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TAMAULIPAS: LOS ZETAS TOMARON EL CONTROL

*Se afincaron durante el gobierno de los hermanos Humberto y Rubén Moreira, quienes se habrían ligado al narcotráfico y, en particular, a ese Cártel y convirtieron el estado en un bastión para la ejecución de todo tipo de delitos 

Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

(Tercera y última parte) 

Tamaulipas.- En Coahuila, Los Zetas se afincaron durante el gobierno de los hermanos Humberto y Rubén Moreira, quienes se habrían ligado al narcotráfico y, en particular, a ese Cártel y convirtieron el estado en un bastión para la ejecución de todo tipo de delitos, desde narcotráfico, secuestros y extorsiones hasta tráfico de personas y lavado de dinero, por citar solo algunos de los más socorridos. 

En esa época, Los Zetas era encabezado por Heriberto Lazcano Lazcano, conocido como El Z-1 y/o El Lazca, un militar que causó la deserción de varias decenas de soldados de élite que se pasaron al Cártel del Golfo. 

Antes de que Lazcano fuera presuntamente asesinado –eso sostiene la versión oficial– el cártel de Los Zetas se dividió y una ala importante la encabezó Miguel Ángel Treviño Morales, El Z-40, quien junto con su hermano –Omar– logró expandirse hacia el Valle de Texas, donde echaron a andar un jugoso negocio de lavado de dinero basado en la compra de caballos de carreras. 

En este negocio se involucró un empresario veracruzano, Francisco Pancho Colorado, contratista de Petróleos Mexicanos y amante de los caballos y de las carreras. Solía apostar con capos como Ismael “Mayo” Zambada o Lazcano hasta un millón de dólares por una justa. Colorado también fue importante financiero de campañas de candidatos priístas y panistas en Veracruz y no escatimaba recurso alguno con tal de mantenerse envuelto en la impunidad. 

Cuando se vio cercado por la justicia estadounidense, se entregó a las autoridades. Lo acusaron de lavado de dinero. Murió en una cárcel de Texas, según la versión oficial, de un infarto al miocardio. 

Pese a estas bajas, Los Zetas continuaron en jauja: El Z-40 –Miguel Ángel Treviño Morales– fue detenido en Nuevo León en 2012, posteriormente Omar –su hermano– también fue capturado cuando las autoridades norteamericanas detectaron la amplia red de lavado de dinero y procedieron a su desmantelamiento. 

Después, durante un enfrentamiento entre marinos y narcotraficantes, presuntamente fue abatido Heriberto Lazcano, El Lazca, cuyo cuerpo cayó perforado por las balas en la zona carbonífera de Sabinas, Coahuila. 

Cuando velaban a El Lazca, un comando armado se robó el cuerpo y la Marina logró rescatarlo. Surgieron dudas respecto de la identidad de Lazcano. No había parecido entre el jefe de Los Zetas y el cuerpo sin vida. 

El gobierno de Felipe Calderón entonces ofreció acreditar la identidad con exámenes de ADN que se practicarían a familiares del jefe de Los Zetas, pero los resultados nunca fueron dados a conocer. Todo quedó envuelto en un misterio absoluto. ¿Realmente murió Heriberto Lazcano? Nadie lo sabe. Es probable que su muerte forme parte de los secretos del Ejército Mexicano que nunca se conocerán, tal y como ocurrió con Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”. 

Tras estos hechos, que terminaron con el liderazgo hegemónico de Los Zetas, surgió en Tamaulipas el Cártel del Noreste, temible y sañoso como lo fue el llamado brazo armado del Cártel del Golfo. Lo encabeza Juan Gerardo Treviño Chávez, sobrino de Miguel y Omar Treviño Morales. 

Se trata de un narcotraficante sanguinario que no tiene límites en matar con saña. Sigue la vieja escuela de sus tíos y practica la decapitación y el descuartizamiento de sus víctimas, modalidades de muerte que pusieron de moda tanto Los Zetas como los Kaibiles, sus aliados, surgidos del ejército de Guatemala. 

El Cártel del Noreste es el tercer grupo criminal más sanguinario, después de Los Zetas y del Cártel de Jalisco Nueva Generación, que encabeza Nemesio Oseguera Cervantes, cuyo asiento está en la zona del occidente de la República mexicana. 

El Cártel del Noreste no está en la lista de grupos terroristas que planteó el ex presidente Donald Trump para que el Congreso los clasifique como tales y, de esa forma, poder combatirlos con todos los recursos internacionales. 

El gobierno de México, hasta ahora, se niega a clasificar a los cárteles mexicanos como grupos terroristas, pues el presidente Andrés Manuel López Obrador dice que no quiere que organismos internacionales armados desaten la violencia en el territorio nacional y se lleve a cabo un baño de sangre, aunque esto ocurra todos los días con las masacres que se efectúan en todo el país. 

El mandatario prefiere seguir con su política de abrazos y no balazos, mientras en el país sigue escurriendo sangre humana por todas partes. El canciller mexicano Marcelo Ebrard dijo que si los cárteles mexicanos con declarados grupos terroristas se pondrían en riesgo la relación con Estados Unidos. No hay fundamento en esta percepción, pues todo lo que coadyuve en la paz del país debe ser considerado como positivo, ya que es evidente que el gobierno de la Cuarta Transformación no puede con la violencia del crimen organizado y/o terrorismo de los cárteles.

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