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¡SOCIOS DE LA COCAÍNA!

*La alianza entre mexicanos y colombianos en el negocio del narcotráfico no es reciente, y la presencia de los primeros en Colombia es cada vez más ostensible

*Hombres principalmente de los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación se han asentado en el país sudamericano para ejercer el control directo de la producción y envío de la droga

*La unión entre colombianos y mexicanos se fortaleció cuando Colombia empezó a exportar cocaína, una vez terminó la bonanza de la marihuana

Diana López Zuleta/Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

(Primera de tres partes)

Ciudad de México.- La alianza entre mexicanos y colombianos en el negocio del narcotráfico no es reciente, y la presencia de los primeros en Colombia es cada vez más ostensible. Hombres principalmente de los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación se han asentado en el país para ejercer el control directo de la producción y envío de la droga. Colombia y México son los amos del mundo en el tráfico de cocaína.

A comienzos de los años 80 Estados Unidos comenzó a usar el término cártel para referirse a todos los narcotraficantes colombianos. Hablaban del Cártel de Medellín, liderado por Pablo Escobar y por los tres hermanos Ochoa Vásquez y José Gonzalo Rodríguez Gacha, alias “El Mexicano”.

Por las rencillas clásicas que se producen en las organizaciones delictivas, el Cártel de Medellín se dividió y surgió el famoso Cártel de Cali. Cada uno formó ejércitos propios de sicarios. Luego, con la muerte de Pablo Escobar, del “Mexicano” y otros jefes, se produjo la aniquilación del Cártel de Medellín. Durante el gobierno de Álvaro Uribe, los hermanos Rodríguez Orejuela, jefes del Cártel de Cali, fueron apresados y extraditados a Estados Unidos. La desintegración de los dos grandes cárteles ocasionó que aparecieran numerosos y pequeños cárteles, e incluso que la guerrilla formara parte del negocio de la producción, el transporte y la venta de la cocaína. Hoy es virtualmente imposible saber cuántos cárteles colombianos existen, entre otras cosas, porque hacen parte del negocio policías, militares y políticos.

La relación entre mexicanos y colombianos se remonta a los años 70, cuando se dio el “boom” de la marihuana y los cárteles de la droga colombianos eran mucho más poderosos que los mexicanos. “La marihuana que salía de la sierra vía Estados Unidos muchas veces pasaba por las rutas mexicanas, y en ese momento había una relación densa, dado que los mexicanos también abastecían al mercado norteamericano de marihuana; era una relación competitiva en unos términos y cooperativa en otros”, explica el general Óscar Naranjo, exdirector de la Policía colombiana.

La unión entre colombianos y mexicanos se fortaleció cuando Colombia empezó a exportar cocaína, una vez terminó la bonanza de la marihuana. “Ahí comienza una relación que uno podría llamar como de «no agresión», competían, pero, al mismo tiempo, los mexicanos reconocían la oportunidad que significaba que los grandes capos colombianos se convirtieran en proveedores a gran escala de las organizaciones mexicanas, y ahí surge una relación funcional y estratégica”, continúa el general Naranjo.

Hasta ese momento era una relación monolítica, pero cuando comenzaron a caer los grandes capos de los cárteles colombianos, especialmente los del Norte del Valle, se dio una fragmentación de los grupos criminales y, poco a poco, las alianzas entre mexicanos y colombianos se fueron invirtiendo. “Empieza un empoderamiento de las organizaciones mexicanas y comienzan a aparecer como socias mayoritarias de la producción de cocaína; de ahí se da una división funcional de la operación mafiosa: cultivadores y procesadores en laboratorios a gran escala colombianos, pero supervisados por mexicanos para asegurar el envío y abastecimiento de la droga”, sostiene el general Naranjo, expresidente de Colombia entre 2017 y 2018.