eran refugios de “El Pollo”.

            Durante el operativo se estableció un perímetro entre las calles Granada, Gorostiza, Tenochtitlán, Toltecas y Avenida del Trabajo, en la colonia Morelos. El resultado fue la detención de dos sujetos más y una mujer, quienes fueron acusados de almacenar y comerciar con drogas.

            El 15 de mayo de 2021, personal de la SSC capturaron a Gilberto Pérez Camacho, “El Mex”, quien fungió como enlace del cártel de Sinaloa en la Ciudad de México.

            Según la ficha criminal, “El Mex” recibía cargamentos de droga en pistas clandestinas del estado de Puebla, las cuales provenían de diferentes partes de Sudamérica y eran transportados por pilotos mexicanos y extranjeros, quienes estaban bajo las órdenes del presunto criminal.

            No es todo: El 13 de enero último, policías de la Ciudad de México arrestaron a Rodolfo Moreno y Marco Murguía mientras circulaban a bordo de un vehículo BMW blanco. Iban armados y llevaban consigo cinco paquetes de cocaína. La detención se efectuó en la avenida Presidente Masaryk, en la colonia Polanco.

            De acuerdo con el reporte de las autoridades, los detenidos –de 21 y 27 años de edad– notaron la presencia policial, por lo que aceleraron la marcha del vehículo e intentaron cambiar de dirección. Por ello les fue marcado el alto. Cuando descendieron, fueron inspeccionados y en el interior del automóvil fue hallada la droga, así como armas cortas, una de ellas, según las autoridades, estaba bañada en oro.

            Las autoridades aseguraron que los detenidos son originarios de Sinaloa y Sonora, respectivamente; el mayor de ellos, dicen los reportes, está relacionado con una célula delictiva dedicada a la distribución de drogas.

El auge de Sinaloa           

Después del proceso electoral del 6 de junio de 2021, donde el Partido de Regeneración Nacional (MORENA) lo ganó casi todo, el Cártel de Sinaloa se posicionó en territorios que anhelaba pero que no podía controlar debido a la presencia del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), su acérrimo rival en el mundo de las drogas.

            Ahora, con los triunfos de MORENA en Sinaloa, Sonora y Baja California, el cártel que comanda Ismael “El Mayo” Zambada se colocó como la primera fuerza criminal en la zona norte del país y, a través de diversas alianzas, ahora domina todo ese corredor, uno de los más importantes en el tráfico de drogas –entre ellas la cocaína, heroína, drogas sintéticas y fentanilo–, así como el tráfico humano, otro de los negocios boyantes de esa organización criminal.

            Se asegura que los operadores del Cártel de Sinaloa fueron una pieza clave para que el partido del presidente Andrés Manuel López Obrador obtuviera el triunfo en trece de las quince gubernaturas que se disputaron en junio de 2021; con ello, el grupo sinaloense más poderoso del mundo se colocó como una fuerza criminal importante. Lo curioso de todo esto es que ninguno de sus miembros son perseguidos por la justicia, a pesar de que su líder –“El Mayo” Zambada– es reclamado por la justicia estadounidense por tráfico de estupefacientes y existe una recompensa de 15 millones de dólares por su cabeza.

Con el posicionamiento logrado en los estados de Sinaloa, Sonora y Baja California –además de los municipios aledaños a estas entidades– el Cártel de Sinaloa ya cuenta con un amplio dominio territorial que lo convirtió en un cártel más que boyante en el mercado de las drogas.

Y es que su dominio territorial le permite diversas facilidades para traficar drogas hacia Estados Unidos. Una ciudad clave para este propósito es Tijuana, donde el cártel del mismo nombre encabezado por los Arellano Félix han establecido alianzas con los sinaloenses, algo que habría sido impensable en la época de Benjamín y Ramón Arellano, fundadores del legendario y violento Cártel de Tijuana, uno de los primeros que logró alianzas internacionales: se asoció con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), un movimiento guerrillero que se ligó al tráfico de drogas en la década de los ochenta y noventa.

El Cártel de Sinaloa lo ha tocado absolutamente todo desde que fue reactivado, en el año 2001, tras la fuga de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, quien se evadió del penal de Puente Grande dieciséis días después de que el entonces presidente Vicente Fox tomó posesión como presidente de la República.

            Ese grupo criminal fue, en estricto sentido, un proyecto de la derecha: se rearticuló con Fox y se consolidó con Felipe Calderón –el llamado “presidente de la Guerra”– en cuyo gobierno esa organización criminal tuvo la capacidad para tener a su disposición una Secretaría de Estado: la Secretaría de Seguridad Pública que encabezó en ese sexenio Genaro García Luna, actualmente preso en Estados Unidos por brindar protección a esa organización criminal.

            Con Enrique Peña Nieto, los líderes de ese cártel –Juan José Esparragoza Moreno, El Azul”; Ismael “El Mayo” Zambada; y Joaquín “El Chapo” Guzmán nunca fueron perseguidos puntualmente, todo lo contrario, se les brindó cobijo oficial. Debido a la presión internacional que ejerció el gobierno de Estados Unidos, en el segundo tramo de ese periodo gubernamental el entonces poderoso líder de ese clan empezó a ser buscado. Fue en 2014 cuando dieron con su paradero y lo encarcelaron en el penal de La Palma, de donde otra vez se fugó con apoyo gubernamental. Se dijo que mandó a cavar un túnel y por ahí se escapó. La realidad es que le abrieron la puerta.

            Esparragoza Moreno, “El Azul”, optó por autodesaparecerse: lo dieron por muerto, según la versión de su familia, falleció después de sufrir un accidente automovilístico. Pero hasta la fecha ninguna autoridad extranjera ni mexicana ha confirmado que el capo esté muerto. Un dato que nos aproxima a considerar que esté vivo es que en el actual gobierno se consolida el proyecto que él siempre anhelaba: construir una Federación de organizaciones criminales que controle el negocio del tráfico de drogas en el país, que se pongan de acuerdo en el manejo de los negocios y territorios y que no generen violencia. Todo indica que el gobierno de la Cuarta Transformación consideró viable ese proyecto. Por ello, les concedió los territorios al crimen a cambio de que MORENA obtuviera triunfos arrolladores, como ocurrió en la elección del pasado 6 de junio.

            Así, el proyecto criminal y político se consolida.

            Todo esto viene a cuento precisamente porque el cártel de Sinaloa ha negociado con todos los gobiernos. Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, ese grupo criminal lavó dinero a través de diversas empresas que son investigadas en Andorra, España, junto con el abogado Juan Collado Mocelo, defensor de los expresidentes Carlos Salinas de Gortari y Enrique Peña Nieto, respectivamente.

            De acuerdo con las investigaciones realizadas por las autoridades de Andorra, el abogado postulante –quien está preso desde julio de 2019– cobró en ese paraíso fiscal 45.9 millones de dólares de una red empresarial usada por el Cártel de Sinaloa para blanquear fondos, según una denuncia periodística del diario “El País”.

            En total son catorce empresas con cuentas en la banca privada de Andorra a las que recurrió para lavar su dinero la organización de “El Chapo” Guzmán. Según el periódico español, entre 2009 y 2013, movieron sumas multimillonarias a esa institución financiera, cuyo objetivo fue lavar los fondos.

            Dice “El País” que las sociedades supuestamente eran instrumentos, no tenían actividad real y fueron empleados también por otros grupos y organizaciones para el blanqueo de capitales.

            Para indagar quién o quiénes se esconden tras el patrimonio de Collado –presuntamente los expresidentes Salinas y Peña, entre otros políticos acaudalados–, las autoridades de Andorra solicitaron en mayo de 2017 a los investigadores identificar a los ciudadanos mexicanos que enviaran dinero al letrado, por ser su eslabón imprescindible a fin de determinar el origen de los fondos.

            También se pidió entonces información sobre 23 cuentas en la BPA –entre otras unas 14 que fueron usadas por el cártel de Sinaloa– para averiguar la identidad de sus auténticos representantes.

            En todo este enjuague está implicado el abogado Collado Mocelo, quien sigue preso en una prisión de la Ciudad de México acusado de delincuencia organizada y lavado de dinero.

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